Spanish beauty, de Esther Garcia Llovet

  


 ♫♫♫ Mil Espejos - Nudozurdo  ♫♫♫

 

 "Benidorm. Cultura barata. Cultura de playa. Gente que habla tres idiomas sin tener el bachillerato, paquis, belgas, gin-tonics aguados. Libros de Tom Clancy de segunda mano, hinchados por la humedad, crujientes de arena, arena en la almohada, arena en la paella, en el tanga, en la ducha, desayunos de salchicha y bacon, a cualquier hora del día. Y el mar como el desierto de Levante, del Oeste, de Las Vegas..."



Quienes me leéis por aquí ya sabéis que no suelo acercarme demasiado a la literatura española. No es una decisión consciente solo que a veces no sé hacia dónde tirar, pero de vez en cuando intento ponerle remedio y, casi siempre que lo hago, guiada por recomendaciones de personas en cuyo criterio confío, el resultado merece la pena.

Después de leer Perros de caza, de Borja Navarro, me propuse seguir explorando esa línea. A partir de ahí me recomendaron un par de autores que, cada uno a su manera, parecían compartir una sensibilidad parecida: una literatura un poco a contracorriente, que pone patas arriba el territorio y el paisaje españoles, que se aleja de los relatos más convencionales y prefiere bucear en los márgenes, en los rincones que quedan fuera del sistema. En ese recorrido apareció Esther García Llovet, y Spanish Beauty encajaba perfectamente en ese mapa de lecturas. La verdad es que hacía tiempo que tenía a Esther García Llovet en el punto de mira, pero por una cosa u otra nunca se había dado la ocasión. Y tengo que decir que la lectura me ha sorprendido.

A primera vista, Spanish Beauty puede dar la impresión de ser una novela un tanto dispersa, como si avanzara a base de escenas inconexas o de personajes que entran y salen sin un rumbo demasiado claro. Sin embargo, poco después de empezada me dí cuenta de que lo verdaderamente importante se está cociendo bajo la superficie. Más allá de la trama, García Llovet convierte el escenario —en este caso, Benidorm— en el auténtico protagonista de la novela. La ciudad deja de ser un simple decorado para convertirse en un territorio con personalidad propia, un lugar donde confluyen el turismo, la especulación, la delincuencia de baja intensidad y una sensación constante de extrañeza.

Probablemente eso sea lo que más me ha calado de una novela de poco más de cien páginas: la forma en que construye un paisaje físico y moral tan reconocible como inquietante. Después he leído que Spanish Beauty puede entenderse como parte de una especie de trilogía —o, quizá mejor dicho, un ciclo narrativo— junto con otras novelas de la autora, un ciclo que continúa con Los guapos y Las jefas. Más que una historia dividida en tres partes o una trama con continuidad entre novelas, parece que la autora utiliza cada libro como una nueva exploración de un territorio y de un determinado ecosistema humano. En el caso de Spanish Beauty, ese territorio es Benidorm, pero no el Benidorm turístico más reconocible, sino una versión literaria propia: un espacio de identidades mezcladas, negocios dudosos, personajes desubicados y vidas que parecen transcurrir siempre en una especie de realidad paralela. Tengo curiosidad por comprobar cómo continúa esa mirada en las siguientes entregas de la trilogía y si García Llovet mantiene esa capacidad para convertir lugares concretos en auténticos protagonistas de sus novelas.


"Y se preguntó qué es lo que mueve a la historia a trascender en un lugar como Benidorm, si las vacaciones de doce meses y las borracheras de una semana y el ocio de veinticuatro horas producen algún tipo de acontecimiento histórico de revolución de climax , de conquista, y pensó que no, que aquí la ambición calza la pequeña escala de la la delincuencia, el trapicheo, las escaramuzas, el pelotazo urbanístico y político, si piensas a lo grande nada más. Nos queda eso. Ya no hacemos historia. Hacemos sangría.”



Hay algo especialmente extraño en la forma en que García Llovet retrata Benidorm. No recurre a la imagen tópica de destino turístico de sol y playa, ni tampoco se limita a convertirlo en una sátira de la especulación urbanística. Lo presenta como un espacio con reglas propias, un lugar donde conviven personas de procedencias muy distintas, economías legales e ilegales y una sensación constante de que todo puede suceder. Los rascacielos, los hoteles, los bares, las avenidas interminables y el paseo marítimo acaban componiendo un escenario que resulta tan importante como los propios personajes. Al final, la impresión que deja la novela es que solo podía ocurrir en un sitio como este: una ciudad construida para el turismo de masas que, precisamente por eso, se convierte en un territorio ambiguo, excesivo y lleno de contrastes. Es ese Benidorm, más que la propia intriga, el que termina permaneciendo en la memoria cuando se cierra el libro.

Por encima incluso del retrato de Benidorm, me ha interesado mucho la construcción de Michela McKay, una policia moralmente ambigua que el lector no termina de situar  entre lo que está bien y lo que está mal en lo que se refiere a su trabajo. García Llovet se aleja por completo del detective clásico y construye una protagonista que nunca termina de resultar transparente. Michela es policía, pero se mueve por un territorio donde la legalidad importa menos que la capacidad de entender cómo funcionan las personas. No parece guiada por un fuerte sentido de la justicia ni por grandes convicciones morales; más bien acepta que el mundo en el que vive está lleno de zonas grises y actúa en consecuencia.

García Llovet nunca siente la necesidad de explicarla psicológicamente ni de justificar sus decisiones; prefiere dejar que el lector vaya completando el personaje a través de sus gestos, sus silencios y su manera de recorrer la ciudad. Aparentemente puede parecer que Michela no evoluciona demasiado. Y eso, que en otra novela podría interpretarse como una debilidad, aquí juega a favor del conjunto, porque el arco no pertenece tanto al personaje sino al lector. A medida que avanzamos, no cambia tanto Michela como nuestra comprensión de ella y del Benidorm por el que se mueve. Ese paralelismo encaja muy bien con la escritura elíptica de Esther García Llovet, que sugiere mucho más de lo que explica.

 

"Quiere el hedonismo español. Ese hedonismo dionisíaco que deben ver solo los turistas y las agencias de viajes porque la realidad es que aquí lo que estamos es siempre muy enfadados y muy quemados, y no precisamente por el sol. Así que el ruso quiere ese hedonismo que no disfrutamos, quiere esos precios que no podemos permitirnos y quiere esa siesta que tampoco nos echamos. La fiesta de Benidorm."


Parte del interés del personaje reside precisamente en todo aquello que la autora decide no verbalizar. Michela parece vivir entre dos mundos. Su apellido anglosajón y su relación con la comunidad británica de Benidorm la convierten en alguien que nunca termina de pertenecer del todo a ningún sitio. Esa posición liminal le permite observar la ciudad con una mezcla de cercanía y distancia, como si formara parte de ella y, al mismo tiempo, permaneciera siempre un paso al margen. García Llovet construye así un personaje de silencios y gestos mínimos, cuya aparente frialdad puede interpretarse tanto como un rasgo de carácter como un mecanismo de protección. Esa ambigüedad, lejos de restarle fuerza, es precisamente lo que la convierte en un personaje tan sugestivo

Es, además, una novela un tanto engañosa. La abundancia de diálogos y una premisa que, sobre el papel, parece responder a los códigos más reconocibles del género negro —una detective que busca a una persona para dar con algo— pueden hacer pensar que estamos ante una investigación más o menos convencional. Sin embargo, la trama acaba funcionando casi como una excusa. A medida que avanza la búsqueda, García Llovet va dejando caer pequeños fragmentos de la vida de Michela, breves destellos de su pasado que aparecen casi como fogonazos, en una suerte de montaje cinematográfico. En ningún momento interrumpen el ritmo de la narración ni pretenden explicarlo todo; al contrario, sirven para completar el personaje sin despojarlo de su misterio. Al final, la investigación importa menos por su resolución que por el camino que recorre y por todo lo que revela, de forma indirecta, sobre la protagonista y el mundo que habita.

Al final, la sensación que me queda es que la trama no es el verdadero centro de Spanish Beauty, sino el dispositivo narrativo del que se sirve Esther García Llovet para explorar otras cosas. El caso policial es el hilo del que tira para hablar de Benidorm, de Michela y de un determinado paisaje moral, mucho más que para construir un misterio cuya resolución sea el principal atractivo de la novela. De ahí que el resultado sea una narración fragmentaria, muy elíptica y llena de espacios en blanco que el lector debe completar. Es una forma de narrar que puede descolocar si uno espera un noir más convencional, pero que termina dotando a la novela de una personalidad muy marcada.

En mi caso, este primer acercamiento a Esther García Llovet ha sido muy satisfactorio. Me ha dejado con la sensación de haber descubierto una voz distinta dentro de la literatura española contemporánea, una autora capaz de convertir un escenario tan reconocible como Benidorm en un territorio literario propio y de construir personajes que permanecen en la memoria precisamente por todo aquello que deciden no revelar.


...las sombras de los rascacielos sobre la playa, cada vez más altas, sombras kilométricas que se adentran sobre la superficie del mar tibio a las diez de la noche, mientras las familias cenan pollo frito en la orilla, Godzillas de acero mediterráneo sobre la arena fría del amanecer.”

 

Comentarios

  1. Lo hemos comentado varias veces, eso de no leer mucho sobre escritores nacionales. Asumo mi parte de culpa, supongo que a veces nos atrae más lo que no conocemos... pero muchas veces pasa eso que has comentado, que no intentan buscar una voz propia como si hacen, por ejemplo, en latinoamericano, donde han sabido adaptar su cultura y folclore para buscar una identidad.

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    1. Yo creo que losautores españoles más interesantes están bastante escondidos. Al final siempre acaban sonando los mismos nombres, los que encajan mejor en el circuito editorial, mediático y cultural dominante. Eso hace que tengamos la sensación de que aquí falta una voz propia, cuando en realidad hay autores con muchísimo más carácter, más arraigados a nuestra historia, y nuestra forma de ver el mundo. El problema es que para encontrarlos hay que rascar bastante, porque rara vez son los que más promoción reciben.

      Por otra parte es muy difícil llegar a ellos si nadie te los recomienda pq no puedes comprar todo lo que se publica, así q yo diría q la baza podría estar en las pequeñas editoriales independientes q son las q más se arriesgan. Hay que rebuscar mucho para encontrar esas voces distintas que no están en todos los escaparates. Y ya te digo que más de una vaca sagrada de la literatura española actual ha conseguido justo lo contrario: mantenerme alejada de la literatura española contemporánea durante bastante tiempo por eso mismo q dices.

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