Patio de recreo, de Richard Powers

 


 ♫♫♫ Time in a bottle - Jim Croce  ♫♫♫

 

"Cuánto más vieja es la memoria, más texturizada está. No siempre sé a qué distancia está una puerta ni si seré capaz de llegar a ella sin chocarme contra algo. Estoy perdiendo el control de algunas regiones de mi cuerpo. Pero recuerdo el sabor del helado de cuando tenía seis años - el gusto exacto de la tarta de queso con arándanos-, un sabor que ya no fabrican."


En muchas novelas, detenerse en exceso en la línea argumental implica el riesgo de desvelar aquello que les da verdadero sentido; en este caso, esa cautela resulta aún más necesaria porque ésta es una auténtica novela-puzzle, construida de tal forma que solo al llegar al final se revelan las claves que obligan a reconfigurar retrospectivamente todo lo leído. El desenlace no solo cierra la historia, sino que la reordena, resignificando escenas, personajes y motivos que, hasta entonces, podían parecer dispersos o enigmáticos. Además, es una novela que deja múltiples líneas abiertas a la interpretación, lo que puede convertirse en un estímulo para el lector. Llegar al final y descubrir que buena parte de lo leído exige ser reinterpretado no solo intensifica la experiencia, sino que otorga un nuevo significado a episodios, detalles y relaciones que antes podían parecer opacos o inconexos, invitando a una lectura retrospectiva más inmersiva, pero claro, para eso habría que releerla una vez acabada, y la verdad es que no estoy muy por la labor. Yo reconozco que he tenido sentimientos encontrados leyéndola porque mientras que una de las tres lineas argumentales me cautivó (desde el momento que Evie Beaulieu, de doce años, se sumerge en una piscina de Montreal atada a una de las primeras escafandras autónomas del mundo), las otras dos nunca terminaron de atraparme del todo. Es una novela además que por su estructura puede recordar a El clamor de los bosques:  una serie de historias independientes que poco a poco van confluyendo hasta el reencuentro final. Aquí también hay algo de eso, pero de una forma diferente.

Patio de recreo destaca por una ambición indudable, pero esta misma virtud termina jugando en su contra: por momentos, parece que le vienen grande todos los datos que quiere sacar a la luz, con una acumulación de temas y tramas que llega a resultar abrumadora. A ello se suma una estructura compleja que, mediante el constante cambio de voces, tiempos y perspectivas, revela una clara apuesta formal, aunque también puede generar cierta confusión y dificultar la implicación emocional del lector, que es lo que me ha ocurrido a mí aquí, aunque esto también ocurría de una forma más compleja en El clamor de los bosques, y sin embargo siempre me mantuvo interesada. En este contexto, y mientras la leía, tenía la impresión de que los personajes quedaban en segundo plano, funcionando más como vehículos de ideas que como presencias plenamente vivas, lo que se traduce en que en muchos momentos no pude conectar con ellos.


El libro despertaba una infinidad de experimentos vivos en mi cabeza. Cada página daba vida a un universo incalculable e inexplicable que se encontraba bajo la superficie del océano. Cada frase era un misterio negro azulado poblado por criaturas más fantásticas que las de las mazmorras de cualquier juego de rol."


Aquí se puede decir que no hay un argumento lineal en el sentido clásico, sino que entrelaza varias historias y planos que acaban orbitando en torno al océano y la tecnología. A grandes rasgos, la novela sigue a un grupo de personajes conectados de distintas maneras con una isla del Pacífico y con un proyecto tecnológico de gran alcance vinculado a la inteligencia artificial y a la explotación (o protección) del entorno marino, lo que viene a derivar en colonialismo marino. A partir de ahí, Powers va alternando tiempos y perspectivas: amistades que se prolongan durante décadas, trayectorias personales marcadas por la ambición tecnológica, y la relación cada vez más conflictiva entre progreso humano y ecosistemas. Más que una trama única, lo que hay es una red de historias que exploran cómo esos sistemas —digitales, ecológicos, económicos— se cruzan y se afectan entre sí. Entiendo que el concepto del que parte Powers [qué hacer con un mundo en el que la tecnología y la naturaleza ya no pueden pensarse por separado] puede resultar fascinante, como lo es esta naturaleza, en este caso, el mundo marino, pero he terminado la novela con la impresión de que no encuentra el ritmo, de que el discurso desborda y sobrepasa esta narrativa. En su núcleo, dos personajes/polos opuestos en un elitista instituto de Chicago sellan un vínculo en torno a un juego de mesa milenario: Rafi Young se perderá en la literatura, mientras que Todd Keane orientará su talento hacia un avance sorprendente en el campo de la inteligencia artificial. Y esta inteligencia artificial es uno de los temas centrales de Patio de Recreo porque el conflicto surge desde el momento en que se convierte en una suerte de sustituto de esos datos que antes habitaban nuestra memoria, un archivo alternativo capaz de reconstruir, reinterpretar e incluso suavizar su propia historia. Y llegado un punto, ¿dónde estará la felicidad: en la vida real o en aquella que reconstruimos en mundos ficticios?


"No era una susurradora de tiburones. Tampoco buscaba emociones fuertes. Solo necesitaba acercarse y ver. Su único trabajo consistía en observar y describir..."


La comparación con El clamor de los bosques resulta casi inevitable. Allí había un núcleo reconocible: los árboles como red viva, como revelación, y unos personajes que, pese a su dispersión inicial, acababan convergiendo en torno a esa intuición. Había una fuerza de atracción, un centro neurálgico que organizaba la novela desde dentro. Aquí, en cambio, no hay un centro único: inteligencia artificial, océano, colonialismo, memoria, comunidad… Los elementos se acumulan, pero no terminan de confluir, son demasiados datos. Más que avanzar hacia un punto común, la novela parece expandirse en múltiples direcciones a la vez. En Patio de recreo, el océano es un sistema —complejo, fascinante, lleno de ramificaciones ecológicas, tecnológicas y políticas—, pero no una revelación como en la otra novela, entre otras cosas porque Powers desborda datos sin cohesionarlos del todo. La novela invita a pensar, a conectar ideas, pero rara vez ha producido en mi esa fascinación que me tuviera atada a sus páginas y llego a la conclusión de que aunque el giro final pueda darle algún sentido a lo que en un principio me parecía falta de cohesión en los personajes y termine por justificarlo dentro del conjunto, realmente no es suficiente para mi porque la mayoría de sus personajes me han resultado difíciles de habitar, la mayoría incluso antipáticos, pero claro, a la luz del giro final, como dije anteriormente, puede que todo tenga un cierto sentido. Me gustaría desarrollar un poco más esto, pero si lo hiciera, desvelaría lo importante de la trama.

Pese a la ambición y la inteligencia del proyecto, no he terminado de disfrutar del todo esta novela, solo a ratos: el peso del discurso y la acumulación de datos acaban por engullir, en parte, el propio concepto que la novela quiere articular, y hay tramos que se me han hecho innecesariamente extensos, incluso interminables, diluyendo así la fuerza de su propuesta, eso sí, tiene momentos magnificos aunque se me haya hecho bola en general.

La traducción es de Teresa Lanero Ladrón de Guevara.


"Escribió sobre la inmersión en el Triángulo de Coral durante su primer viaje de investigación, cuando un caballito de mar del tamaño de una uña del dedo meñique se aferró con la cola prensil a un mechón de su abundante cabellera como si hiciera autostop con Dios."

 

 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Ya nadie escribe cartas, de Jang Eun-jin

El señor Fox, de Joyce Carol Oates

La picadura de abeja, de Paul Murray