En ninguna parte, de Bae Suah

 


⭐⭐⭐⭐⭐
 
♫♫♫ Lay Myself Down - Mazzy Star ♫♫♫
 
 
 

Alguien me dijo una vez: Me desespera lo fría que eres. Tus labios no se han templado ni una sola vez en este tiempo, y tu cuerpo resbala como el hielo. Esos ojos de loba que tienes no parecen no haber sentido un ápice de emoción en toda la vida. Si acerco mi oído a tu pecho, escucho la nada en el interior.”


Me acerco a esta escritora coreana gracias a Shiro Libros y tengo claro que no la voy a perder de vista desde ya. Me ha dejado bastante impactada por esta narradora sin nombre, sí, otra narradora anónima, que parece vagar por la vida sin apenas sentir emoción por nada; su apatía, su desencanto por lo que la rodea, por la gente, llega a impregnar toda la atmósfera de un libro muy breve y fugaz, que más que una novela es un relato que se puede leer en una tarde. La historia comienza en 1998 en un brevísimo prólogo y a continuación se remonta a 1988 y nos sumerge en su vida a través de breves pinceladas en un flujo de conciencia que llega incluso a resultar un tanto surrealista por cómo percibe la vida monótona y desalentadora que lleva. La narradora tiene una serie de trabajos temporales que apenas le dan para vivir ella porque entre otras tiene que dedicarse a mantener una familia, fragmentada por los problemas económicos. La narradora también tiene una relación con un joven Chelsou, que se mueve por la misma vena apática con la que se mueve su vida.


Para cuando acabó la universidad no eramos solo amigos, aunque tampoco novios. ¿Qué hace que una relación sea especial? Hablar por teléfono cada noche antes de dormir, salir los fines de semana, ir al cine, felicitarnos los cumpleaños y, si todo va bien, presentar a los padres en la graduación. Pensar en el otro cuando sales de fiesta o cuando ves una película porno y, poco a poco, ir comprendiendo los estándares del mundo a través de él. Sí, esa es la definición, Chelsou y yo no teníamos nada de especial. El no me hacia sentir nada de eso, ni yo a él.”


A medida que esta narradora nos cuenta estos momentos fugaces de su vida, podemos llegar a entender que su mundo interior es lo que de verdad la mantiene viva; el conformismo y la apatía que muestra de cara al exterior sin embargo, es revertido en un mundo interior con tintes surrealistas, lo único que parece validarla. Hay momentos medio kafkianos, en los que Seúl se convierte en una suerte de ciudad fantasmagórica y distópica, en la que la pobreza campa a sus anchas, aunque bien podría ser cualquier otra ciudad del mundo porque no hay ningún dato que destaque esta cultura coreana, más bien se trata de un paisaje  que podría compartir cualquier otro país del mundo civilizado, esa parte del mundo que no se muestra al mundo, y que permanece en la sombra. El largo invierno, los viajes en metro o en autobús, las conversaciones telefónicas totalmente impersonales en la oficina o en el restaurante donde trabaja, dotan esta historia de una atmósfera más que de desesperanza, de una alienación casi aberrante.


Un yo que ya no está en ninguna parte, reducido a cenizas y convertido en oscuridad, corrompido. En realidad, esa no era yo. Un yo lejano y hermoso.
- Solo tienes mi vacío - le digo al hombre.
-¿Y dónde estás? Tú yo físico...
-¿No me has visto? Acabo de pasar por delante de la ventana, me he ido a un lugar desconocido. Es la primera y ultima vez que me veo.
"


La narradora sin nombre siente que su identidad se va distorsionando y el lector también lo percibe porque ella interactúa más con ella misma que con la realidad que la circunda. En sus conversaciones con su madre, con el amigo, con la gente con la que se va encontrando, parece desconectada de sí misma, quizás la única persona con quién es ella misma sea con su hermano mayor, pero él está a punto de desaparecer de su vida también. Todas estas postales fugaces están insertadas en el relato aunque no sabemos si en orden cronológico sobre todo debido a ese flujo de conciencia en la que la realidad percibida por ella se confunde con lo que interpreta su mente, y esto último se puede ver perfectamente en una escena que a mi me ha parecido magistral por lo sonámbula, o fantasmal. La narradora sale de la ciudad un fin de semana a visitar a Cheolsu que está haciendo el servicio militar. Un largo viaje en autobús que se convierte casi en una pesadilla kafkiana cuando al llegar a la base miliar le dicen que Cheolsu está en el bosque y una vez allí, Cheolsu parece haberse evaporado. Un viaje que parece no llevarla a ninguna parte, tomando un autobús tras otro para recorrer un camino que no parece tener fin. Una escena colosal que podría haber surgido de una película de David Lynch, sobre todo por el estilo narrativo elegante y esquivo de Bae Suah, en la que su mente es la principal protagonista.


"A veces me imagino a la gente que conocí en el pasado y a las personas que conoceré en un futuro lejano embutidas en un vagón de metro por la noche. La gente de mi vida. Aquellos a los que conocí y que continuarán con sus vidas sin que volvamos a cruzarnos, aquellos a los que conoceré por casualidad y que aún no me conocen. Chocan con mi hombro al pasar, apáticos, rostros sombríos frente a las tenues luces de la estación de metro del ayuntamiento.

(...)

Hoy me pregunto si mi familia no será como aquellos a los que conocí hace tiempo y con los que no volveré a cruzarme, un grupo de desconocidos distribuidos entre la gente indefinida que conoceré por casualidad en un futuro lejano. Ahora que ya son desconocidos que no ejercen ninguna influencia sobre mí, acabarán por ser otro más de esos rostros sombríos e indistinguibles, indiferentes. Convertidos en hombros ajenos que chocan conmigo en el metro, en el roce fugaz de una mano que me orfrece propina en un restaurante, la voz telefónica de un profesor de Sociología Criminal cuya cara no he visto nunca."


La familia, el amor, el deseo, parecen no encajar en la vida de la narradora sin nombre, más bien es como si desconectada de su cuerpo, se observara a sí misma desde una distancia impersonal, y sin embargo, aunque hay momentos en que cita momentos en que la tachan de fría, es solo apariencia de cara a los demás, porque en su mundo interior, sí que es capaz de vivir con emoción: Una tristeza intensa, nítida, irrumpía con virulencia en mi pecho. ¿Qué era? ¿Realmente existe una tristeza así, infiltrada entre la monotonía, el tedio y el drama, que duele como carne desgarrada, como trozos de cristal clavarse en las plantas de los pies?” En una novela tan corta es bastante milagroso que la atmósfera se quede tan impregnada, y que Bae Suah sea capaz de transmitir tan bien no solo el paisaje físico en el que se mueve la narradora, sino sobre todo su paisaje mental. Quizás lo que más me haya llamado atención de su estilo sea la repetición de ciertos momentos que la narradora observará a través de una lupa microscópica. Es algo parecido a lo que hacía Bernhard, pero aquí es casi invisible a los ojos del lector, momentos recurrentes que rescatará la narradora dándole un matiz nuevo y revelador. Bae Suah es una autora que me interesa mucho sobre todo por ese retrato de la mujer que sigue su camino y que no tiene miedo a hacerlo, por muy duras que sean las condiciones y en este aspecto me ha recordado a las mujeres del cine de Mikio Naruse. Y citando a Bae Suah de la contracubierta del libro: “Me interesan mucho esas vidas. Y por eso quiero seguir escribiendo sobre ellas. Quiero darles un valor estético a través de mi obra. Y quiero hacer que crucen cierta frontera que yo misma no pude cruzar porque me faltaba valentía. Quiero que sean más fuertes que yo.” (Bae Suah)

La traducción es de Ana Barragán.


"Todo esto ocurrió en 1988.

El año de mi comienzo y de mi fin. Un año en el que no fui feliz ni lo contrario. No muy diferente de 1978, ni mas ni menos m memorable que 1998. Lo que ocurrió en 1988 había ocurrido en 1978 y volvería a ocurrir en 1998. Las personas que conocí en 1988 no fueron diferentes de aquellas con las que me choqué en el metro en 1978 ni de aquellas con las que  crucé una mirada apática en una gasolinera una noche de 1998. Eran familia, desconocidos de clase media, soldados desnutridos."




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