El corazón revolucionario del mundo, de Francisco Serrano

  


 

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"Todo es provisional excepto el peligro. Me llamo Judith Lavernhe y no temo a la noche."


Me acuerdo que contaba yo en la crónica de la novela con la que descubrí a Francisco Serrano, En la costa desaparecida, allá por el año 2020, que lo que más me había entusiasmado en su momento era el estilo entre atmosférico e hipnótico de una novela que a priori parecía ser del oeste, pero era una mezcla de muchos géneros. Con esta segunda novela se ha vuelto a producir ese placer de la anticipación que tienen ciertas lecturas, y que reconoces enseguida, porque en cuanto las empiezas, no solo sabes que te están esperando a medida que transcurre el día, sino que realmente no quieres que se acaben, así que aunque sean novelas cortas, las dosificas al máximo. Con El corazón revolucionario del mundo se ha vuelto a producir la misma sensación. Mientras leía la novela anterior de Takako Takahashi y tal como contaba en su crónica, la estuve compaginando con El corazón revolucionario del mundo, y llegado un punto la Hisao de Takahashi y la Valeria de Serrano llegaban a mimetizarse en algún punto porque ambas protagonistas femeninas (el milagro lector, o la subjetividad de uno mismo) coincidían en un punto esencial: cuando el dolor de vivir se hace insoportable o cuando la carga emocional que exige el vivir es dolorosa, hay una especie de disociación que experimentan tanto Hisao, como en este caso Valeria. Ambas se desdoban, se disocian de sí mismas para protegerse y ponen distancia para verse desde una lejanía que les resulte menos dolorosa.


"Ella retrocedió otro paso, muy quieta en el vacío intergaláctico, entre gigantescas nubes de hidrógeno estelar encendidas por la explosión de una supernova."


En el caso de Valeria, ella se desdobla de sí misma convertida en una cosmonauta gracias a un librito que está leyendo sobre la primera cosmonauta femenina de la historia, la rusa Valentina Tereshkova. Es un personaje femenino fascinante el que ha creado aquí Francisco Serrano, porque construye en Valeria a una mujer que aunque a sus veinte años a priori parece tener claro lo que quiere en la vida y ser leal a un camino elegido, pronto percibiremos que no las tiene todas consigo. Serrano construye una novela de espías y/o terroristas en la que mezcla reflexión histórica, búsqueda de identidad y el cuestionamiento de lo que puede ser realmente el ideal revolucionario, ya que sitúa su novela en los años 70, una época muy reconocible, icónicamente hablando, en la que el terrorismo internacionalista estaba a la orden del día. Jóvenes que querían cambiar el mundo y en este entorno sitúa a una Valeria jovencísima convertida en amante y pupila de Joel, un carismático y envolvente terrorista que se convierte en su guía. Contó cinco rápidos latidos, fuertes como puñetazos." Cuando la novela comienza, Valeria vive prácticamente enclaustrada en un piso franco en Londres, un Londres que para ella no existe y que le parece una lugar irreal ya que prácticamente no lo ha pisado. Valeria acompañaráa Joel a Francia a una misión y aquí es donde la novela se despliega y comienza quizás, la crisis de identidad de Valeria. Y fisicamente hablando es interesante como Serrano convierte Londres, un lugar que existe, en un lugar irreal, y sin embargo, el lugar de Francia donde se instalan, aunque sea un lugar ficticio, es pura fisicidad terrenal, dicotomías que nos llegan siempre desde las perspectiva de una Valeria observando un mundo que se abre ante ella.


Me llamo Judith Lavernhe y no temo a la soledad, se decía a media voz, me llamo Judith Lavernhe y no temo al dolor. Pero lo cierto es que estoy aterrorizada."


Valeria se convertirá en Judith Lavernhe, pero realmente ella se verá a sí misma como la cosmonauta que observa desde la estratosfera porque estar demasiado dentro de este núcleo terrorista va destruyendo su percepción de la realidad. Francisco Serrano y ese estilo tan evolvente en el que sin sobreexplicar irá narrandonos el día a día de Valeria, son una delicia. Nos daremos cuenta que dentro de de este núcleo revolucionando existen jerarquías en las que la mujer realmente parece eternizar el papel patriarcal del reposo del guerrero. "Pero solo existimos nosotros, intentando ordenar lo inordenable, y detrás del caos solo hay tinieblas." Las decisiones y los dilemas morales, provocarán en Valeria una tensión interior de la que le será imposible escapar físicamente, aunque sí mentalmente. La revolución no parece ser un hecho físico o encuadrado en una fecha sino más bien una condición intrínseca del ser humano y quizás lo más fascinante de esta novela sea precisamente no solo la reflexión que hace Serrano sobre la ceguera idealista que acaba deshumanizando los ideales que promulgaban sino la forma en que narrará como Valeria vivirá la revolución desde lo más íntimo.


"Ella, sobre todo de madrugada, sospechaba estar habitando una fantasía, una quimera."


A medida que la novela avanza, siempre hipnóticamente por ese estilo poético de Serrano, Valeria se vuelve cada vez más consciente de sí misma y más consciente de la acción individual. Ya en “En la costa desaparecida” había una querencia de Serrano por los outsiders, los forajidos,  y en El Corazon revolucionario del mundo, vuelve a producirse este hecho, en el que el mito que envuelve de un halo romántico a estos huidos de la ley, se desdobla y los convierte en pura realidad; y aquí el talento de Serrano, porque serán personajes de carne y hueso, en los que escarbará en su psicología ya que tanto Valeria, como Joel o el mismo Carlos Reseda, serán personajes muy bien perfilados, que con apenas pocos trazos, en frases elípticas, sin embargo los ha imbuido de realidad, alejándolos de lo que podría ser el mito romántico. Es cierto que aunque sitúa la novela en un momento determinado, muy reconocible de los años 70 con todas esas bandas terroristas pululando por Europa, por otra parte, no se adhiere demasiado a esta información históricamente hablando: sugiere y presenta una época, pero será sobre todo una novela en la que la ficción será esencial para construir su propio mundo alejado del documento histórico. En definitiva, una vez más la literatura de Francisco Serrano me encandila y la verdad es que no me ha pillado por sorpresa si tenemos En la costa desaparecida en mente. Una mezcla de géneros refrescante y única la de Francisco Serrano, un  estilo poético, elíptico y envolvente, un placer para la mente. 


“Hablas como si estuvieras dormida, dijo Enrico, ¿estás despierta, muchacha?
A veces todo parece un sueño, se escuchó decir Valeria.”

 

 

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