[ Interludio ] Marzo

 

Luna y Setsuko Hara

 

 


 

A raíz del visionado de Resurrection (2025, Bi Gan) me encontré estableciendo conexiones. No fue una idea construida, sino una especie de eco: una vibración en la memoria. Mientras la película desplegaba sus episodios oníricos —ese mundo donde la humanidad ha perdido la capacidad de soñar y una mujer emprende la tarea imposible de devolverle el sueño— yo sentía que el tiempo no avanzaba, sino que se plegaba sobre sí mismo.  En ese repliegue apareció casi sin mediación Millennium Actress (2001, Satoshi Kon).

 

En la película de Bi Gan, la memoria no se organiza como relato sino como atmósfera. La historia parte de una premisa simbólica: en un mundo donde la humanidad ha perdido la capacidad de soñar, una mujer emprende la misión de “resucitar” el sueño y la memoria. A lo largo de diferentes segmentos ambientados en épocas distintas —desde paisajes rurales y escenarios revolucionarios hasta ambientes urbanos contemporáneos y futuristas— la película sigue a personajes que parecen encarnar fragmentos de memoria colectiva. Cada episodio adopta un estilo visual diferente, evocando distintas etapas del cine (cine mudo, cine negro, melodrama, ciencia ficción), como si la propia historia del séptimo arte fuera un archivo de sueños que se resiste a desaparecer. Los personajes atraviesan tiempos y espacios sin una lógica lineal clara: la continuidad es emocional y sensorial, no argumental. Cada segmento remite a una época distinta de la historia china (siglo XX especialmente), pero filtrada a través de géneros cinematográficos.

Es una materia densa que envuelve los cuerpos y los arrastra hacia zonas donde la identidad se vuelve porosa. Los personajes atraviesan paisajes rurales, escenarios revolucionarios suspendidos entre la épica y la ruina, ciudades contemporáneas deshumanizadas, futuros casi espectrales.  El cine no es representación: es médium. Resucita rostros. Conserva gestos. Hace volver lo que ya no está.

En Millennium Actress, en cambio, la memoria es montaje vertiginoso. La vida de Chiyoko se confunde con las películas que protagonizó; los decorados y los géneros se funden con su biografía. No puedo distinguir dónde termina el personaje y dónde comienza la actriz. Su identidad es una superposición de imágenes. Ella atraviesa la historia japonesa —la guerra, la modernización, la ciencia ficción— como si su cuerpo fuera la superficie donde el siglo se inscribe. La asociación con Resurrection estaba hecha precisamente porque en ambas películas se hablaba de memoria, de fragmentación del tiempo, de la historia de dos países a través de su cine, de una mujer que está en la sombra a punto de desaparecer.

Mientras veía Resurrection, pensaba que el cine es una máquina de reanimación. Mientras recordaba Millennium Actress, comprendía que también es una máquina de insistencia: las imágenes no mueren, se transforman. Y en esa transformación yo mismo me veía implicada. No estaba simplemente observando películas; estaba recorriendo mi propia memoria del cine, mi educación sentimental hecha de imágenes.

Desde ahí, casi inevitablemente, surge la figura de Setsuko Hara porque es imposible hablar de Millenium Actress sin evocarla. La conexión entre Millennium Actress y Setsuko Hara es casi inevitable —aunque Satoshi Kon nunca hiciera una biografía explícita— porque Millennium Actress parece dialogar directamente con el mito que rodea a Setsuko Hara, especialmente su retiro tras la muerte de Yasujiro Ozu. Setsuko Hara se retiró en 1963, tras  la muerte de Ozu, y nunca volvió al cine ni dio explicaciones públicas. Esa retirada radical construyó una figura casi espectral: la actriz que decide desaparecer, se convirtión en un fantasma. El mito de Setsuko Hara incluye la idea (nunca confirmada) de un vínculo espiritual singular con Ozu: no necesariamente romántico, pero sí profundamente formativo. Tras su muerte, Hara desaparece, como si el vínculo que la sostenía hubiese terminado. 

Chiyoko, en Millennium Actress, también se retira y vive recluida. Sólo puede ser reconstruida por el relato y el recuerdo. Persigue durante toda su vida a un hombre que es más imagen que persona, más promesa que realidad. Su fidelidad no es a un individuo, sino a una visión, a una ilusión. Y en esa fidelidad encuentro algo profundamente moderno: la identidad sostenida por una imagen que nunca se alcanza.

Donde la historia de Setsuko Hara termina en el silencio, Satoshi Kon propone una resurrección perpetua a través del montaje. Donde Bi Gan disuelve la memoria individual en una memoria colectiva —la de un país, la del propio cine— Kon convierte el mito de la actriz en una reflexión sobre la imposibilidad de la desaparición.

Al pensarlo, comprendo que lo que me une a estas obras no es sólo su temática sino la memoria sensorial. Mi memoria también está hecha de escenas, de rostros que no conozco pero que siento íntimos. El tiempo, para mí, tampoco es lineal: es un archivo que se activa por asociaciones, por resonancias. Veo una película y reaparece otra, leo un libro, y se convierte en otro. Un plano largo me conduce a un montaje vertiginoso. Un rostro ficticio me lleva al recuerdo de una actriz real que decidió convertirse en pura imagen antes de difuminarse en una desaparición lúcida y consciente.

De Resurrection a Millennium Actress, de Chiyoko a Setsuko Hara, de la ficción al mito, lo que recorro no es una historia del cine, sino una forma de estar en el tiempo. El cine como espacio donde el pasado no desaparece del todo, donde el tiempo se repliega y la identidad se vuelve inseparable de las imágenes que la sostienen.

El pasado no es más que el reflejo de tus recuerdos. La forma en que recuerdas los acontecimientos se convierte en la verdad aunque en el fondo sea solo una ilusión. Y al final, mientras las películas terminan, queda esa sensación inquietante: tal vez no soy yo quien recuerda las imágenes, sino ellas las que me recuerdan a mí. En verdad no es lo que ocurrió sino cómo lo vivimos. Tanto en Resurrection de Bi Gan como en Millenium Actress de Satoshi Kon está representado el cine como forma de sueño colectivo. Setsuko Hara es el eslabón final en este para mi juego de asociaciones encadenadas.

 

 

Yasujiro Ozu y Setsuko Hara





 

Setsuko Hara




Resurrection, 2025, Bi Gan






Millenium Actress, 2001, Satoshi Kon



Comentarios

Entradas populares de este blog

Ya nadie escribe cartas, de Jang Eun-jin

El señor Fox, de Joyce Carol Oates

La picadura de abeja, de Paul Murray