Rituales, de Cees Nooteboom
“Inni pensaba que había acertado: su vida constaba de acontecimientos y estos acontecimientos no tenían conexión alguna con cualquier idea que se hubiese hecho sobre su vida. No tenía una directriz, ni ambiciones, ni carrera.”
Hacia tiempo que quería leer a Cees Nooteboom y la verdad es que esta primera introducción en su obra no me ha decepcionado, todo lo contrario, no sabía con lo que me iba a encontrar pero ciertamente no me esperaba la profunda reflexión sobre la vida que acaba siendo esta novela. No es una novela en la que haya una acción o un argumento definido, aunque en un principio lo parezca, sino que es una novela que enfrenta al lector a si realmente le hemos encontrado sentido a la vida y cómo hemos desarrollado herramientoas para combatir esta incertidumbre y fugacidad. Sabemos que un ritual es una secuencia de acciones, gestos y palabras que se repiten de forma ordenada, y ya el propósito varía: puede ser un ritual religioso, personal, social…, una serie de acciones en las que intentamos encajar nuestra vida para no perdernos en el caos de ella, algunos se aislarán para hacerle frente, otros huirán de esta soledad. El titulo de esta novela no es en este aspecto nada gratuito porque trata justo de eso: el ser humano siente la necesidad de encontrar sentido a la vida y cada uno quiere encontrar este sentido a su manera. Esta obsesiva necesidad de encontrarle sentido nos viene a nuestra condición humana precisamente por nuestra conciencia de mortalidad y de la sensación de no tener la vida atada, así que de alguna forma se puede decir que un ritual es este intento de controlar, domesticar el miedo que tenemos a la incertidumbre.
“Bien considerado, su vida no consistía más que en crear recuerdos, y por eso era tan lamentable que tuviese tan mala memoria, porque con el tiempo había ido haciendo poco a poco un ya bastante largo viaje, pero si se producen tantas lagunas el viaje se vuelve insoportable de tan lento y remolón.”
Aunque no lo parezca esta es una novela existencial en el más puro sentido de la palabra. Los tres hombres de esta novela también aparecen ahogados por la realidad en la que viven, una ansiedad existencial que intenta camuflarse bajo estos ritos que los hacen estar más seguros y tener una falsa sensación de control. Aquí Cees Nooteboom sin embargo no construye una novela filosófica pura y dura, sino que la camufla bajo un personaje guía, Inni Wintrop, que enfrentará al lector con ciertos dilemas. Inni es un hombre un poco caótico y desapegado que se encontrará en dos periodos de su vida con Arnold y Philip Taads, padre e hijo, que tendrán influencia en su vida, o por lo menos le harán reflexionar sobre su propia vida. Para ello, Nooteboom divide la novela en tres secciones y aquí es dónde y para mi descansa toda la base de esta novela. Tres secciones desordenadas en el tiempo y cuyo desorden responde a una intención por parte de Nooteboom: cada sección será una preparación para la siguiente. A través de esta estructura fragmentada, la novela nos mostrará las distintas formas que tenemos para enfrentarnos a la incertidumbre del día a día.
“Inni aprendió aquel día que el tiempo era el padre de todas las cosas en la vida de Arnold Taads. Había dividido la tabla rasa, desierta y peligrosa, del día en fragmentos exactamente medidos y los cabos decesos tramos segmentaban su jornada con una inflexibilidad absoluta.”
Las tres secciones y según el orden en el que aparecen se corresponderán con 1963 (Inni Wintrop), 1953 (Arnold Taads) y 1973 (Philip Taads). En 1963 conoceremos a Inni y su caótica existencia para en la sección siguiente ir atrás en el tiempo, y aquí veremos a Inni conociendo a un hombre que tendrá una enorme influencia en su vida, Arnold Taads, un tipo obsesionado por la rutina, los horarios en un intento por dominar el tiempo. Arnold Taads ha dividido su día y su vida en compartimentos estancos para que no se le pueda escapar el tiempo o incluso se puede decir para no tener que pararse y encontrarse en un momento dado enfrentándose a sí mismo. Estos rituales en los que vive sumergido Arnold nos están haciendo una comparación con la primera sección en la que habíamos sido testigos de cómo Inni se enfrentaba a la vida mucho más caóticamente. Si Nooteboom no nos hubiera enseñado al Inni de 1963 quizás hubiéramos normalizado la actitud ante la vida de Arnold Taads: de esta forma el lector ya está reflexionando sobre las dos diferentes formas para controlar la angustia existencial. Cuando en 1973, Inni se encuentra con Philip Taads, el hijo de Alfred, es consciente de que Philip es un hombre en el que el ritual ha llegado a una radicalización: Philip está tan negado al mundo y a su fugacidad que se refugia en una cierta espiritualidad y para ello Cees Nooteboom usará la ceremonía del té como simbolo de este ritual llevado a su forma más pura porque aquí se puede decir que el mundo de fuera queda excluido y solo existirá el momento: un ritual puro, muy cerrado y autosuficiente que negará lo que se cuece fuera, en la vida real.
“El orden que reinaba en el interior era acojonante. La única nota al azar la daba el perro, que era lo único que se movía libremente. Una habitación como un tabernáculo de las matemáticas, se le ocurrió a Inni. Todo era simétrico, acorde y ajustado. Un ramo de flores, un niño, un perro desobediente o un visitante que llega con diez minutos de antelación serían cosas todas ellas causantes de perdición si no fueran ya impensables.”
La vida está continuamente en movimiento y es ausencia y pérdida, y a través de la historia de estos tres hombres, Nooteboom nos revelará como se agarrarán a ciertos ritos para protegerse frente a estos conflictos vitales. Por eso lo que más me ha interesado de esta novela es precisamente la estructura de fragmentación temporal que usará Nooteboom para reflexionar sobre el miedo y la fragilidad de la vida. El tiempo que comenzó en 1963, se repliega y de pronto nos encontramos en 1953 para después avanzar a 1973: será una forma de obligarnos a recordar, interpretar y reordenar las tres perspectivas, así que se puede decir que Nooteboom lo que necesita es que hagamos una lectura retrospectiva, porque al principio aunque no entendamos el caos de Inni, poco después estamos comprendiendo que el control absoluto tampoco es posible ya que la vida es impredecible y fugaz y que no tiene sentido absoluto, por lo que ningún ritual nos liberará de nuestras dudas. Inni Wintrop vive con la conciencia de la fragilidad y del azar, pero si Nooteboom no nos hubiera dado a conocer a Inni antes que a Arnold y Philip, quizás habríamos dado por válida la rigidez de sus vidas. Aquí es dónde está creo la maestría de Nooteboom, no es tanto la historia sino cómo elige contarla y es en esta fragmentación dónde entenderemos el dilema al que nos enfrenta.
La traducción es de Francisco Carrasquer
“En la medida en que era capaz de apreciarlo, el mundo iba hacia un final lógico, si no ya provisional, desde un modo de vivir ordenado y capitalista. Si el dólar bajaba, el oro subía, si los intereses subían, se hundía el mercado de la edificación; si aumentaba el número de quiebras y bancarrotas, los libros se ponían más caros. Había un orden en el caos, y quien permanecía con los ojos abiertos no tenía por qué chocar con el coche contra un árbol, pero -eso sí- debía tener primero un coche.”
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El último párrafo es demoledor (hay una letra disidente, por cierto, aojos) ... Es un libro que habla de la vida de muchos, ¿verdad? Vidas sin expectativas, en el banquillo esperando nuestro gran momento sin darnos cuenta que ya paso, que ya nunca ganaremos el partido, como mucho empatarlo....
ResponderEliminarGracias por el aviso, no me gusta releerme evigual el error se hubiera quedado forever. Corregido.
EliminarEs brutal este libro en este sentido porque el estilo de Nooteboom es muy accesible, irónico y tiene humorcillo negro, pero el mensaje es bestial. Yo intuyo que Inni Wintrop es él mismo.