Picnic extraterrestre, de Arkadi y Boris Strugatski

 


🎵🎵🎵  Visitors from Heaven - Inverted World & Dragota🎵🎵🎵


"Un picnic. Imagine un bosque, una pradera. Un coche sale de la ruta y de él baja un grupo de gente joven, con botellas, cestos de comida, radios a transistores y máquinas fotográficas. Encienden fuego, arman carpas,boonen música. Por la mañana se marchan. Los animales, los pájaros y los insectos que los han estado observando horrorizados durante la larga noche vuelven a salir de sus escondrijos.  ¿Y con qué se encuentran? Nafta y aceite derramados en el pasto . Válvulas y filtros usados, estropajos, alguna llave inglesa que alguien olvidó.  También por supuesto las basuras de costumbre. Un picnic sobre el camino en el cosmos y usted pregunta si van a volver."


Hay algo casi insoportable en esa imagen, y no por la devastación material —esa suciedad abandonada tras el paso de los visitantes—, sino por la indiferencia que revela. Los Strugatski  comparan esto a una parada de unas naves extraterrestres en un lugar y abandonándolo poco después dejando misteriosos desperdicios fruto de este picnic alienígena. Pasaban por allí y se marcharon. Ese lugar se convirtió en La Zona. No fue una invasión, ni un mensaje cifrado, ni siquiera un gesto hostil: fue simplemente, un descuido. Y sin embargo, frente a esa posibilidad, el ser humano reacciona como siempre ha hecho: negándose a aceptar que no ocupa ningún lugar central en el acontecimiento.

Porque si algo pone en evidencia ese “picnic extraterrestre” es nuestra incapacidad para concebir un universo en el que no seamos el centro. Todas las teorías que surgen en torno a la Visitación —las señales ocultas que podrían sugerir que buscan un reencuentro, la vigilancia encubierta que podría demostrar que viven ya entre nosotros, la expectativa de un contacto futuro— no son más que variaciones de un mismo impulso: el de reintroducir al hombre en el centro del sentido. Incluso lo que podría ser la amenaza de una futura visita, resulta más tranquilizadora que la indiferencia, porque al menos nos concedería un papel en el cosmos.


"No repararon en nosotros. No nos   prestaron atención."


Lo verdaderamente perturbador de la novela no es, entonces, la presencia de lo extraterrestre, sino la posibilidad de que ese acontecimiento no signifique nada para nosotros. O que haya ocurrido sin intención, sin mensaje, sin siquiera una mirada. Como si el cosmos, lejos de organizarse en torno a nuestra existencia, nos atravesara accidentalmente, dejándonos —como a esas hormigas que salen temblando de sus escondites— frente a los restos incomprensibles de algo que nunca estuvo dirigido a nosotros.

La historia se sitúa en una de esas Zonas que han quedado alteradas tras la Visitación. Son lugares donde las reglas normales ya no sirven: aparecen objetos extraños, fenómenos que nadie entiende del todo, y un intento bastante torpe por parte de los humanos de controlarlo todo —científicos, controles, vigilancia…—. Pero donde de verdad se mueve la vida es en los márgenes, con los stalkers o merodeadores, que entran ilegalmente para sacar objetos y venderlos. Uno de ellos es Redrick Schuhart, y lo interesante es que su relación con la Zona no tiene nada de épica ni de misterio elevado: es más bien desgaste, peligro constante y una forma de ganarse la vida en un entorno que nunca termina de comprender. Red Shuhart es la prueba de la supervivencia del ser humano, no se cuestiona nada ni quiere profundizar en esta visitación, lo único que de verdad le interesa es lo que los objetos abandonados en la zona le pueden suponer para mercadear con ellos.

Más que insistir en lo pequeños que somos, la novela plantea algo más incómodo: que quizá el mundo no esté hecho de manera que nuestra pregunta por el sentido tenga respuesta. No es solo que el universo sea enorme, es que puede que no haya ningún orden pensado para incluirnos. Y en ese caso, todo lo que intentamos entender, todo el sentido que creemos encontrar, podría ser en gran parte algo que nosotros mismos proyectamos sobre lo que nos rodea, el ombliguismo humano.


"Me pregunta usted en qué consiste la grandeza del hombre? ¿En que recrea la naturaleza?  ¿En que domina las fuerzas cósmicas? ¡No! En que a pesar de todo eso, ha sobrevivido y tiene  intenciones de seguir sobreviviendo en el futuro."


En este punto es donde se percibe con más claridad la habilidad de los hermanos Strugatski: sus historias acaban convirtiéndose en dilemas existenciales. Llega un momento en que lo que está en juego ya no es tanto qué ocurre en sus historias, sino cómo se posicionan los personajes ante algo que no pueden comprender ni controlar, y no solo los personajes, sino el mismo lector.. Y ese desplazamiento es clave, porque hace que la propia trama quede casi en segundo plano, absorbida por la pregunta —mucho más incómoda— sobre cómo vivir en un mundo que no responde.

En el fondo, Picnic extraterrestre no trata solo de que la Zona sea incomprensible, sino de algo más cercano: de nuestra insistencia en comprender de todos modos donde igual no haya mucho que comprender aparte de restos de basura abandonada. No podemos evitar mirar el mundo como si estuviera dirigido a nosotros, como si hubiera algo detrás esperando ser descifrado, incluso cuando todo apunta a que, quizá, no haya nada, ¿o si?

Hay una frase en Picnic extraterrestre que funciona casi como un síntoma más que como una pregunta: 

«Ellos vinieron y se fueron enseguida. ¿Qué pasaría si volvieran y decidieran quedarse?». 

En este dilema no solo hay inquietud, sino una forma muy humana —demasiado humana— de situarse en el centro del mundo. Porque incluso ante algo que desborda por completo cualquier intento de comprensión, los personajes siguen pensando en términos de intención, de regreso, de decisión. En el fondo, siguen dando por hecho que todo tiene que ver con ellos mismos. Como sugiere la metáfora del picnic, lo que queda no es un mensaje dirigido a nosotros, sino basura abandonada. En la condición humana  hay una tensión constante entre lo que el mundo ofrece —a menudo opaco, indiferencia, vacío— y lo que nosotros necesitamos encontrar en él, un sentido. No dejamos de buscar significado, de intentar encajar lo que nos ocurre dentro de algún tipo de relato que lo haga soportable o inteligible, aunque no haya garantías de que ese sentido exista fuera de nuestra propia necesidad de construirlo. Son unos autores muy interesantes los Strugatski porque la historia, bajo la máscara  de ciencia ficción, nos revela que el ser humano frente a lo incomprensible queda reducido a instinto, repetición, supervivencia.

La traducción es de Raquel Marqués García 


"El problema es que no nos damos cuenta de cómo se van los años, pensó. Al diablo con los años; no nos damos cuenta de que todo cambia. Sabemos que todo cambia y vemos cambiar las cosas con nuestros propios ojos, muchas veces; sin embargo somos totalmente incapaces de reconocer el momento en que el cambio se produce, o lo buscamos donde no está."


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