Qué difícil es ser Dios, de Arkadi y Boris Strugatski

 


♫♫♫ The Host of Seraphim - Dead Can Dance ♫♫♫  


 

"- Anton, aquí somos dioses, y tenemos que ser más inteligentes que esos dioses de leyenda que las gentes de aquí se forjan, de cualquier manera, a su imagen y semejanza. Y avanzamos como por el borde de un cenagal."


Conocía a los hermanos Strugatski, Boris y Arkadi, sobre todo por referencias porque algunas de sus obras se han llevado al cine y tenía curiosidad porque las películas en su momento ya me hicieron ver que no era una ciencia ficción en el sentido prototípico del término. Esto no va de tecnologías ni de mundos exóticos, ni de naves especiales sino que los hermanos Strugatski abordan, por lo menos en esta novela, cómo alguien con valores humanistas se ve obligado a mirar la violencia, la barbarie y el abuso sin poder intervenir. "No hay nada que valga tanto como el tiempo, pensó. Una hora puede valer toda una vida, un día no tiene precio ." De alguna forma esta novela me volvió a llevar a El Director de Daniel Kehlmann porque aquí también se aborda el dilema moral de hasta qué punto uno se convierte en cómplice en épocas de horror cuando no toma partido y solo observa. Aquí los autores construyen un escenario ubicado en una  Edad Media, especialmente brutal, para enfrentarnos a una idea que podría ser la neutralidad moral y para ello eligen a Anton, un historiador/explorador proveniente de la Tierra en algún momento del futuro, ya una civilización muy avanzada donde la humanidad ha superado la barbarie, la violencia y la desigualdad. En la Tierra que plantean los Strugatski se sugiere que se ha alcanzado un nivel de civilización sin jerarquías que hubieran podido conducir a un abuso de poder y a la desigualdad. Así que, Anton el explorador e historiador, es enviado por el Instituto de Historia Experimental como observador a un planeta llamado Arkanar, un planeta detenido en una época feudal de lo más salvaje y brutal, en el que el poder es sostenido eliminando cualquier tipo de cultura, intelectuales y  artesanía, usando además el miedo como herramienta de control. En este planeta, Anton adoptará el nombre de Don Rumata, un noble temido y muy respetado, casi mítico por la fuerza y la sabiduría que emana.


"El quid de la cuestión está ahí, en que la psicología de estos monstruos es un laberinto. Comprenderla es más difícil que comprender la psicología de las civilizaciones no humanas. Todos sus actos pueden ser explicados, pero preverlos es casi imposible. Sí, hay muchas probabilidades de que muriera de tristeza."


El Instituto de Historia Experimental se dedica a observar civilizaciones menos desarrolladas sin intervenir para así de esta manera estudiar los procesos históricos naturales. Rumata será uno de estos observadores neutrales y aquí lo esencial estará no solo en quién lo envía, sino en las órdenes que lleva: no intervenir para acelerar  el proceso en que estén sumergidos, no interferir políticamente y no usar la tecnología avanzada de la que podría echar mano Rumata (a veces sin embargo si echa mano de algún helicóptero para moverse). Llegado un punto Anton (al que se referirán en algún momento  como "el que viene de los cielos"), imbuido en su personaje de Rumata casi asume una postura divina frente los pobladores de Arkanar porque aunque es un ser humano como cualquier otro, los pobladores de Arkanar reconocen en él unos conocimientos que ellos no comprenden: él emana fuerza, tranquilidad y armonía, por eso los habitantes de Arkanar lo ven como un ser divino. Y aunque la Tierra cuando envía estos observadores nunca pretendió que fueran adorados, esta adoración, o esta percepción de que es un ser divino, viene exclusivamente de cómo lo ven los pobladores. Rumata se convierte en “dios” por la necesidad y admiración de otros, no porque la Tierra le haya dado ese rol.Y aquí surge uno de los primeros dilemas que plantea la novela: los observadores tienen un poder real basado en conocimiento, influencia y tecnología, pero no pueden intervenir para mitigar de alguna forma el sufrimiento de la población que está sometido este estado totalitario feudal.


"Llevaba seis años arrastrando aquella extraña vida, aquella doble vida, y podía decir que ya se había acostumbrado a ella. Pero de vez en cuando, como ahora por ejemplo, pensaba que todas aquellas atrocidades organizadas y aquella aguzada incultura no eran reales, sino fingidas, y que todo pertenecía a una extraña representación teatral cuyo papel principal lo desempeñaba él, Rumata."


Lo más arrollador de esta historia está en el personaje de Rumata porque los hermanos Strugatski nos muestran su lucha interior, su sufrimiento, y porque llegado un punto, lo más aterrador no es lo que pasa de cara al exterior sino lo que le pasa a Rumata en su fuero interno. Entiende el horror que presencia, y de alguna forma  no se ve como es un mero observador porque se implica emocionalmente, ha creado vínculos con otros pobladores y se preguntará hasta qué punto Este experimento se está llevando a cabo conmigo y no con ellos…"; se encuentra atrapado entre obedecer las órdenes de no intervenir, o permitir que la barbarie continué. Cada una de sus decisiones tiene un precio,  ninguna  le liberará de la culpa. Es evidente durante la novela que Rumata llevará un sufrimiento a cuestas, porque el intervenir tampoco le haría acabar con la barbarie sino que conllevaría más violencia para cambiar al status quo: los hermanos Strugastski están cuestionando la idea del “salvador sabio” y de alguna forma desmontan que el progreso o la moral puedan imponerse desde fuera sin pagar un alto precio por ello.


"Mientras tanto, en las entrañas del palacio, en uno de los suntuosos salones en que el gotoso Rey lleva veinte años sin ver la luz del sol por miedo a todo el mundo y, carcajeando como un idiota, firma decretos y más decretos condenando a espantosas muertes a los hombres más honrados, madura un tumor monstruoso que puede reventar de un momento a otro."


Los Strugatski no están hablando solo de Rumata ni de Arkanar, sino de una pregunta que trasciende la ciencia ficción: en cualquier situación donde alguien tiene capacidad de cambiar la vida de otros radicalmente, ser justo es imposible. Es una novela que plantea dilemas muy importantes que reconocemos hoy en día: ¿la neutralidad y la abstención son una forma de complicidad? Y esta sea quizás la tragedia en la que vivirá Rumata, que tampoco en ningún momento contemplará la opción de volver a su Tierra entre otras cosas porque ya está vinculado a Arkanar a través de algunas personas. Qué difícil es ser Dios sigue siendo bestialmente vigente porque nos recuerda que las decisiones, grandes o pequeñas, siempre tendrán un costo moral. En un momento de la novela alguien con quien ha establecido vínculos después de los cinco años que lleva en Arkanar, le dirá: "No se puede ser amigo a medias porque eso es lo mismo que ser enemigo a medias." Una frase que resume perfectamente el dilema en el que se encuentra sumergido Rumata, y  el mismo Rumata en un momento dado de la novela, sumergido en uno de esos conflictos internos se dice a sí mismo “¡Qué dificil es ser Dios” porque es el momento en que es consciente que ser Dios implicaría actuar con poder absoluto sin sentir culpa, sin dudar, sin sufrir por la injusticia de los demás y esto le haría deshumanizarse. Rumata siente demasiado y sufre por ello. Lejos de ofrecer respuestas, los Strugatski obligan al lector a quedarse con la pregunta: ¿qué haríamos nosotros si tuviéramos el poder de cambiarlo todo, pero no el derecho de hacerlo? Un libro incómodo, denso y profundamente humano, que sigue siendo actual porque no habla del futuro, sino de los límites morales del poder y de la imposibilidad de ser neutral frente al sufrimiento. Cualquiera que lo lea ahora reconocerá que el mundo narrado por los Strugatski tiene poco de ciencia ficción, los dilemas morales y éticos siguen más vigentes que nunca porque el mundo no es que haya avanzado demasiado en su humanismo. Disfrazado de ciencia ficción los Strugatski además estaban poniendo en cuestión la Rusia totalitaria en la que vivían. Magnifica novela.

La traducción es de Domingo Santos y Antonio Molina Garcia. 


Le temo a las tinieblas. A la oscuridad también. En la oscuridad nos sentimos dominados por los fantasmas. Pero a lo que más temo es a las tinieblas, porque ellas hacen que todo lo que existe a nuestro alrededor se vuelva gris."

Comentarios

  1. Nunca habría podido hacer documentales de naturaleza porque siempre habría estado intentando salvar la criatura que me pareciese más débil. Y, claro, es una tontería, porque el cordero me puede dar mucha pena, pero el lobo malvado lo mismo tiene cuatro lobitos en casa que se van a morir de hambre...

    Por eso creo que Dios nos abandonó al no saber qué demonios hacer con nosotros...

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    1. Sí, es un buen simil, Beau, pero lo de no interferir ¿No te deshumaniza? No sé, con esta novela se me han planteado cuestiones que no sé dilucidar...

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