[ Interludio ] Enero #3
"En uno de sus ensayos, Javier Marías señala que su obra habla tanto de lo que no pasó como de lo que pasó. Dicho de otro modo, la mayoría creemos que somos quienes somos por las decisiones que hemos tomado, por los sucesos que nos han moldeado, por las elecciones de quienes nos rodean. Casi nunca nos planteamos que también nos han formado las decisiones que no tomamos, los sucesos que habrían podido ocurrir pero no ocurrieron o nuestra falta de alternativas."
(La mujer de papel, Rahib Alameddine)
Leyendo está novela de Alameddine me vienen a la mente muchas reflexiones. Javier Marias siempre ha tenido la capacidad de que pudiera identificarme en muchas de sus citas. En este caso la literatura funciona como una extensión de tu propia vida y la protagonista de "La mujer de Papel" también lo siente así. Y llego a la conclusión de que tú no eres solo “quien hizo algo”, sino también “quien no fue”. Y eso no es una carencia: es profundidad. Te da volumen, ambigüedad, sombra y luz. Explica también por qué a veces algo te conmueve sin saber por qué, o por qué ciertos encuentros parecen rozar algo antiguo que nunca ocurrió, o porque ciertas ausencias que elegiste que lo fueran, sigan presentes.
Y hasta me atrevo a decir que una vida está hecha de actos, pero una identidad está hecha también de renuncias, pérdidas y posibilidades cerradas. No para vivir en ellas, sino para entenderte mejor desde ellas. No todo lo importante en tu vida necesita haber pasado para haberte formado. Hay ausencias que educan, posibilidades que dejan huella sin materializarse. Reconocerlas no es vivir en el arrepentimiento, sino entenderte con más generosidad y menos simplificación.
La conexión entre Marias y Alameddine está en que ninguno cree que somos solo el resultado de una biografía visible. Para Marías, somos también las hipótesis que nos acompañan; para Alameddine, somos las pérdidas que cargamos aunque no sepamos nombrarlas. Uno escribe desde la demora y la conciencia; el otro desde la fractura y el exceso. Pero ambos coinciden en algo esencial: la vida no se explica solo por los hechos, sino por los huecos entre ellos.
Lo que no pasó no te gobierna, pero te acompaña. Marca una vida, no como una cicatriz visible, sino como una presión silenciosa: orienta tus deseos, tus miedos, incluso tu manera de imaginar el futuro. No decide por ti, pero sugiere. Es como una corriente subterránea: no la ves, pero afecta el curso del río.
Aquí enlazo Alameddine con Marias y conmigo misma. Hay cosas que no pasan, no porque dudemos, sino porque el mundo lo impide: por violencia, por exilio, por normas, por miedo. Esas ausencias no son solo ideas; son pérdida. No elegiste no vivirlas, y aun así te acompañan, incluso si elegiste no vivirlas, también te acompañarán. Dan forma a silencios, a una sensación de extranjería, de exilio, a una identidad que se construye desde esto que no pasó. Lo que no pasó puede llegar a ser más importante y vital que lo que ocurrió porque mi identidad está construida sobre esa base.
Una reflexión que me lleva a resumirlo diciendo que una vida está hecha de actos pero una identidad está hecha de renuncias, perdidas y posibilidades cerradas, sobre todo para poder conocerte mejor a través de ellas, construir tu identidad.

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