No ha sido éste un texto fácil porque durante la lectura tuve la sensación incómoda de que el libro me observaba más de lo que yo lo observaba a él. No me pedía emoción ni identificación, sino atención. Una atención casi incómoda hacia lo mínimo, hacia ese murmullo interior que normalmente acallamos para poder seguir adelante. Los personajes de Reemplazo (que no son tales ) no están construidos para generar empatía psicológica clásica. No buscan que los “queramos” o que nos identifiquemos sentimentalmente. Funcionan como estaciones de la conciencia.
"¿Por qué no ibas a hacerlo? ¿Por qué jamás se hace lo que se quiere? ¿Porque uno es normal? Uno no es normal, piensas. Uno carga en su interior un gran grito de aquello que debería haberse dicho pero que jamás se dice, piensas. Pues llámala."
Este fragmento condensa algo esencial: la distancia entre lo que se piensa y lo que se hace. Entre el impulso y su aplazamiento. El “llámala” no es una invitación romántica; es un mandato que revela la parálisis. Porque lo que domina no es el deseo, sino la conciencia excesiva de la voz narrativa.
De forma que está cita podría ser un ejemplo de un texto que deja claro que su territorio no será el de los hechos, sino el de la suspensión. Lo que importa no es si se hace la llamada, sino el espacio mental donde la llamada se piensa una y otra vez sin realizarse. Ese espacio es la materia de este texto.
"Reemplazo" no es una novela para dejarse llevar por la trama. Es una novela para habitar un espacio desolado donde más de una docena de personajes se mimetizan en un texto donde no sabremos dónde acaba uno y empieza otro. Una lectura que no se impone, pero que, una vez dentro, altera la percepción de este espacio: una habitación, un cuerpo, un instante cualquiera. Hay novelas que cuentan una historia y hay otras —muy pocas— que desarman la idea misma de que una historia pueda sostenernos. Reemplazo pertenece a estas últimas porque aquí no hay desarrollo en el sentido clásico. No hay progreso, transformación ni aprendizaje. Lo que hay es un momento después de otro, una conciencia que ocupa el lugar de otra. En lugar de identidad hay una conciencia que sabe que es fugaz. En lugar de sentido, Tor Ulven expone una lucidez desnuda. Deconstruye el concepto de historia sin dramatizar, ni exagerar ni siquiera aligerar el peso para el lector, solo está preocupado en mostrar lo que es existir con esa mezcla de banalidad que nos llevará a la desaparición inevitable.
En Reemplazo los personajes no son identidades estables. Son posiciones de conciencia en distintos momentos del tiempo. No importan por lo que hacen, sino cómo perciben, cómo experimentan el cuerpo, cómo sienten el paso del tiempo, cómo se relacionan con la inminencia de la muerte. Y aunque Ulven está de alguna forma creando una forma narrativa para decirnos que la identidad no se mantiene tampoco está manifestando que estas identidades sean ilusorias sino que nos movemos por la experiencia más inmediata y está experiencia es fugaz porque se va difuminando tras el instante. Ulven lo muestra con una lucidez fría, casi clínica.
La novela se convierte así en una meditación sobre la imposibilidad de capturar plenamente la realidad. Solo muestra la experiencia tal como es cuando se la despoja de relato: una conciencia que sabe que desaparecerá. Y hay una cita que creo que condensa a la perfección lo que es ésta la única novela de Tor Ulven porque viene a resumir la desesperanza lúcida. Casi cruel en su claridad. No afirma que el futuro traerá algo bueno; afirma que necesitamos creerlo para no detenernos. Y que esa creencia es íntima, y muy silenciosa. Puede ser desolador pero al mismo tiempo nos enfrenta a esta fugacidad. Impacta Tor Ulven.
La traducción es de Bente Teigen Gundersen y Monica Sáenz Serrano.
“El futuro, todo lo bueno se encuentra por definición en el futuro, porque, si uno no fuese a ser feliz nunca en el futuro, y solo lo hubiese sido en el pasado, ¿cómo podrían mantenerse en marcha los engranajes? ¿para qué tendría uno que esforzarse? Pero, mientras te calles todo esto, podrás recordarlo, y decírtelo a ti mismo, únicamente a ti mismo.”
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