[ Interludio ] Febrero


Deconstruyendo un cuento de hadas, 2012 



"Cada lector es, cuando lee, el propio lector de sí mismo.”
(Marcel Proust)



Esta cita concreta, que llevo como bandera, la conecto con esta foto de hace años y con la que me he reencontrado justo hoy, una imagen que parecía olvidada. Hubo un momento —no sabría decir cuándo-- durante la lectura de En Busca del Tiempo Perdido,  en que Proust dejó de ser un autor y se volvió una experiencia porque me hizo ver que, cuando leemos, no descubrimos tanto el mundo del autor como nuestro propio mundo interior. El lector cree que está interpretando la novela. En realidad, la novela lo está interpretando a él por eso algunos libros significan todo un mundo comparado a otros.


En Proust, memoria y lectura funcionan del mismo modo. El “yo” que lee hoy no es el mismo que leyó ayer. Entonces el libro se transforma, porque lo atraviesa otro estado de ánimo, otra herida, otro recuerdo, otra nostalgia. El texto no cambia: cambia la conciencia que lo toca de modo que para mí,  leer es, exponerse frente a uno mismo.


Después de Proust entendí que el pasado no es algo que poseemos, sino algo que se revela según la sensibilidad del momento en que lo invocamos, como esta foto. Y lo mismo ocurre con los libros: lo que entendemos de ellos depende de nuestras pérdidas, de nuestros deseos, de nuestras memorias latentes.


Por eso la verdadera lectura, la que cala, no añade información, despierta una conciencia.


Desde entonces creo que busco textos que no se limiten a narrar historias porque leer tiene mucho de búsqueda: es buscar en cada página fragmentos de nuestra propia identidad, rastros de aquello que somos y todavía no comprendemos. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Ya nadie escribe cartas, de Jang Eun-jin

El señor Fox, de Joyce Carol Oates

La picadura de abeja, de Paul Murray