[ Interludio ] Abril #2 - David Markson y el bote
"No sería el único bote a la deriva, si es que sigue a la deriva.
A veces me gusta creer que a estas alturas las corrientes lo han llevado hasta el otro lado del océano. Hasta un lugar tan lejano como las Islas Canarias, por ejemplo, o Cádiz, en la costa española."
(La amante de Wittgenstein,
David Markson)
No es solo un bote a la deriva. Es una forma de estar lejos. De haber partido —o haber sido arrastrada— sin saber del todo hacia dónde. Hay algo en esa imagen que no me termina de ser ajeno. Como si la distancia que recorre no fuese solo geográfica, sino también íntima. Como si esa posibilidad de encallar en una orilla improbable —Cádiz, por ejemplo— contuviera una pregunta más silenciosa: qué significa llegar a un lugar que, de algún modo, te pertenece, pero no te ha visto ni nacer ni crecer.
Por eso la cita persiste. No por el viaje, sino por lo que deja entrever: que incluso a la deriva puede haber una forma de arraigo. Tardía, desplazada, quizás incierta, pero reconocible.
El mar, entonces, cambia de sentido. Ya no es solo lo que separa, sino lo que insiste y lo que puede ayudar a fijar. Lo que trae cosas que no esperabas y se lleva otras sin avisar. Lo que hace posible que algo perdido en otra parte termine aquí, o que lo que aquí se pierde no desaparezca del todo, sino que continúe, desplazado, en algún otro sitio.
Hubo un tiempo en que Cádiz era una referencia prestada. Un lugar dicho por otros, o imaginado desde lejos, sin la densidad de lo vivido. Y quizá por eso ahora pesa distinto: no como origen intacto, sino como algo que se alcanza más tarde, casi a contrapelo.
David Markson escribió como quien recoge restos. Vivía entre libros, pero no para ordenarlos, sino para devorarlos. Tomaba notas, aislaba fragmentos, dejaba que una vida ajena rozara otra sin necesidad de explicarlas. Sus páginas son una acumulación que nunca termina de asentarse, como si todo estuviera todavía moviéndose.
Yo también he terminado por escribir así, aunque por otras razones. No recojo citas para sostener una tradición, ni para trazar una constelación literaria, sino para no perder del todo aquello que se me escapa. Frases, lugares, recuerdos que no encajan en un relato continuo. Cosas que solo pueden aparecer como restos.. Fragmentos de una vida que ocurrió en otra parte, en otro ritmo, incluso en otra lengua.
Si en Markson los fragmentos vienen de otros, en mí muchas veces regresan de mí misma, pero ya desplazados. Quizá por eso vuelvo a Markson. Él rastreaba fragmentos como quien sigue restos a la deriva. Yo he terminado haciendo lo mismo, aunque lo que intento recomponer no sea una tradición, sino una identidad..
Tal vez por eso, esa imagen del bote no me habla solo de deriva. Me habla de arraigo tardío. De la posibilidad —no segura, pero insistente— de que algo que ha estado demasiado tiempo fuera encuentre por fin una orilla y, sin dejar de ser extraño, empiece a echar raíces.
Leí a Markson entendiendo tarde que sus libros no estaban incompletos. Que esa forma abierta era, en realidad, la única forma honesta de hablar de lo que no deja de moverse. Y el regreso deja de ser una vuelta. Es más bien un cruce. Porque incluso cuando uno llega —o cree llegar—, lo que encuentra no es exactamente lo que dejó, sino algo atravesado por todo lo que ocurrió lejos.
"Tengo un relato. Pero tendrás que esforzarte para encontrarlo."
David Markson, La soledad del lector


somos fragmentos, trozos de nuestra vida que se juntan con trozos de otras vidas, las reunimos, las colocamos en diferentes posiciones, anhelamos que tenga algo de sentido pero, ya sabes, muchas veces vemos lo que queremos ver.
ResponderEliminarClaro, aunque no siempre lo construimos nosotros. A veces hay algo auténtico en esos fragmentos rotos… me acordé de la taza de tus fotos. En cada trozo hay algo real, algo que demuestra que tuvo su sentido.
EliminarEn el cuarteto de Markson todo son fragmentos: momentos que ya tuvieron su sentido, pero que al ser rescatados, empiezan a decir algo distinto. Y "La amante de Wittgenstein", que ya es una novela, también está compuesta de fragmentos reconstruidos, en este caso en la mente de una mujer. La verdad es que es un tema éste que me fascina, igual por eso esta debilidad mia por Markson.
En definitiva, que la idea de pérdida irrecuperable no es tal, creo,. Tengo que darle un par de vueltas. Pero vaya, que lo de Markson y tu taza es una asociación total :)