Guerra y guerra, de László Krasznahorkai
"y pensó: ay, nunca más, pues con esa llegada regocijante había cortado definitivamente todos los hilos, dejaba de existir el pasado, dejaba de existir Hungría, e incluso lo expresó en voz alta, cuando apremiado por las azafatas, él tambien se dirigió al autobús y volvió a mirar atrás, hacia donde se suponía que estaba Hungría, y pensó: ay, para él esa Hungría había desaparecido para siempre."
Tengo que admitir que tardé en entrar en esta novela de Laszlo K. no porque las frases largas y densas me supusieran un problema, sino porque me costó encontrar la conexión. Me acuerdo todavía como la Introducción de Melancolía de la resistencia fue un flechazo en toda regla, la atmósfera de miedo y de terror que pude sentir nada más empezar esa novela me traspasó. Caos e incertidumbre que a través de las palabras son contagiadas en un terror que envuelve el ambiente. Con Guerra y guerra el proceso ha sido más lento hasta que conseguí pillarle el punto porque la cadencia del lenguaje te acaba envolviendo y es cierto que leer a Laszlo K siempre exigirá atención y paciencia sobre todo por el recurso del lenguaje. De alguna forma tengo que emparentar esta novela con Rituales de Cees Nooteboom, que leí hace poquísimo y no porque se parezcan sino porque la búsqueda del sentido de la vida de nuestra condición humana aquí en Guerra y guerra se hace también muy evidente y el autor lo lleva al límite. "Tomó conciencia de que estaba mortalmente desesperado por causa de la situación del mundo, y esto no se produjo en su caso como consecuencia de un estado de ánimo pasajero, sino en forma de iluminación agudísima , dijo, de esas que se graban para siempre como hierro candente; le llegó la iluminación de que en el mundo no quedaba nada noble, suponiendo que alguna vez hubiera existido algo semejante”. Su protagonista, Gyorgi Korin es un archivista solitario que encuentra un manuscrito que de alguna forma le da una razón para vivir. Su vida cotidiana, kafkiana, gris e invisible, parece llenarse de luz al encontrar un manuscrito que para él será algo vivo en un mundo, el de Europa, o el de su país Hungría, que no solo estará agotado y cansado, sino directamente al borde de la desaparición. A medida que Korin se mimetiza con el texto del manuscrito, irá percibiendo que la búsqueda de sentido no siempre dependerá de comprender el texto sino de cómo le hará sentir, menos agotado y mucho más vivo entregado a algo, en este caso un texto, que tenga sentido y según él, sea un simbolo de eternidad.
"lo había leído cinco veces, es más, quizá incluso diez, pero el carácter misterioso del manuscrito no disminuía, su inexplicable contenido, su indescifrable mensaje no se aclaraba en ningún momento, ocurría, dijo, que precisamente lo que uno no entendía en la primera página tampoco lo entendía en la última y, sin embargo, lo hechizaba, no lo dejaba salir del espacio y del tiempo mágicos en que lo sumía"
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pues, a la vez que uno devoraba las páginas, se convencía más y más de que no había en el mundo nada más importante que cuanto ocultaba ese enigma, esa inexplicabilidad y ese desconcierto, en su caso al menos tal convencimiento se había vuelto ya inextirpable, de que modo que él no tenía qué explicarse por qué hacía cuanto hacía, esto es, porque había subordinado las últimas semanas a esa extraordinaria actividad “
Un archivo guarda la memoria pero es algo inanimado, sin embargo cuando Korin descubre el manuscrito, lo contemplará como algo vivo, inquietante y su necesidad de preservarlo le hará viajar hasta Nueva York en un proyecto para eternizarlo, Korin no confía en la Europa desgastada sino en el Nuevo Mundo. “Pensó, el mundo ardía, y estaba seguro de tener razón, de qué la Tierra ardía, de que ardía también cuanto se hallaba arriba y cuanto se encontraba abajo, él abrigaba el convencimiento de que había llegado el final, señaló para sus adentros, de que era efectivamente el fin del mundo, y asímismo el de los mundos venideros". Los cuatro personajes del manuscrito que atravesarán diferentes épocas a través de guerras interminables, se convertirán para Korin en un refugio. Al igual que Korin no entiende el manuscrito aunque esté hechizado por él, en algún momento yo me sentí igual con esta novela, no sabía adónde me estaba conduciendo la abstracción de un Korin que parece tan aislado tanto en la vieja Europa como en el Nuevo Mundo cuando llega a una Nueva York a la que comparará con Babel. La clave puede estar en que Korin no solo no entiende el manuscrito ni intenta descifrarlo sino que lo único que le queda es creer en él. Lo que realmente le importa es que para él está vivo, que existe de manera intensa y urgente, y que a través de él puede encontrar un sentido que la vida cotidiana europea le niega. En su obsesión, encontramos la expresión más pura de nuestra condición humana: necesitamos creer que algo de nosotros, o de lo que valoramos, puede sobrevivir más allá de nosotros, y que nuestra vida por fugaz que sea, puede tener un propósito.
“y se limitó a señalar la tristeza de encontrarse con un hombre, charlar con él, conocerlo, dejarse influir por él y después perderlo y no volver a verlo nunca, nunca más, lo cual resultaba triste, realmente triste, repitió soltando una carcajada."
La Europa de la que viene Korin parece haber tirado la toalla: saturada de archivos, reglas y memoria muerta, indiferente a lo que realmente importa. Nadie lo escucha, nadie comparte su urgencia; sus palabras se pierden entre funcionarios y desconocidos, mientras él se vuelve cada vez más invisible. "Es posible que el mío sea el primer caso en Estados Unidos, pero yo no he venido para empezar una nueva vida. Yo he venido a acabar con la de antes." Sin embargo cuando encuentra el manuscrito y decide acabar y venderlo todo para poder eternizarlo en el Nuevo Mundo, en la Babel que él pensará que es la ciudad de Nueva York, de alguna forma se nos hace evidente que fuera de esta Europa en aeropuertos y hostales, él habla y habla pero nadie lo escucha. En esta vida real fuera del texto, Korin siempre le estará hablando al vacío aunque esté con gente, en este Nuevo Mundo seguirá sin encontrar un oyente, nadie que lo escuche. De alguna forma, sus discursos nunca tendrán réplica de nadie. Su desesperación, su último anhelo de encontrar vida, no tendrá en ningún momento un interlocutor. Korin estará en esa nueva tierra igual de aislado que en la Hungría de la que viene, nadie lo escuchará de verdad. La verdad es que el lenguaje de Laszlo K. es en este aspecto fundamental para poder entrar en este mundo kafkiano: el desfase entre lo que Korin siente y cómo el mundo lo recibe, se hace incluso doloroso y esto es gracias a cómo el autor húngaro ha conseguido envolvernos dándonos a conocer a Korin.
“pero lo que ocurría en el capítulo sexto, the sixth chapter era del todo diferente, porque allí el lenguaje simplemente dejaba de funcionar y no servía para lo que había de servir, una frase se ponía en movimiento y no quería parar, pero no por precipitarse a un abismo, como quien dice, esto es, no por incapacidad, sino por un rigor complejo, como si, de lo contrario, se abrieran las puertas del infierno"
[...]
venían las palabras en las frases, apretadas y apelotonadas, mas eso no ocurría sin orden ni concierto como en un accidente de tráfico, sino como en un puzzle que se componía a vida o muerte, como un rompecabezas denso, como algo apretado, cerrado, irrespirable, pues sí, más o menos, asintió Korin, cual si todas las frases, all the sentences, fuesen tremendamente importantes, como si de ellas dependiera la vida y la muerte, life and death, así transcurría todo a una velocidad de vértigo, y lo que describían, lo que construían, colocaban y manifestaban, era tan complejo, so complicated, que en el fondo no se entendía nada”
En Guerra y guerra un texto se vuelve un salvavidas porque un hombre creerá ciegamente que será el único objeto que lo escucha; ´Korin siente que el manuscrito le habla y le escucha en una realidad en la que todo le será negado. Mientras que en esta realidad no tiene voz y no es escuchado, encuentra refugio en él y convertirá la misión de su vida en colgarlo en internet para eternizarlo, ya que para él esta red será infinita y eterna, aunque no es muy consciente que esta red dependerá también de la red humana, una vez que no existes ya no serás capaz de mantener un servidor, así que tus páginas, tus blogs, tu mensaje, desaparecerá contigo. Tal como nos hacía ver Nooteboom en Rituales, aquí Laszlo K. también nos recuerda que la búsqueda de sentido a la vida no debe ser una cosa extraordinaria, sino que es una necesidad que nos llevará a aferrarnos a lo que nos haga sentir más vivos. Hay momentos de humor seco, de ironía y de absurdo que alivian la gravedad de la historia, y al final queda la sensación de que una vez más, Laszlo K. nos ha contado algo que ha trascendido más allá del texto.
La traducción es de Adan Kovacsics
"y al fin y al cabo eran unos cuantos miles los que actuaban exactamente igual, corrían indecisos de un lado a otro, con los ojos clavados en letreros y señalizaciones, doblaban a la izquierda, se paraban, vuelta atrás, a la derecha, se paraban, de nuevo vuelta atrás, y finalmente recto, siempre adelante, hasta alcanzar otro momento de desconcierto, una y otra vez"
[...]
procuró no quedarse rezagado, procuró no apresurarse demasiado, procuró introducir el billete de metro en la ranura adecuada, poner cara de indiferencia para no llamar la atención, en una palabra, trataba de adecuarse a algo indefinido que no conseguía identificar"

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