Habladles de batallas, de reyes y de elefantes, de Mathias Énard

 


♫♫♫ Highway to Constantinople - Yom ♫♫♫


Ya que son como niños, habladles de batallas y reyes, de caballos, de diablos, de elefantes y ángeles, pero no habléis de amor.” (R.Kipling)


Esta cita de Kipling que da titulo a la novela funciona como clave de lectura del texto: anuncia una narración que parece ocuparse de grandes obras y de figuras históricas, pero que desplaza su verdadero centro hacia lo que no puede decirse ni conservarse y la prueba puede estar en que lo histórico funciona más como un decorado que como un fin en sí mismo. La novela de Énard imagina un episodio histórico apenas documentado: el viaje de Miguel Ángel a Constantinopla en 1506, invitado por el sultán Bayaceto II para diseñar un puente sobre el Cuerno de Oro. Miguel Ángel que anda a la gresca con el Papa por falta de recursos económicos, se embarca en esta aventura en la que querrá demostrar su genio fuera de las puertas del Renacimiento. Así que se puede decir que Énard parte de un vacío documental para construir una ficción especulativa, en la que como dije antes, lo histórico puede funcionar más como un detonante que como la base narrativa: una novela aparentemente histórica que deja claro desde un principio que es ante todo una meditación narrativa sobre el poder, el arte y los lazos entre culturas. Y volviendo a la cita de Kipling, me ha resultado muy interesante hacia dónde nos quiere llevar Énard: empieza hablándonos de poder, sultanes y de un genio artístico a punto de diseñar una gran empresa arquitectónica, pero pronto desplazará este centro del relato hacia la experiencia íntima e intransmisible de lo que no se puede decir o nombrar, el deseo y el amor.


"El escultor florentino contempla la colina fortificada de Pera, la gloria de Estambul ante sus ojos.
Seres extraños esos mahometanos tan tolerantes con las cosas cristianas. Pera está poblada por latinos y griegos; las iglesias son numerosas. Se distinguen algunos judíos y moros por sus ropajes. Recientemente todo aquel que se ha negado a convertirse al cristianismo ha sido expulsado de España.
"


Aunque esté escrita en tercera persona, la novela está continuamente conectada al yo más íntimo de Miguel Ángel, sus sensaciones corporales, el deseo por una mujer que es casi un fantasma o su lazo con su amigo, el poeta, todo funcionará a partir de una percepción fragmentaria, porque cuando Miguel Ángel llega a Constantinopla es un hombre enfadado, en crisis consigo mismo y con su entorno. No asistimos a una biografía, sino a un estado de conciencia. Énard además, se centra en un hombre que se encuentra fuera de lugar, un extranjero en Constantinopla, una figura perfectamente reconocida en su Renacimiento pero un hombre totalmente desajustado en este nuevo mundo. "De momento en la cabeza no tiene más que un puente, un puente cuyo dibujo desea acabar lo antes posible a fin de cobrar su paga y dejar esa ciudad turbadora, familiar en cierto modo pero a la vez decididamente otra; por la cual, sin embargo, no se cansa de pasear y acumular imágenes, rostros y colores." En Constantinopla pierde sus referencias habituales y respira en otra lengua, religión y códigos sociales, y en este aspecto “Habladles de batallas…” es una novela totalmente sensorial en la que Miguel Ángel recorrerá las calles de este nuevo mundo respirando estas nuevas sensaciones con los cinco sentidos. Mathias Énard nos describe a un hombre cansado, inseguro, muy lejos del icono renacentista y lo llenará de dudas y de enfado contra el sistema del que viene. La forma además en la que Énard nos describe Constantinopla no será exótica ni decorativa, ni un marco de aventuras para contarnos una narrativa tradicional sino el lugar es el espacio de fricción, de encuentros, de cruce de religiones, de lenguas de una Torre de Babel, así que se puede decir que esta ciudad funcionará como una metáfora del mismo Miguel Ángel: compleja e inestable, continuamente cambiante.


"En la desamparada soledad de quien todo lo ignora de una lengua, de los códigos y los usos de la reunión en la que toma parte, Miguel Ángel se siente vacío, objeto de atenciones que no alcanza a descifrar."


En su cita Kipling sugiere que ciertos públicos o ciertas sociedades prefieren relatos que distraigan que entretengan, antes que relatos que confronten con lo íntimo, lo contradictorio o lo doloroso. Las batallas y los reyes ordenan el mundo en términos claros (héroes/villanos, victoria/derrota); el amor, en cambio, introduce desorden, ambivalencia y pérdida de control y esta novela está construida sobre esta oposición: lo que se puede controlar y decir (batallas, reyes y elefantes) frente a lo que no se nombra porque se vive en lo íntimo (el amor, el deseo). Miguel Ángel encarna el corazón de esta tensión: está justo en medio. Es un personaje asociado al genio, a la obra monumental, a lo que puede inscribirse en la historia. Su presencia en Constantinopla está mediada por encargos, por arquitectura, por poder político: todo eso pertenece al mundo de los “reyes” y de los “elefantes”, es decir, de lo visible y narrable. "Todo eso lo resolverá el tiempo, quién sabe. El destino, la paciencia, la voluntad. De tu paso por aquí no quedará nada. Rastros, indicios, una edificación." Sin embargo, su experiencia más decisiva en la novela no es el proyecto del puente, sino el deseo silencioso, la atracción hacia una mujer cuyo nombre apenas importa porque lo esencial no es su individualidad histórica, sino lo que representa: una posibilidad afectiva que vivirá sobre todo en su interior. Miguel Ángel vive el amor exactamente como Kipling lo formula: algo que no se enuncia, que queda fuera del relato oficial y que, por eso mismo, pesa más.


No has venido aquí para conocerme, has venido para construir un puente, por el dinero, por sabe Dios qué otra razón, y te irás idéntico, sin un leve cambio, directo a tu destino. Encerrado en tu mundo, no ves más que las sombras, formas incompletas, territorios por conquistar. Cada día te empuja hacia el siguiente sin que aciertes a vivirlo."


Lo que más me ha hecho conectar con la novela no es lo que ocurre fuera, sino lo que ocurre dentro de Miguel Ángel. La ciudad, la corte, incluso el propio puente, aparecen filtrados por su conciencia. La figura de la mujer amada es reveladora en este sentido: apenas está presente como personaje. No actúa, no se desarrolla, no ocupa espacio narrativo propio, parece un fantasma o incluso, una creación de su mente. Es más bien una presencia mental, una meditación silenciosa, algo que acompaña al artista sin convertirse nunca en relato. Y esa elección me parece profundamente coherente con la cita de Kipling: del amor no se habla, se piensa. En ese aspecto la dicotomía entre el puente (lo exterior) y la mujer (lo interior) funcionarán como dos movimientos opuestos pero complementarios. El puente es una edificación que se inscribe en la Historia, pero desaparece, la mujer, sin embargo, no será un personaje en sí mismo, no hay huella histórica, pero permanece en la experiencia íntima. Ha sido mi primera aproximación a Mathias Énard y me ha impresionado mucho su universo narrativo, su estilo preciso con una prosa entre poética y elíptica que deja espacio al lector para imaginar. En apenas unos trazos no solo nos ha sumergido en la conciencia de un hombre sino como una ciudad sirve de metáfora de la búsqueda de identidad, de la creación artística, del encuentro con uno mismo. Énard convierte un mito, en un hombre de carne y hueso, lo dota de entidad y de humanidad. Una novela que nos habla sobre todo de cómo lo visible se pierde pero lo íntimo permanece.

La traducción es de Robert Juan-Cantavella.


Entretanto, y a falta de haberlo de haberlo conocido, escribió sonetos de amor, aferrado al recuerdo de un mechón de cabellos muertos.

A menudo acaricia la cicatriz blanquecina de su brazo y piensa en el amigo perdido.”


Comentarios

  1. Me gusta ese punto de partida... si te das una vuelta por Netflix (o la plataforma que quieras), o vas a la sección de libros de algún gran distribuidor, ¿qué ves? Pues exactamente eso, batallas, reyes, épica, amores imposibles que se vuelven posibles justo antes de girar la última página...

    Supongo que dan lo que pide la mayoría, es lo malo de las democracias ;)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ahí le has dado porque en este mundo de ahora es difícil no quedarte en la superficie e ir más allá, y está novela trata básicamente de eso, de ir más allá.

      No tengo Netflix, soy todavía un poco piratilla y me veo incapaz de colocarme frente a su enorme oferta (la mayoría mediocre) y seguir las pautas, si me apetece ver algo, lo busco en el lado oscuro, jeje, pero está claro que todo es un enorme escaparate para quedarte con lo que te proponen y te marcan otros. El mundo ahora mismo funciona así, te colocas frente al escaparate y pierdes tu tiempo eligiendo lo que "ellos" te ofrecen.

      Eliminar
    2. Falsa sensación de elegir, ¿verdad? te crees que eres libres, que decides pero, al final, optas por un puñado de platos precocinados....

      Eliminar
    3. Así es, cuando la gracia está en no conformarte y rebuscar por tu cuenta. No dejarte llevar por las novedades que te marcan por ejemplo, sino seguir tú instinto e ir haciendo conexiones por tu cuenta. Yo es que siempre he ido un poco pori libre, Beau... El caso es que mira hasta donde nos traído la novela de Enard :)

      Eliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Ya nadie escribe cartas, de Jang Eun-jin

Las partículas elementales, de Michel Houellebecq

El señor Fox, de Joyce Carol Oates