La señorita Else, de Arthur Schnitzler

 



 
 
 

 
 

Todo se resuelve en casa con bromas, aunque nadie tiene ganas de bromear. En realidad, cada uno tiene miedo de los otros, cada uno está solo. Mamá está sola porque no es suficientemente inteligente y no sabe nada de nadie, ni de mí, ni de Rudí, ni de papá.”


Muchas veces casi sin planearlo mi última lectura encuentra eco en la siguiente, otras veces si está planeada esta continuidad, como en este caso. Después de leer “El Director” de Kehlmann, me quedé con ganas de seguir recorriendo ese atmósfera de incertidumbre y tensión, ese caos silencioso que se respiraba en Europa Central en el periodo de entreguerras, un desasosiego que anticipaba otros tiempos más oscuros. Así llegué a “La señorita Else” de Schnitzler, un autor del que había leído ya varios libros, pero en ninguno aparecía un personaje femenino tan potente como esta señorita Else que bien podría haber aparecido en cualquiera de las películas de los años 20 de GW Pabst, así que es una conexión más que reflejaba un eco de la novela de la que venía: al igual que en sus personajes femeninos, Else encarna una realidad cruel en la que la mujer se convierte en moneda de cambio, su cuerpo en campo de batalla y su voluntad en instrumento para sobrevivir o negociar en una época de crisis. “Un traje de presidiario a rayas es también bastante elegante. Y muchos se han pegado un tiro. Y todos tenemos que morir.” La Europa de entreguerras se percibe en la ansiedad de Else, en la presión familiar, en la amenaza de la deuda, en la fragilidad de su cuerpo y en la anulación de su voluntad.


Si, digo ruego, aunque se parezca desesperadamente a un chantaje. Pero no soy un chantajista, solo soy una persona que ha tenido muchas experiencias, entre otras la de que todo lo que hay en el mundo tiene su precio…”


En el centro de la historia de este relato largo estará el conflicto específico de Else: su familia le exige que consiga dinero de un hombre influyente para saldar una deuda, pero esto implica exponerse a un encuentro sexual que comprometería su dignidad y su libertad. El conflicto surge de la contradicción entre el deber a su familia y la preservación de sí misma, y de cómo la presión social, económica y familiar la obliga a negociar con su cuerpo y su voluntad. Este conflicto íntimo, pero profundamente social, pone en evidencia la fragilidad que Schnitzler retrata soberbiamente desde el mundo interior de Else porque construye el relato completo desde el monólogo interior, lo que nos permitirá acompañar a Else en cada pensamiento, emociones y vacilaciones que serán muchas. Como si Schnitzler estuviera analizándola con un escalpelo, desde el momento en que Else recibe la carta de su madre, nos hará partícipes de las diferentes fases por las que atravesará una Else al principio y sorprendida y desconcertada ante la propuesta de su madre, para ir evolucionando y analizar ella misma las consecuencias que podría tener si aceptara esta propuesta, ansiedad, miedo, dudas, para poco a poco ir atravesando una especie de negociación consigo misma, en la que se irá paralizando y fragmentando, al borde del colapso de su mundo interior: un estado que irá vaticinando un colapso mental que ni ella misma será consciente de él pero sí su entorno, y aunque nosotros tengamos solo el punto de vista en primera de persona de ella, iremos siendo conscientes de cómo la está viendo su entorno a través de cómo reaccionan ante ella: “¿Por qué me mira así la familia holandesa? El conserje me mira también de una forma recelosa.”. Esta técnica también la había usado Schnitzler en otro de sus relatos prodigiosos “El teniente Gustl” (1900), sin embargo al ser La señorita Else un relato posterior, de 1924, yo diría que había refinado este monólogo interior en el que Else se encuentra prácticamente sola con su conciencia ante un conflicto vital. Es además una técnica narrativa que permitirá al lector no solo hacerse una idea del dilema moral, sino además participar de él, de forma que la tensión y el ritmo de la historia le serán de alguna forma transmitidos participando activamente en el conflicto de Else.


No, no me venderé. Jamás. Nunca me venderé. Me regalaré. Quiero ser una pelandusca pero no una fulana.”


Arthur Schnitzler nos transmite además, que este conflicto íntimo funcionará como un espejo de las tensiones de la época. Else podría ser una metáfora para una Europa en plena crisis, ella será una mujer que sufrirá en carne propia la inestabilidad social y económica, la presión de las normas sociales y por supuesto, es el ejemplo perfecto de la mujer cosificada e instrumentalizada, tanto para su familia, como para el hombre para el que deberá sacrificarse, no dejará de ser más que un instrumento, un cuerpo para conseguir unos fines. Y que eso lo explore un autor como Schnitzler, en pleno principio del siglo XX me interesa muchísimo porque más que narrar una trama externa, Schnitzler está exponiendo el conflicto de Else con su conciencia, y mostrando subliminalmente cómo la época y las jerarquías invisibles pueden minar la integridad de un ser humano, y en este caso, de manera especialmente dramática, de una mujer enfrentada únicamente a su conciencia. El camino desde una inocencia y despreocupación inicial hasta el colapso, nos mostrarán hasta qué punto una identidad puede difuminarse bajo el peso de las exigencias externas. Su historia hubiera sido la historia perfecta para un Pabst, por eso yo diría que que esta crónica encuentra su continuidad y su eco en la crónica anterior: Kehlmann, Pabst, Schnitzler, Entreguerras y Else, un intento personal por conectar lecturas, épocas y emociones.

La traducción es de Miguel Sáenz.


Un poco de ternura cuando está guapa, y un poco de inquietud cuando tiene fiebre, y la envían a una al colegio, y en casa aprende piano y francés, y en verano vamos al campo y en los cumpleaños se reciben regalos y en la mesa se habla de toda clase de cosas. Pero ¿os habéis preocupado nunca de saber lo que pasa en mi interior y lo que se agita y tiene mido en mi interior?”














Fräulein Else, 1929, Paul Czinner

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