Aberración estelar, de Gilbert Sorrentino

  

 




 ♫♫♫  A Tout Le Monde - Megadeth  ♫♫♫


“Se halla incómodamente aquejado de una extraña soledad a causa de la reciente muerte de su mujer, pese a que sabe que está mejor sin ella y sin la claustrofóbica opresión a la que lo sometía. El ánimo que aun conserva está cruelmente mutilado; el resto se pudre bajo tierra en el Holly Cross junto a Bridget. En cierto sentido él no es más que una silueta blanca, solo eso, perfectamente bidimensional.”


Hay algo casi escandaloso en la relativa invisibilidad de Gilbert Sorrentino. Cada vez que veo listados de narrativa posmoderna norteamericana aparecen los nombres de siempre —los que ya forman parte del canon académico, los que circulan en reediciones constantes, los que se citan como referencia obligatoria— y, sin embargo, creo que no me había encontrado a Sorrentino en el camino porque no recuerdo haberlo visto por ahí, y de no haber sido porque aparece en el catálogo de Underwood Editorial, es difícil que hubiera llegado a él por mi misma. Y la verdad es que esta Aberración Estelar aunque navegue dentro de las preocupaciones centrales del posmodernismo, la fragmentación, esa inestabilidad continua del yo y los narradores que van a su bola y resultan totalmente no confiables, ha resultado un texto totalmente accesible, muy irónico y juguetón. Tal vez el problema de esta invisibilidad haya estado en que no es un autor fácilmente encasillable porque si tengo que poner como ejemplo esta novela, no es un texto que pueda resumirse en una anécdota potente aquí no se trata tanto de la acción ni de que sus personajes estén resolviendo algo, sino más bien de cómo se sienten estos personajes o de cómo perciban el momento que están narrando. 

 

"A veces hago, como si, verás, como que eres más o menos mi padre. A veces como que deseo que seas mi padre. Más o menos mi padre."


Publicada en 1980, la novela transcurre en apenas unas 36 horas del verano de 1939, en una pensión rural de Nueva Jersey. En apariencia, todo gira en torno a un pequeño drama doméstico: Billy Recco, un niño que observa más de lo que entiende; su madre Marie recién divorciada que necesita ser validada fuera de las cuatro paredes; el fugaz Tom Thebus, viajante que se fija en Marie; y el abuelo John McGrath, un pater familias aparentemente controlador y católico.  Tensiones familiares, deseos, ilusiones, expectativas, frustraciones, aspiraciones truncadas que se cuentan en esta linea temporal de  36 horas en estas cuatro secciones. Sorrentino demuestra ser juguetón desde el momento en que comienza la novela con Billy el niño de diez años encandilado por la aparición de Tom Thebus al que idealiza por esa carencia de figura paterna en su vida. Y digo que Sorrentino se muestra juguetón porque en esta perspectiva de Billy la novela parece que va hacia un derrotero controlado por al lector y sin embargo, es todo lo contrario. Una vez que entran en juego el resto de las tres perspectivas, el lector va perdiendo pie hasta que vuelve a situarse cuando le pilla el punto a Sorrentino. Cada versión que ofrecen de la historia desplaza a la sección anterior lo que obliga al lector a resituarse: la memoria no es fiable,  y el “yo” que recuerda cambia según cómo narra. Aquí lo importante no es lo que pasa, sino cómo pasa.

 

"De haber sospechado siquiera que existían hombres tan refinados en el mundo cuando acepté tu petición jamás habría aceptado tu petición. Yo apenas era una colegiala y tú un zutano ignorante que trabajaba en los muelles cubierto de grasa de la cabeza a los pies. Debía estar loca. Probablemente lo estaba.

Con lástima por ti,
Marie (el tiempo cura todas las heridas)"



Realmente Gilbert Sorrentino está ya sentando las bases de lo que pretende mostrar a través del título que alude al fenómeno astronómico de la aberración de la luz estelar: ese desplazamiento aparente de una estrella según el movimiento del observador. Sorrentino convierte esa idea en la metáfora central de la novela. Y del mismo modo que Sorrentino usa esta metáfora para validar el hecho de que no hay una única verdad sino que depende de cómo estén situados sus personajes (mirando una estrella a medida que están en movimiento), durante la lectura sientes como la misma historia se mueve, continuamente cambiante dependiendo de la perspectiva del narrador. La realidad no aparece como algo estable, sino como algo siempre deformado por la conciencia de quien la mira. Los hechos son bastante esenciales: la llegada del viajante Tom Thebus y lo que esto despierta en Billy, su madre y su abuelo, no hay mucho más y sin embargo, Sorrentino consigue crear una constelación de perspectivas, anhelos, decepciones, ilusiones… Cada personaje ve los mismos hechos, pero filtrados por sus deseos, miedos, resentimientos, mecanismos de defensa y sobre todo de sus propios intereses. No hay una versión definitiva. No hay una verdad final.


"Una sonrisa fácil. Una actitud firme y resuelta pero educada con las mujeres, una camaradería conspirativa con los hombres. Un look que revelaba ocio interminable y el ingenio para disfrutarlo. Un aura curiosamente semiescondida que mucha gente (sobre todo las mujeres) asumía que era de tristeza y la consiguiente fascinación que dicha aura ejercía."


Cuatro secciones, cuatro perspectivas, cuatro dispositivos narrativos distintos: diálogos, preguntas y respuestas, cartas, monólogos interiores, flujos de conciencia. La misma historia reaparece con variaciones mínimas. Yo leía una escena convencida de haber entendido qué había pasado, quién había sido cruel, quién había sido víctima, quién era un controlador pero al entrar en la sección siguiente advertía que esas atribuciones eran parciales, interesadas o simplemente erradas. Al fragmentar el relato en cuatro voces, Sorrentino evita un narrador omnisciente que imponga una interpretación. Esto fuerza al lector a evaluar, comparar y dudar de cada perspectiva, haciendo de la lectura un acto activo de interpretación. La verdad como totalidad no existe. Lo que recordamos está teñido por emociones y necesidades y lo que parecía importante entonces puede verse distinto después: nada puede considerarse seguro. Realmente me ha impresionado mucho cómo aborda Sorrentino esta estructura fragmentaria que para nada es densa ni impenetrable, sino justo lo contrario, construye unos personajes de carne y hueso que va dotando de identidad a medida que van narrando “su historia”: su lucidez a la hora de detenerse en momentos clave en las relaciones familiares, momentos que cualquiera de nosotros podría reconocer como propios, vienen cargados de fínísima ironía y de humor soterrado como si viniera a decirnos que cada conciencia percibe su realidad de modo distinto y que la verdad es una ilusión. Y que conste en acta que me parece un sacrilegio que no tengamos el resto de sus novelas traducidas, aunque y gracias a Underwood, por lo menos he llegado a esta maravilla. Un descubrimiento total.

La traducción es de Ce Santiago.


"Según se acercaba a las escaleras deslizó los dedos por el aparador y tocó algo. Se detuvo y vio que era como de piel, parecido a una cartera, luego se dio cuenta de que era la petaca para el tabaco de Tom. La cogió y abrió la cremallera, sí, el intenso olor del tabaco de Tom lo envolvió."

 

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