Teresa, de Arthur Schnitzler

 

 

♫♫♫ There Is No Life Here - Void Stasis  ♫♫♫

 

 

" No le creyó ni una palabra, pero se quedó. Y cuando hacía el amanecer volvió a su casa, se encerró en su cuarto; cansada y asqueada hizo sus maletas, dejó unas cuantas frías palabras de despedida para su madre, y en el tren del mediodía se fue a Viena."



Stefan Zweig, otro autor muy conocido en la Viena de entreguerras, cuando se publicó en 1928 esta novela de Arthur Schnitzler, reconoció en una carta dirigida a él (15 de mayo de 1928) el enorme desafío artístico que suponía “mostrar lo negativo, la monotonía del bienestar y del malestar” y elogió a Schnitzler por llevar este desafío hasta las últimas consecuencias sin edulcorar absolutamente nada de la vida de Teresa. Zweig subrayó que el público generalmente quería riquezas, personajes extraordinarios y acontecimientos exóticos, y que era muy arriesgado narrar la vida de alguien ordinario en toda su fragilidad. Y hay algo más: aunque hoy nos parezca familiar —el estrés, la precariedad, la sensación de “estar flotando” entre obligaciones y expectativas"— en 1928 era casi impensable. Mostrar con tanta franqueza la rutina, la fragilidad social y la maternidad como carga y suspensión, sin idealizarla, era innovador y profundamente moderno. Schnitzler pertenece al mundo brillante y nervioso de la Viena de fin de siglo: cafés, debates intelectuales, erotismo, neurosis refinadas y Teresa será una novela tardía que parece narrar precisamente el claroscuro de la condición humana. El Imperio ya cayó. No es casual que aquí desaparezca la chispa irónica y aparezca esa prosa más sobria, más plana, más desolada en comparación al resto de su obra. El Imperio austrohúngaro ya no existía y de alguna forma en Teresa crea una novela profundamente mimetizada con su tiempo. Viena ha pasado de ser capital imperial a ciudad empobrecida, reducida, económicamente frágil. El mundo estable de jerarquías claras, servicio doméstico permanente y estructuras sociales aparentemente sólidas se ha derrumbado y no queda nada e intuyo que la Gran Guerra está a la vuelta de la esquina. Lo que queda es precariedad y el personaje de Teresa es una metáfora de esta incertidumbre.


Era, en suma, una temporada tranquila que casi hubiera podido ser dichosa; pero sentía más que nunca la falta de rumbo y hasta el absurdo de su existencia.”


En Teresa, la trama girará en torno a una mujer, joven, de clase media que busca desesperadamente subsistir trabajando de institutriz en una Viena en crisis. En la trama en la que  trabajos que no duran, amores que no se sostienen, días que se parecen a los anteriores,  Schnitzler narrará la vida ordinaria de una mujer que luchará desesperadamente por encontrar una cierta estabilidad económica en unos años en que esto era prácticamente imposible. Lo impresionante no es lo extraordinario, sino la minuciosa observación de lo cotidiano, la forma en que cada repetición y cada pequeño fracaso suman un peso psicológico real. Y tengo que admitir que Teresa llegó a irritarme, y en muchos momentos me sentí frustrada por sus malas decisiones, por esos empleos que no conseguía conservar, por ese lanzarse siempre hacia los hombres que prometían fracaso, continuamente conformándose. “Y en aquel mismo instante apareció de nuevo aquella sensación de culpa que la dominaba constantemente, aunque solo fuera por minutos, y que cuando se esfumaba la dejaba como suspendida en el vacío, a la deriva, como si todo cuanto vivía no fuera real, sino un sueño." En una especie de bucle que se repite, Teresa vuelve a confiar, vuelve a depender, vuelve a caer en patrones que parecen condenarla y esto realmente me llegó a irritar pero claro, en cierto modo es lo que pretende Schnitzler porque, aunque Teresa no es ninguna ingenua, percibe los riesgos e intuye las señales, llegué a entender que su aparente conformismo, apatía y repetición de errores son una forma de evasión, un mecanismo para salir de sí misma y soportar la monotonía y la precariedad. Esa repetición produce mucha tensión existencial que Schnitzler consigue transmitir al lector: no hay arco heroico, no hay catarsis, solo la experiencia de vivir en un mundo que ofrece pocas opciones y aún menos seguridad. Y este continuo “no pasa nada”, solo una sucesión de empleos que comienzan y se interrumpen sin climax dramático, es algo buscado conscientemente por el autor porque de alguna forma está transmitiendo como el personaje está sosteniendo su vida como puede. Aunque conoceremos a Teresa a lo largo de treinta años, no es tampoco una novela de iniciación porque no hay aprendizaje en el sentido literal del término que la transforme o la empodere. Teresa no responde al ideal clásico de la conciencia lúcida que aprende de sus errores. No hay arco de aprendizaje claro. No hay empoderamiento progresivo. Y estamos muy acostumbrados, narrativamente hablando, a que el sufrimiento produzca claridad y redención.


"Paseaban por las calles de un suburbio que Teresa no conocía. Pensó en su sueño de infancia: Perderse por caminos desconocidos, volver de un lugar donde nadie se imaginaba que estuviera."


Con esta novela tardía, escrita tres años antes de su muerte, Schnitzler se adentraba en una vida femenina sin idealización ni concesiones sentimentales. Y es precisamente en el tratamiento de la maternidad donde veo que esa valentía se vuelve más evidente. Lejos de cualquier eufemismo redentor, Schnitzler presenta la maternidad y el nacimiento del hijo no como culminación luminosa, sino como episodio atravesado por miedo, agotamiento y ambivalencia y esto se demostrará en un pensamiento fugaz que tendrá Teresa en un momento dado de su vida, muy jovencita y embarazada en la que mostrará su miedo y su aislamiento del mundo producido por este embarazo, y este pensamiento fugaz la hará cargar con una culpa de por vida. La maternidad no la purifica ni la eleva; la confronta con su propia fragilidad. Así, Schnitzler despoja la experiencia materna de todo edulcoramiento y la devuelve a su dimensión real donde amor y culpa pueden coexistir al mismo nivel.


Y hasta sentía más bien cierto temor de volver al mundo aquel que había abandonado. ¿Volvería a poder hallarse otra vez en aquel ordenado curso de la vida? ? ¿Volver a conversar con gente culta, dedicarse a un trabajo regular, ser una mujer entre mujeres?

Ahora estaba colocada aparte de todo ser y todo quehacer; y no mantenía otra relación que que la sostenida con el lejano e infinito trozo de cielo azul, en que su mirada se hundía cuando se recostaba en un ángulo del diván. Así flotaba en suspenso, así divagaba, así soñaba la mente de Teresa.“


Y leyendo Teresa volví a recordar a La señorita Else, una novela anterior de Schnitzler y que leí hace poco. Allí, la violencia sobre el cuerpo femenino se presenta de manera brutal, inmediata, casi escandalosa. Else delira, se expone, estalla. Teresa, en cambio, no estalla: se desgasta. Se enfrenta al mismo mundo masculino, pero lo hace con resignación, sin delirio, sin estallido, acumulando los pequeños golpes hasta que su vida se convierte en desgaste prolongado. Schnitzler tenía un ojo profundamente pesimista sobre las condiciones femeninas, pero también una lucidez crítica: no idealiza, no redime, no heroiza. Solo muestra, con claridad brutal, lo que significa vivir como mujer en un mundo que no te permite legitimación ni margen de maniobra. Teresa nunca se ha legitimado; nunca ha dado un céntimo por sí misma. Su trabajo como institutriz, cobrando menos de lo que valían sus clases, lo evidencia de forma casi cruel. Ella percibe su propio valor, pero su mundo, y ella misma, lo ignoran. Vive rodeada de hombres mediocres, que al final buscan lo mismo en ella: una disponibilidad que ella negocia con un silencioso cálculo de supervivencia. Y así, la adaptación se convierte en infravaloración. Es pura estrategia para sobrevivir y esto a largo plazo erosionará la autoestima hasta dejarla casi vacía.


"Después trataba de evocar en su memoria a los distintos seres que hasta entonces habían tenido significación en su vida. Más raro era que consiguiera, ni aún por breve tiempo, fijar su pensamiento sobre una figura determinada. Cualquiera que fuese, volvía a escaparsele enseguida, y así se mezclaban todas formando una enrevesada fantasmagoría, extrañas y lejanas como en un sueño.”


Esta es una novela aparentemente nada llamativa, no hay giros dramáticos, ni grandes escenas, y sin embargo, el peso silencioso de la vida de Teresa va calando hasta tal punto que al igual que en su momento expresó Stefan Zweig, me impacta pensar que una novela como ésta no solo fuera publicada en 1928 sino que su autor tuviera el valor de presentarla tal cual, con un realismo cruel precisamente hablando de temas como el suicidio o el aborto sin sonrojo, sin concesiones; hay una falta de brillo casi total en la vida que de esta mujer, y aunque en ningún momento Schnitzler nos esté describiendo el contexto histórico y social de la época, a través de su vida, queda más que claro la fragilidad de este periodo que estaba narrando entre 1880 y justo antes de la Gran Guerra, aunque en ningún momento Schnitzler mencione detalles concretos históricos, únicamente el día a día de sus personajes. A través de las numerosas familias con las que irá trabajando Teresa, se va mostrando todo un fresco de la sociedad de la época. Schnitzler visibiliza un sistema que erosiona, que instrumentaliza, que margina, y lo hace sin melodrama, sin sentimentalismo, sin reconciliaciones fáciles. Como mujer, me deja preguntándome: ¿qué espacio queda para la libertad femenina cuando amar, trabajar, vivir,  significarán negociar tu lugar en el mundo? Y lo peor: ¿hay espacio para sentirse digna cuando los días grises se suceden intentando sostener una vida para que no se derrumbe?Una novela muy adelantada a la época pero incómoda. Brillante.

La traducción es de Annie Reney Glücksmann y Elvira Martín (revisada)


“Cuando le llegaba el reposo y la soledad nocturnos, acontecía a veces que, hallándose en la cama sin poder conciliar el sueño, no solo su situación presente, su vida toda, desde el pretérito hasta el presente, le parecía tan lejana y extraña, como si no fuera la suya.“

 

 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Ya nadie escribe cartas, de Jang Eun-jin

El señor Fox, de Joyce Carol Oates

La picadura de abeja, de Paul Murray