El Atlas, de William T. Vollmann

 

⭐⭐⭐⭐

 "Abrió el libro y la invitó a entrar. Con ternura, le alzó la cabeza y le colocó el libro debajo. Un rocío de lentejuelas de sangre impactó en las páginas, convirtiéndose en palabras de nuevo cuño. La sangre se expandió rápidamente. Su pelo arraigó entre las palabras como hierba, subrayándolas y embelleciéndolas con florituras aromáticas. Sus ojos y dientes se convirtieron en signos de puntuación...".

Realmente no sé si me siento muy capaz de reseñar a Vollmann, ni siquiera de enrollarme un poquito así que comentaré por encima mis impresiones sin profundizar porque estoy convencida de que la única forma de profundizar de verdad en sus textos, es leyéndole y dejando que fluya. Vollman es un autor que me agarró y me sacó casi sin esperarlo de mi zona de confort con la primera novela que leí suya, La Familia Real, y me lanzó a una  nueva experiencia como lectora. A partir de Vollmann veo las cosas diferente cuando me tengo que enfrentar a ciertos textos : es complejo y sencillo al mismo tiempo, es totalmente sórdido en algunos pasajes y cuando menos te lo esperas, después de toda esa sordidez, te puedes encontrar un párrafo que puede estar en la cima de la narrativa: poesía pura y dura. En La Familia Real me emocionó esa sensación del protagonista de estar continuamente buscando algo que quizá nunca había tenido, desamparado por una sensación de pérdida que nunca podía terminar de cerrar. Y aquí he vuelto a encontrarme con un autor perdido, desamparado con momentos en que la piel se te eriza, brutal en su sensibilidad, momentos a flor de piel donde se expone totalmente, y aunque también es verdad que Vollmann viene de vuelta de todo, si que es cierto que hay párrafos en los que sabes que es tan vulnerable como cualquiera.

"Qué fuerte era, qué capaz en este mundo de dolor. La policía había abatido a tiros a su padre; sus dos madres, no podían ayudarla, alquilaba su cuerpo para vivir y vivía. Alimentaba a su bebé y a su hermana. Nada podía con ella salvo la muerte. Era pura y se llamaba Rose."

Es complicado definir qué es El Atlas: una novela formada de pequeños relatos, una autobiografia obsesiva de los lugares y personas que conoció, un ensayo sobre la condición humana en sus horas más bajas, o quizá es el diario de alguien donde simplemente y llanamente se desnuda hasta donde puede, y ya digo, que cruza muchos límites...¿buscando qué exactamente?? no sé, lo cierto es que he visto aquí de nuevo al Henry Tyler de La Familia Real, puede que Vollmann se exponga en todos sus textos. El segmento formado por los cuatro microrelatos, Bajo La Hierba, me ha cautivado completamente. La hermana de Vollmann murió muy pequeña ahogada en la piscina, y supuestamente él tenía que haberla estado vigilando. Para comprender un poco más a Vollmann hay que remitirse a esta pérdida: En Bajo La Hierba exorciza de alguna forma su dolor y su sentimiento de pérdida. Una belleza.

"Mis letras de sangre te han desenterrado, pero ojalá fueras aún mi hermana, bailando sobre la hierba."

(...)

"Y ella nunca me contesta. Salvo que a veces, cuando sopla el viento, oigo algo que casi parecen palabras."

Vollmann explica en un prólogo compilatorio que las historias están organizadas en una especie de palíndromo, osea que de las 55 historias, la primera está relacionada con la última, la segunda con la penúltima, y así hasta llegar al centro, un relato titulado El Atlas, donde se compilan todas las historias, en una mezcla fantasmagórica y realista al mismo tiempo, donde Vollmann expone su mente y sus obsesiones, un relato excesivo y surrealista en muchos pasajes y en otros totalmente emotivo.

No puedeo añadir mucho más solo que he disfrutado leyendo estas historias poco a poco, casi a paso de tortuga pero la anticipación de saber que estaban ahí esperándome ha sido uno de los placeres del día a día cuando las retomaba. Vollmann es un autor que si conectas se puede convertir en un lujo. Uno de los grandes. (La traducción es de José Luis Amores)

"Cuando salí era de noche y vi un canal de de crecientes aguas grises aseteado de gotas de lluvia. Vi chicas con uniformes amarillos apuradas por llegar a su trabajo en salones de masaje, y a un anciano empapado vendiendo periódicos en bolsas de plástico entre coches detenidos (ocho en fondo bajo la lluvia, atravesados por motocicletas lanzadas). Y pensé: da igual quién eres o qué haces, la vida es una guerra." 

 

 

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