Los hijos de Shifty, de Chris Offutt (Serie Mick Hardin #2)

 



♫♫♫ On the sun - Lynyrd Skynyrd  ♫♫♫

 


“Nunca le había gustado el pueblo. No se trataba de Rocksalt en concreto, sino de cualquier aglomeración de gente. El pueblo requería una pátina social que a él no se le daba bien, un exoesqueleto de cortesía. La gente decía una cosa y pensaba otra. Se ofendía si te atrevías a ser sincero y directo. Era como si estuviese prohibido decir lo que se pensaba.”



Hay escritores que no solo te gustan: te abren una puerta. A mí me ocurrió con Chris Offutt desde que leí Noche cerrada que me abrió la puerta hacia otra literatura norteamericana, aquella que estaba directamente emparentada con los outsiders, con la precariedad de una América olvidada y que parecía no estar precisamente visibilizada. A partir de ahí leí también sus relatos que para mí es donde puede que esté la esencia del Offutt más  rural, áspero, atravesado por silencios y violencias pequeñas, pero también por una humanidad obstinada y sin épica. Offutt en sus novelas no describe un territorio exótico ni usa Kentucky como un decorado rural, sino que más bien está construyendo todo un sistema moral cerrado y aislado en el que es difícil penetrar. Los espacios offuttianos son además lugares donde todos se conocen pero casi nadie se expresa hablando y si lo hacen, lo harán siempre sugiriendo, dejando la mayoría de las cosas a la imaginación del que escucha.


“Shifty sacudió la cabeza hacia él, su mirada le hizo pensar en uno de esos vientos rasantes que devastan todo a su paso. El sol saltó a sus ojos como chispas de un pedernal.”


Desde esa bestial Noche cerrada siempre he vuelto a él con una mezcla de confianza y curiosidad, esperando reencontrar esa mirada seca y compasiva que sabe detenerse en los márgenes sin convertirlos en espectáculo. Es cierto que la la serie protagonizada por Mick Hardin me produce una sensación ambivalente: sigo reconociendo la precisión del paisaje, la sobriedad del estilo y la verdad de los personajes, pero al mismo tiempo me deja con el deseo de que Offutt profundice todavía más, de que se detenga con mayor radicalidad en las zonas de sombra que su propia literatura sugiere. Los hijos de Shifty confirma, en parte, esa impresión. La novela posee el pulso del noir rural y la capacidad de Offutt para construir atmósferas donde la violencia no irrumpe como espectáculo sino como continuidad de la vida cotidiana. Todo está ahí: la economía precaria, la circulación de la droga, los vínculos familiares tensados por la lealtad y el resentimiento. Pero precisamente porque Offutt sabe insinuar la tragedia que habita en ese mundo, uno como lector espera a veces un descenso más hondo, una demora mayor en el conflicto moral que atraviesa a los personajes. No es que me espere más, todo lo contrario, reconozco a Offutt en cada página de esta novela y de la serie de Hardin, pero hubo momentos en que me supo a poco. De todas formas y aunque esta novela se podría etiquetar como un country noir, realmente creo que todo es una excusa para bucear en el regreso a casa, una vez más, el reencuentro con una tierra que atrae y repele al mismo tiempo. La linea argumental en torno a las muertes y a la investigación no dejan de ser una vuelta de tuerca más de Offutt para hablar de Kentucky.


Mick iba mirando por la ventanilla, pensando en la primavera en general: las colinas rebosantes de nueva vida, la energía invisible que empujaba los brotes hacia el sol. La estación contenía una melancolía subyacente. La tierra se renovaba cada año al tiempo que la humanidad envejecía. La belleza de la naturaleza ocultaba la brutalidad inherente, pero la gente se exponía a pecho descubierto.”


El argumento es sencillo y, a la vez, revelador del contexto social que la novela retrata: el asesinato de un pequeño traficante de heroína desencadena una investigación que pronto se convierte en cadena de represalias, sospechas y ajustes de cuentas. En ese movimiento narrativo se dibuja una Kentucky rural marcada por la precariedad económica, la falta de oportunidades y la normalización de la economía de la droga como forma de subsistencia. En Offutt no hay nada espectacular, no hay grandes giros, ni denuncia explícita; más bien una mirada paciente sobre una comunidad donde la pobreza, la lealtad familiar y la violencia cotidiana forman parte del mismo tejido vital. Tampoco hay grandes giros morales sino que lo que destaca es una tristeza contenida y la sensación de que el hecho de llegar a entender a alguien, de conectar, no significa necesariamente que puedas salvarlo.


"Había reprimido la rabia hasta que esta lo había ahuecado dejándolo como el caparazón de una tortuga hallada en el bosque: un exterior duro rodeando un espacio vacío. Lo único que le importaba era seguir vivo."


Esa tensión se encarna con especial claridad en la relación entre Mick y su hermana Laura, sheriff del condado. Frente a la confianza de Laura en la ley como único marco posible —con su idea de contención, procedimiento y distancia—, Mick se mueve en una zona gris donde investigar implica también comprender, e incluso cruzar límites. La novela no resuelve esa ambivalencia: la ley aparece necesaria pero insuficiente, mientras que la justicia personal resulta humana pero peligrosa. La relación de Mick Harding con su hermana Laura será el centro de esta novela en el sentido más emocional de lo que puede significar el desarrrollo de los personajes eminentemente offuttianos. Laura sí está arraigada, conoce el código social de lugar y por ello su autoridad cómo sheriff será profundamente personal. Laura representará lo contrario de lo que es Mick, aunque haya historias familiares compartidas, un pasado en común, sin embargo, sí que hay una tensión silenciosa entre ambos hermanos por el hecho de que Mick se fue y ella se quedó arraigada en la tierra. A partir de que Mick se implica en la investigación de las muertes de los hermanos Shifty, convierte esta implicación en algo más que un procedimiento narrativo: es una forma de atravesar un paisaje humano donde la justicia y la venganza se confunden. Pero Offut siempre elegirá la contención antes que los giros dramáticos y espectaculares. Mick está profundamente conectado a su tierra y sin embargo siempre elegirá la distancia, la huida, aunque en las historias de Offutt, sus personajes siempre están soñando con volver. Mick Hardin será el eterno desplazado, y cuando vuelve a Kentucky lo hará desde la mirada al pasado en el que la mayor parte del tiempo cuando más feliz era a solas en el bosque. Siempre de paso, en un estadio provisional en el que echar raíces parece que le aterroriza, la mirada de Mick quiere huir porque y de alguna forma le aterra lo que Kentucky hace a su gente, una precariedad constante, una violencia soterrada. Su mirada es doble: pertenece a la tierra pero la observa con objetividad desde una distancia. Y su búsqueda de justicia es muy personal, se puede decir que abstracta. Estos conflictos internos convierten a Mick en un personaje meláncólico, insatisfecho y en continua huida.


Fuímos infelices durante mucho tiempo sin saberlo. Luego se complicó bastante. Lo de ser feliz aun no me ha venido. Nunca ha sido un objetivo para mí. Siempre he considerado la felicidad como un derivado.”


Pero si hay un lugar donde el talento de Offutt se manifiesta con una claridad indiscutible y es en el retrato de la naturaleza. Los bosques, los caminos de grava, los ríos y las montañas no funcionan como mero decorado, sino como una presencia viva que condiciona la experiencia de los personajes. El paisaje de Kentucky respira, observa y a veces parece guardar la memoria de la violencia que lo atraviesa. En esa relación íntima entre geografía y destino humano se percibe la herencia de la mejor tradición sureña: la naturaleza como refugio, amenaza y espejo moral. Leer a Offutt es también habitar ese territorio físico, sentir su silencio y su densidad, como si el entorno fuera un personaje más, discreto pero decisivo. El hecho de que estas novelas de la serie de Mick Hardin siempre me dejen esperando más, no disminuye mi admiración por un autor que a mi entender donde más y mejor destaca es en como rehuye el énfasis, la sobreexplicación. Cuando leo a Offutt no solo disfruto el placer del reencuentro sino de la posibilidad de que vuelva a descolocarme como lo hicieron Noche cerrada y muchos de sus relatos. El placer de la anticipación.

La traducción es de Javier Lucini.


"En el suelo, bajo la ventana, yacía un jilguero. Recogió con cuidado el pájaro aturdido, acunándolo en una mano. El cuello del jilguero palpitaba a toda pastilla. Tenía los ojos abiertos. Nick lo azuzó y las alas batieron débilmente. Se llevó el pájaro a la boca y sopló con delicadeza tres veces sobre su pico abierto. El pájaro se incorporó en la palma de su mano, respirando aceleradamente. Ladeó la cabeza para mirar a Mick, echó un vistazo a su alrededor como si quisiera orientarse y, después, salió volando."

  

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