El jardín de Reinhardt, de Mark Haber
♫♫♫ Melancholy - Human Tetris ♫♫♫
“ya que Croacia y la tierra croata le traían a la mente los recuerdos más espantosos e inextricables de su juventud. Maldigo esta repugnante tierra croata, despotricaba , esta tierra me da urticaria, bramaba, esta tierra, que es más endeble y descompuesta y cruel que otras tierras. Deseando estoy de cruzar la frontera, porque no hay país que tenga una tierra tan fea..
y en cuanto entremos en Austria, me bajaré del carruaje y besaré la tierra austríaca, no porque sea tierra austríaca, que no es diferente de la serbia, la húngara o la eslovena, ¡sino solo porque no es tierra croata!"
En la crónica que escribí sobre El abismo de San Sebastián, la novela con la que descubrí a Mark Haber, contaba que a lo largo de los años ha dejado de interesarme leer críticas sobre libros o cine precisamente porque casi siempre tengo la impresión de que no se despierta la curiosidad por esa obra a través del mundo de las sensaciones o las impresiones, sino que siempre acabo teniendo la impresión de que los críticos oficiales se centran más en ellos mismos que en la obra que vienen a discutir: una critica académica que pretende ser tan objetiva que al final acaba olvidándose de la obra en cuestión, y el ejercicio se acaba convirtiendo en un destripe con puntos y comas de un libro, por ejemplo, o una película, sin dejar espacio al lector para que pueda sentir un mínimo de curiosidad. Este se podría decir que era un tema importante en aquella novela y aquí en El jardín de Reinhardt, se vuelve a abordar lo mismo más o menos, en la que Haber construye una parodia del mundo de los escritores olvidados y de la crítica literaria, y lo hace con ese tono humorístico que tanto me llamó la atención en esa primera novela. La dimensión más interesante del humor en El jardín de Reinhardt es que funciona como parodia del mundo literario, especialmente de tres cosas: los escritores olvidados, los críticos obsesivos y el propio acto de interpretar literatura. Mark Haber construye la novela casi como un juego entre él y el lector.
El argumento es deliberadamente mínimo tal como era en El abismo de San Sebastián: a comienzos del siglo XX, Jacov Reinhardt se obsesiona con escribir un tratado sobre la esencia de la melancolía, de modo que abandona su pequeño pueblo de Croacia para internarse junto a su fiel amanuense, un narrador sin nombre, en lo más profundo de la selva sudamericana en una búsqueda de Emiliano Gómez Carrasquilla al que considera su mentor. El narrador sin nombre, a partir de fragmentos, recuerdos, hipótesis interpretativas intenta reconstruir la figura de su admirado Jacov Reinhardt. Lo hilarante es que lo que yo creía que iba a ser una novela en torno al viaje a Sudamérica a la búsqueda de Carrasquilla, se convierte en una pura digresión en la que el narrador sin nombre abandona la narrativa en torno al viaje para internarse en una variante de historias una tras otra, sin saber exactamente el lector donde está situado. ¿No iban a internarse en la selva buscando a Carrasquilla??? Estas digresiones me hicieron dudar en varios momentos de dónde me encontraba situada en la historia en una novela que me arrancó más de una carcajada.
"explicaba las ideas más sutiles y originales sobre la más esquiva de las emociones: la melancolía, que no es un sentimiento, sino un estado de ánimo; no es un color, sino un matiz; no es la depresión pero la felicidad tampoco, un ámbito enigmático..."
Realmente el tema base en la vida de Jacov Reinhardt, el estudio de la melancolía, podría funcionar como una excusa, o un motor para la digresión, pero no solo es un pretexto narrativo, también es la atmósfera psicológica lo que hace posible que el narrador sin nombre se desvíe continuamente de su pensamiento errante, de modo que llegué a la conclusión de que el verdadero personaje de la novela no es Jacov Reinhardt sino la mente obsesiva que intenta reconstruirlo, el narrador sin nombre, el amanuense. En la novela, Reinhardt aparece como un escritor misterioso, casi mítico, al que algunos estudiosos consideran importantísimo pero casi nadie lo ha leído, sus libros apenas circulan, y apenas se sabe nada de él. Lo que sabemos de él lo está construyendo frente a nuestros ojos el amanuense, se puede decir que le está dando una nueva identidad. El narrador trata a Reinhardt como si fuera un genio comparable a grandes figuras de la literatura europea, pero el lector percibe que esa grandeza está construida más por la obsesión de los críticos que por las obras mismas, y en este caso, se va construyendo paso a paso por el narrador, el único punto de vista. La novela se burla suavemente de la idea de que la literatura siempre tenga un significado profundo y se preste a mil interpretaciones, la fascinación por los autores marginales en espera a ser descubiertos, un fenómeno que no tiene mucho que ver con los mismos autores sino con lo que se montan en la cabeza ciertas mentes obsesionadas en descubrir algo de la nada, porque a veces son realmente la nada. El humor soterrado surge del contraste entre la grandeza proclamada y la falta de pruebas.
"Los filósofos han tildado la melancolía de enfermedad, aseguran que es una tristeza sin razón, pero yo estaba convencido de que era la tristeza de la razón. Cuando uno está melancólico ve la realidad con total lucidez."
Para mí el rasgo que mejor identifica las dos novelas de Mark Haber es precisamente ese humor tan particular que se gasta: no es un humor de situaciones cómicas directas, sino más bien obsesivo y ligeramente absurdo, que surge del propio modo en que el narrador piensa y habla. Habla sin parar en un monólogo obsesivo construyéndose un personaje en su mente, Reinhardt, disfrazando de erudición desmesurada lo que pronto seremos conscientes de que realmente poco o nada sabe de él. El narrador analizará cada detalle como si fuera algo trascendental consiguiendo un humor muy sutil, y se podría decir que este humor nace precisamente de lo serio y erudito que se cree, y la ridiculez de su obsesión, porque esa figura adorada realmente podría ser el vacío.
"así que "La Muerte De Iván Ilich" era un completo misterio, apareció con un golpetazo ensordecedor entre la rutinaria pila, y, aunque se parecía a otros libros, lo que contenía dentro le arrqncó el alma ."
En la novela, el protagonista Jacov Reinhardt y su círculo pasan por Rusia y visitan a Tolstói durante sus viajes antes de la expedición a Sudamérica. Haber mezcla personajes históricos reales con personajes inventados. Tolstói aparece como una figura real dentro de ese universo narrativo, mientras que otros nombres que suenan históricos (como ciertos filósofos o psicólogos) son ficticios. Este procedimiento crea una sensación de historia intelectual europea “real”, aunque muchas piezas del rompecabezas estén inventadas. Haber utiliza a Tolstói para algo muy característico de su novela: difumina la frontera entre historia real y ficción y crea un simil imaginario de la melancolía. El lector, como ocurre a menudo en el libro, no siempre sabe qué es histórico y qué es inventado, lo cual forma parte del humor y del estilo del relato.
Me interesa mucho Mark Haber, por un lado, se burla del fenómeno del “genio olvidado”: autores apenas leídos cuya supuesta grandeza son defendidos con fervor por pequeños círculos de estudiosos. Por otro, caricaturiza el estilo de la crítica académica, capaz de inflar infinitamente detalles mínimos. Pero la parodia nunca es cruel. En el fondo el libro expresa un amor genuino por la literatura y por quienes la estudian con pasión. La inocencia erudita del narrador tiene un fondo de afecto y pura melancolía porque se obsesiona por el deseo de salvar a Reinhardt del olvido y a través de este viaje lo que hace es construirse un personaje en su mente que realmente no tiene nada que ver con la realidad. Quizás Mark Haber lo que quiere es sugerir que tal vez Reinhardt no fue tan importante, pero también que el impulso de rescatarlo dice algo esencial de su narrador, y sobre quienes aman los libros. Me encanta Mark Haber.
La traducción es de Carlos Jiménez Arribas
"y cómo había empezado nuestro vínculo en lo que parecía el.pasado remoto, fábula o sueño todo ello ya, pues ¿qué es el pasado sino un sueño colectivo compartido por los personajes del sueño?"
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El mundo de la literatura es extraño, por eso suelo escapar de las críticas serias y doctas llenas de referencias. Me gustan más tu estilo, das pinceladas, opinas desde lo que eres y te dejas de grandilocuencias... Lo otro es dar vueltas en círculos buscando una farola sobre la que orinar....
ResponderEliminar😂, lo de “dar vueltas buscando una farola donde orinar” aplicado a la crítica le encantaría a Mark Haber, porque justamente algo de eso parodia en su novela 🙂. De hecho, pensándolo bien, esta pequeña conversación entre nosotros casi podría servir como un resumen bastante fiel de lo que él intenta explicar allí.
EliminarEn todo caso, valoro mucho tu comentario, Beau, porque señalas algo que intento cuidar en mis crónicas: no esconderme detrás de un informe técnico ni de una crítica llena de aparato, sino escribir desde mi experiencia como lectora y compartir impresiones. No sé si siempre lo consigo, pero uno de mis objetivos es sugerir más que explicar de qué va una obra.
A mí la crítica entendida como demostración de erudición nunca me ha interesado demasiado. Más bien creo que debería hacer lo contrario: despertar la curiosidad por el libro, no sustituir la lectura.
Al final me gusta pensar que una reseña debería preservar algo del misterio del libro y, sobre todo, invitar a descubrirlo.
Así es como lo entiendo yo que deberían hacerse las críticas, saber lo que has sentido, lo que te ha removido.. quizás esas sensaciones yo no las sienta, claro, somos diferentes, pero otras veces sí o, al menos, vengo aquí y comparamos notas..
EliminarMe da pena que no haya más gente por aquí, la verdad... ellos se lo pierden.
Beau, un amigo me decía hace poco que tener un blog hoy en día es una anacronía. Probablemente tenga parte de razón: en un mundo dominado por redes rápidas, vídeos de segundos y la lógica del scroll infinito, sentarse a escribir textos algo ladrillos y mantener un blog parece algo de otra época, A pesar de todo eso, para mí tiene sentido seguir escribiendo: por compartir impresiones sobre lo que leo y por el espacio que se crea alrededor de esas lecturas. Un espacio un poco al margen del ruido habitual de internet, algo más personal y aislado.
EliminarAun así, tengo la sensación de que hay gente que lee el blogny no lo digo solo por lo que me marcan las estadísticas. Lo noto en la cadencia de ciertas visitas, en algún comentario ocasional o en mensajes privados. Quizá muchos lectores están ahí, pero son más perezosos a la hora de escribir o dejar constancia de que han pasado por el texto. Leer es una experiencia solitaria; comentar exige un pequeño esfuerzo extra.
También es verdad y en mi contra 🙃 admito que la selección de libros que aparece por aquí no busca lo complaciente. Puede que sea algo caótica en el sentido más personal: no suelo leer demasiadas novedades editoriales ni elijo los libros dependiendo de premios, salvo alguna excepción. Muchas veces los libros llegan por caminos más íntimos, más caprichosos y esta es una experiencia que también me gusta compartir.
Una anacronía según se mire. Creo que disponer de ese espacio personal (gratuito sin extracción de datos) en la que compartir y publicar sensaciones con respecto a cualquier cosa es parte de la [perdón por ponerme intenso] 'misión de internet'. Es verdad esa pereza de dejar constancia, estamos en una época pasiva, pero hay que hacer un esfuerzo por crear comunidad, porque eso la hace más fuerte. En cualquier caso, te leo y me encanta pasarme por sitios como este. Lo real de internet ya no pasa por decir, como están llenos la mayoría de sitios indies ahora, lo que no nos gusta de internet, pasa por seguir hablando de lo que nos gusta o nos merece la pena subrayar.
Eliminar@jmiro : muchas gracias por leer y por este comentario tan reflexivo en torno al lugar de la blogosfera en estos tiempos.
EliminarEn realidad lo único que intento aquí es mantener una voz personal. Compartir sobre todo libros que me llaman la atención o que me producen alguna impresión, con la esperanza de que a veces esas sensaciones resuenen en alguien más. En mi entorno cotidiano no siempre tengo esa afinidad para hablar de estas cosas, así que el blog acaba siendo también una forma de abrir esa conversación hacia afuera.
También hay algo que es muy importante y que a veces queda un poco oculto y que tu mencionas: el sentido de comunidad, aunque sea una comunidad muy pequeña y en gran parte silenciosa. No me preocupa demasiado si la mayoría de quienes pasan por aquí no comentan; en los blogs siempre ha existido ese lector discreto que lee con calma y sigue su camino. Lo que sí me importa es la sensación de que ese compartir tenga algún sentido, que lo que uno escribe encuentra de vez en cuando eco en alguien al otro lado. Si este espacio sirve para eso —para que unas pocas personas vuelvan de vez en cuando, lean con atención y sientan cierta afinidad— entonces ya existe, aunque sea de forma casi invisible, una pequeña microcomunidad que hace que todo esto merezca la pena.
Muchas gracias de nuevo, no tenía ni idea de que esta crónica sobre la novela de Mark Haber iba a crear unas reflexiones tan interesantes sobre la blogosfera :)