La mujer de papel, de Rabih Alameddine
En un primer momento, La mujer de papel se me presentó como una novela muy atractiva. La figura de Aaliya Saleh —una mujer mayor, solitaria, que vive en su piso de Beiru y ha dedicado su vida a traducir en secreto grandes obras de la literatura universal— prometía una exploración íntima de la memoria, la literatura y la soledad como elección personal. Para quienes disfrutamos de estos monólogos interiores, la premisa resulta especialmente sugerente. Sin embargo, la novela se me ha hecho cuesta arriba. No por la falta de acción ni por el tono introspectivo —aspectos que no solo no me incomodan, sino que suelo buscar—, sino por la sensación persistente de artificio. Alameddine articula la voz de su protagonista, Aaliya, a través de una constante acumulación de citas y referencias a autores canónicos que enlazan la literatura con su vida interior. El recurso, interesante en teoría, acaba volviéndose reiterativo y forzado: muchas de esas referencias parecen impuestas más como demostración de erudición que como una necesidad emocional o narrativa.
La historia se desarrolla principalmente a través de los diarios de Aaliya, en los que relata su vida cotidiana, sus recuerdos y su relación con la literatura. A lo largo de la novela, asistimos al monólogo interior de su infancia marcada por la pérdida de su padre, su juventud rebelde frente a las expectativas sociales, y su edad adulta trabajando en una librería, pero sobre todo, su dedicación a traducir obras clásicas y modernas, creando un universo propio a través de los libros, traducciones que nunca publicará sino que archivará.
Aunque vive rodeada de personas, Aaliya se mantiene al margen de la vida social y política de Beirut, especialmente durante los años de conflictos armados que atraviesa la ciudad. La novela combina episodios íntimos, recuerdos de la guerra, de personas de su familia y del vecindario con reflexiones sobre escritores y obras literarias. Alameddine nos sumerge en la mente de Aaliya a través de la literatura que ama, Sebald, Borges, Marias, Nooteboom y enlaza citas de sus textos con su propia vida en un intento por definirla más por su mundo interior que por los lazos sociales con los que la rodean.
Hay ideas que toca esta novela que me han interesado mucho, pero hacía la mitad la cosa empezó a parecerme reiterativa. Me refiero concretmente a la idea que se repite sobre las “traducciones de traducciones”. Aaliya no solo traduce obras del inglés o del francés al árabe, sino que siempre trabaja sobre textos ya traducidos, nunca directamente del original, lo que plantea una reflexión fascinante sobre el estatuto de la obra literaria: ¿puede una traducción convertirse en un objeto creativo autónomo, incluso cuando el original se pierde o se transforma en el proceso? Alameddine sugiere que la traducción no es un acto meramente reproductivo, sino una forma de recreación: cada versión posee su propio valor literario y narrativo. En este sentido, Aaliya misma es como una traducción de sí misma: una vida construida a partir de los libros,, reinterpretando el mundo a través de sus ojos y su sensibilidad.
Y de nuevo tengo que hacer hincapié en la manía a la hora de traducir ciertos títulos, en este caso Una mujer de papel ensombrece de alguna forma los matices del título original, An Unnecessary Woman —Una mujer innecesaria—, que añadía una dimensión crucial a la hora de definir a Aaliya. En el contexto árabe, donde el valor social de la mujer se ha definido históricamente por su función familiar —esposa, madre, cuidadora—, Aaliya representa una figura “prescindible” para la sociedad: sin hijos, soltera, independiente, culta y dedicada a la lectura y la traducción por sí misma. Lo que se presenta como “innecesario” en términos sociales se convierte, sin embargo, en un espacio de autonomía y resistencia silenciosa, así que de alguna manera, esta mujer innecesaria del título, convierte su vida en una especie de símbolo subversivo y de resistencia frente a lo que se espera de ella.
Pero como comentaba al.principio de esta crónica la voz de Aaliya me ha resultado reiterativa y artificiosa, y he sentido poca conexión aunque a priori la envoltura me prometía lo contrario. Aaliya no termina de consolidarse como una voz natural; su discurso me ha resultado demasiado elaborado, demasiado consciente de su propia brillantez y hacia la mitad de la novela el autor había difuminado a su personaje en el sentido de que las ideas parecían funcionar en un aparte en relación a la vida de Aaliya.. Aunque vive rodeada de libros, y aunque su mundo debería ser un espacio privilegiado para la intimidad y la reflexión, no logré sentir cercanía con ella. La introspección no se transforma en experiencia compartida, y la erudición no basta cuando no viene acompañada de calidez, de una voz que respire alma.
El resultado es una novela que se respeta más de lo que se disfruta: estimulante en su planteamiento, pero fría en su ejecución. La mujer de papel, al menos para mí, funciona más como un ejercicio literario y una reflexión sobre la posición de la mujer culta e independiente en la sociedad árabe, que como una experiencia narrativa capaz de generar empatía o emoción duradera. Aun así, la obra plantea cuestiones importantes sobre la autonomía femenina, el valor del conocimiento, y la manera en que la sociedad mide la utilidad de una vida. Así que he sentido sentimientos encontrados, por una parte el envoltorio promete pero la manera en que Alameddine enlaza citas de la literatura universal conectándolas con la vida de Aaliya me acaba resultando forzado y frío.
Realmente cuando, y en mi caso, estoy con un libro y desaparece ese placer de la anticipación a la hora de dedicarle mi tiempo, y se acaba convirtiendo en una tarea también forzada, es cuando reconoces que no vas a conectar ni terminándolo. Como decía, el envoltorio es atractivo, pero Alameddine no me ha transmitido.
La traducción es de Gemma Rovira.
"No sabría deciros si mis traducciones son buenas, porque no puedo contemplarlas de forma desapasionada. Las mías son traducciones de traducciones, lo que por definicion significa que son menos fieles al original. Lo hago lo mejor que puedo, como Constance. Sin embargo, a diferencia de ella, no me salto las palabras que no conozco ni acorto los párrafos largos. Traduzco por el placer que me produce."

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