Armand, de Emmanuel Bove

   


 ♫♫♫  Instant crush - Daft Punk   ♫♫♫

 

 

Cayó del cielo una gota. Luego siguieron otras. Iba a llover.

Me entretuve imaginando que aquellas gotas eran balas de fusil y que haciendo eses habría podido evitarlas. Una me atravesó el sombrero, y otra el pie.”


Vuelvo a acercarme a Emmanuel Bove huyendo, quizás, del riesgo de emprender una lectura que me dejará fría. Con Emmanuel Bove ya sé que no existe ese peligro así que por una vez he necesitado adentrarme en terreno seguro. Normalmente Bove no cuenta en sus historias grandes eventos ni giros dramáticos, sino que a través de sus personajes, normalmente hombres ordinarios, descompone la vida cotidiana en un intento por mostrar lo que mueve a la condición humana. Ya llevo unas cuantas crónicas de novelas de Emmanuel Bove, y en todas siempre he destacado lo mismo: que la verdadera acción está en la psicología de sus personajes, que el revulsivo de una vida se encuentra normalmente en lo pequeño de la vida cotidiana, en los pequeños gestos, en una decisión tomada. En Bove el tema central siempre será la soledad y el aislamiento de sus personajes aunque se encuentren rodeados de gente. Armand fue publicada por primera vez en 1926 y sería el segundo libro de Bove y esta atmósfera del periodo de entreguerras siempre está muy presente: sus personajes masculinos son una clara consecuencia de los miedos y la fragilidad de una gran guerra que no solo puede haberlos dejados agotados físicamente sino devastados emocionalmente. Esta experiencia de guerra, sobre todo en Armand, aunque en ningún momento se hable de ella en la novela, está muy presente por cómo es Armand, y por cómo enfrenta a la vida. Realmente ni siquiera estoy segura de que personajes como Armand sean conscientes de como han acabado sobreviviendo a esta experiencia pero sí son conscientes de que necesitan seguridad, amistad y una posición social que los dote de entidad y sobre todo de identidad. En todas sus novelas buscan desesperadamente esto y esta misma desesperación los hará estar permanentemente alejados del objetivo.


Mi situación desahogada era para él un accidente. No iba a durar. Aunque yo me obligaba a pensar a diario que estaba destinado a la vida que llevaba, que lo que había sido un accidente era la otra vida.”


En esta segunda novela de Emmanuel Bove seguimos a un personaje llamado Armand que vive en Paris con Jeanne, una mujer mucho mayor que él que lo mantiene y con quien ha encontrado seguridad y una cierta estabilidad en tiempos muy volátiles. La novela se centra sobre todo en su encuentro con Lucien, en el pasado un íntimo amigo suyo que la guerra separó. Este encuentro desencadena unas tensiones en el hasta ahora seguro mundo de Armand, aunque no son tensiones drámaticas que lleven a grandes giros porque realmente este encuentro con Lucien ha despertado en Armand la memoria del pasado de pobreza antes de la guerra. En un mundo en el que las clases sociales y las jerarquías se han revelado fugaces y cambiantes, y la guerra ha decidido quién ha sobrevivido, Armand aparentemente ha salido adelante y se ha construido un mundo seguro. Su encuentro con Lucien, que sigue siendo más pobre que las ratas y que malvive, le hace ser consciente de que este mundo que se ha construido no es del todo seguro y que es totalmente provisional.


Esa misma noche pretexté para salir después de cenar una necesidad de aislamiento que Jeanne respetaba sin entenderla, al que tiempo que se persuadía a sí misma, con esa idea en segundo plano, que se le ocurría para todo, de que había que saber sacrificarse en los tiempos presentes para ser dichoso en el futuro y de que una mujer no debía oponerse nunca a los deseos de un hombre si tenia empeño en que le durase.”


Emmanuel Bove no edulcora, y es quizás uno de los escritores más realistas con los que me he encontrado. La mente de Armand tampoco se autoengaña, sabe muy bien que el amor no existe o que directamente está sobrevalorado en su mundo de inestabilidades y en todo momento es consciente de que Jeanne aunque es su mundo seguro, puede ser perfectamente provisional porque el hecho de que ella sea la fundadora de algo que ansiaba, rutina, sustento y sensación de confort, su vida sigue salpicada de una especie de insatisfacción o hastío existencial. Esta  rutina se viene un poco abajo cuando por casualidad conoce a Marguerite, la hermana de Lucien que le da a Armand una falsa sensación de validación. Su vida junto a Jeanne es lo que es, el repentino encuentro con una chica de su edad, confirma esa sensación de validación, también totalmente ilusoria. Y sin embargo, Bove sigue siendo perfectamente realista y el mismo Armand, tampoco se autoengaña a la hora de contemplar a Marguerite: Tenía buen cuidado en no resistirse a mí porque, en su pensamiento, era ese hombre a quien debía amar y que no se presentaba más que una vez. Creía en la ocasión. Siempre tenía miedo de no tener buen criterio. La excepción le hacía las veces de piedra de toque. Por eso, por lo excepcional que era mi presencia en su cuarto, tuvo la seguridad de que yo era esa ocasión que tanto tiempo llevaba esperando.” Armand es incapaz de sentir ninguna emoción, y ya anteriormente me había encontrado con estos personajes bovianos, frágiles, dependientes y patéticos, que buscan en los demás algo que ellos son incapaces de dar. En este sentido, Armand es otra de estas novelas a las que nos tiene acostumbrados Bove, muy sutil en su penetración de la psicología humana, en la que la banalidad de una existencia se convierte en un ejercicio de cómo la literatura es capaz de ahondar en la condición humana.


"- ¡Tú sí que eres feliz!
Aquel hombre no había sido nunca feliz. Llevaba años viviendo solo, intranquilo, preocupado por su salud endeble, despreciado por quienes lo conocían de vista. Me entró el remordimiento de haber carecido de indulgencia relacionado con él.
"


Tenía delante una calle recta que iba cuesta arriba. Eché a andar por la calle en cuesta." La sociedad que Bove dibuja es silenciosa, opresiva y cotidiana. París no es grandiosa ni heroica, ni glamurosa; está hecha de precariedad, jerarquías tácitas, soledad y dependencia. La calle, en particular, cumple un papel esencial en las novelas de Bove  en la que sus personajes pasean continuamente en un intento por encontrar un norte que no existe: es el espacio donde la fragilidad de los personajes se hace visible.“No soy feliz. Lucien… no soy feliz. No sabes, Lucien, cuánto me gustaría a veces ser libre, hacer lo quisiera, volver a casa cuando me apeteciera”. Las calles son además el lugar donde Armand descubre que su vida es temporal e ilusoria porque el encuentro casual con Lucien desbarata esa falsa seguridad en la que vivía. Al cerrar la novela vuelvo a tener la misma sensación que tengo cuando leo a Bove, que por sus novelas no ha pasado el tiempo, no tanto por la sobriedad y la sencillez de su narrativa sino porque sus personajes son como un reflejo del hombre contemporáneo: alguien que sobrevive más que vive, que busca protección y estabilidad a costa de su propia autenticidad. El desprecio que Armand siente hacia Lucien no deja de ser un miedo real porque le recuerda quién es realmente bajo esa falsa sensación de estabilidad que se ha creado y además, su dependencia de Jeanne, el impulso fugaz hacia Marguerite y la presencia silenciosa de la ciudad son la evidencia de cómo nos construimos, cómo elegimos sobrevivir sin exponernos y cómo la verdadera tensión de la vida se encuentra en lo cotidiano, en lo que aceptamos y en lo que tememos enfrentar. Leer a Armand es verse en un espejo: un hombre que podría ser cualquiera de nosotros, atrapado entre miedo, deseo y conformismo, y que sin embargo sigue intentando existir.

La traducción es de Maria Teresa Gallego Urrutía y Amaya García Gallego.


"De pronto sentí un dolor en el alma, tan breve como una punzada. Seguí andando, con el corazón en un puño, temiendo que el mismo dolor me repitiera, que fuera a más a continuación, que fuese el síntoma de una enfermedad grave.

 

 

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