[ Interludio ] Septiembre #2 - En un bucle con Catherine Ringer y Dita Parlo

   


  

 

♫♫♫ IDEES NOIRES - 

Catherine Ringer et Bernard Lavilliers ♫♫♫  

 

Esta semana me enteré de la muerte de Catherine Ringer. La noticia me produjo esa clase de tristeza extraña que producen las muertes de los artistas a los que uno ha admirado durante mucho tiempo. No porque los conozcamos realmente, sino porque, de alguna manera, forman parte de nuestra memoria. Y poco después de enterarme de su muerte me apareció una canción.

Era un tema relativamente reciente, de esa última etapa de su vida. Vi el vídeo y algo me atrapó inmediatamente. No sé exactamente qué. Quizá no tanto la canción sino la presencia de Catherine Ringer. Quizá su manera de estar delante de la cámara. Pero sobre todo había algo en ella, en su cuerpo, en su rostro, en su forma de mirar, que me pareció extraordinariamente vivo.

La vi una vez. Después otra. Y después otra. Entré en una especie de bucle. No estaba intentando descubrir nada. Simplemente quería volver a verla. Hay imágenes que producen eso. Uno las mira de nuevo sin saber exactamente qué está buscando. Quizá porque intuimos que hay algo ahí que todavía no hemos terminado de ver. En el vídeo, Catherine Ringer me parecía completamente ella misma. Una mujer que había atravesado décadas, que había vivido dentro de la música, dentro del escenario, dentro de su propio cuerpo, y que seguía teniendo una energía difícil de domesticar.

Había algo profundamente físico en su presencia.

Y entonces  pensé en Dita Parlo.

No sé por qué.

No sé ni cómo funciona esa clase de asociación.

Una imagen lleva a otra.

Un rostro llama a otro.

Un gesto hace aparecer un recuerdo que estaba escondido en alguna parte.

Y de repente Catherine Ringer estaba junto a Juliette. Así que volví a ver L'Atalante. Una de esas películas a las que uno puede volver muchas veces y que, sin embargo, nunca parecen agotarse. Una película que todavía resulta extrañamente contemporánea a pesar de haber sido hecha en 1934. Jean Vigo consigue algo que parece imposible: partir de una historia casi sencilla —un matrimonio que viaja por los canales franceses a bordo de una barcaza— y convertirla en una película sobre el deseo, la separación, la libertad, la memoria y la imposibilidad de poseer completamente al otro.

Y allí estaba otra vez Dita Parlo. Juliette. Su cuerpo pequeño dentro de esos espacios enormes. Su rostro. Su pelo. Su manera de mirar hacia fuera. Porque Juliette nunca parece completamente instalada en el mundo en el que se encuentra. Está en la barcaza, pero quiere París. Está casada, pero sigue siendo una mujer con deseos propios. Está enamorada, pero también quiere escapar. Quiere ver qué hay al otro lado. Y quizá eso fue lo que reconocí, sin saberlo, en Ringer. No que fueran iguales. No lo son. Ni siquiera que sus vidas tuvieran algo en común. No se trataba de eso. 

Es algo mucho más difícil de explicar.

Una determinada manera de ocupar el plano. Una energía. Una libertad corporal. La sensación de que hay algo en esas mujeres que no termina de dejarse capturar por la imagen que tenemos delante. Luego descubrí que la letra de la canción podría corresponder perfectamente con la historia contenida en L'Atalante

 Y de pronto dos mujeres separadas por casi un siglo quedaron unidas en mi cabeza.

Dita Parlo puede aparecer en Catherine Ringer.

Catherine Ringer me devolvió a Jean Vigo por una simple asociación instantánea.

Una canción puede llevarnos a una película de 1934.

Y una muerte puede hacer que una imagen vuelva a estar viva.

Quizá la memoria funcione así.

No como un archivo ordenado, sino como una especie de montaje secreto.

No recordamos necesariamente lo que queremos recordar. Recordamos por asociaciones. Por accidentes. Por formas. Por colores. Por una mirada. Por una canción que aparece en el momento justo. Por un pelo trenzado, el de Catherine Ringer.

Una cosa lleva a otra.

Y otra.

Y otra.

Hasta que terminamos en un lugar al que no sabíamos que queríamos volver.

Eso es, en el fondo, lo que me ocurrió con L'Atalante.

Volví a ella porque había visto a Catherine Ringer.

Y ahora, cuando pienso en L'Atalante, aparece Catherine Ringer. Es difícil explicar por qué. Pero quizá tampoco haga falta. Porque el cine tiene algo de eso: nos enseña a establecer relaciones que no necesitan ser explicadas. Dos imágenes pueden pertenecer juntas simplemente porque nosotros las hemos visto juntas. Y quizá ahí esté una de las formas más misteriosas de la memoria. En esa capacidad para hacer convivir a personas que nunca se conocieron.

Una mujer que acababa de morir.

Otra que murió hace mucho.

Una canción.

Una película.

Un cuerpo.

Un rostro.

Unas trenzas.

El cine congela a los muertos y mantiene vivos a los que ya no están.

Dita Parlo seguirá teniendo ese rostro.

Catherine Ringer seguirá teniendo ese cuerpo.

Ambas permanecerán en imágenes que podemos volver a mirar.

Una y otra vez.

Como yo hice esta semana con la canción. Como hacemos con las películas que amamos.

Volvemos. Miramos otra vez. Buscamos algo. No sabemos exactamente qué. Y quizá, después de todo, no estamos buscando a la persona. Estamos buscando la imagen que quedó de ella. La que todavía puede aparecer, inesperadamente, en otra imagen. Como una mujer que emerge de otra mujer. Como una canción que conduce a una película.  Y de Dita Parlo, hasta L'Atalante. Y de L'Atalante, otra vez, hasta Catherine Ringer.

Un pequeño bucle.

Una imagen que lleva a otra.

Y otra.

Hasta que ya no sabemos dónde empezó.

  

  


L'Atalante, 1934, Jean Vigo





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