[ Interludio ] Abril #1 - Francesca Woodman

 



Francesca Woodman


Hubo un momento en mi vida en que jugueteé con la fotografía pero desde una perspectiva profundamente íntima, casi cerrada sobre sí misma. No buscaba tanto capturar algo externo como registrar una forma de presencia inestable, difícil de fijar. En ese tiempo, de manera más o menos consciente, me guié por Francesca Woodman.



Francesca Woodman

Al principio pensé que se trataba de una influencia formal. Había en sus imágenes algo que intentaba emular: el desenfoque, los cuerpos a medio aparecer, esa relación ambigua con el espacio que hace que la figura nunca termine de afirmarse. Pero con el tiempo entendí que lo que estaba en juego no era solo una cuestión estética. No estaba aprendiendo a fotografiar como ella, sino a situarme de una manera determinada.



Francesca Woodman

A veces pienso que de aquel periodo no me quedó realmente una forma de fotografiar. Las imágenes, en el fondo, eran lo más superficial. Lo que persistió fue otra cosa, más difícil de aislar: una manera de situarme. Durante un tiempo creí que estaba intentando acercarme a Francesca Woodman, que había en ese gesto algo deliberado, casi técnico. Pero con los años he entendido que no era exactamente eso. O no solo eso. No estaba tratando de reproducir sus imágenes, sino de encontrar un lugar desde el que poder desaparecer sin desaparecer del todo.

Había algo en sus fotografías —esa presencia inestable, ese cuerpo que no termina de fijarse, que se confunde con el espacio o se borra en el movimiento— que no me enseñaba cómo mirar, sino cómo estar sin tener que afirmarme completamente. Como si en lugar de exigirme una forma nítida, me ofreciera una especie de margen. Y ese margen me hizo entender mucho mejor su desplazamiento, un desplazamiento, que no solo reafirma en sus fotos, sino que le servirán para encontrar alivio en un intento por anular este desplazamiento..

No lo adopté de manera consciente. No fue una decisión. Más bien se filtró, como se filtran ciertas posturas que una no sabe exactamente de dónde vienen. Empecé a notar que, en determinadas situaciones, no terminaba de ocupar el lugar que se suponía que debía ocupar. Que me mantenía ligeramente desplazada, elusiva, en un punto desde el cual todavía era posible retirarme. No lo vivía como una carencia. Tampoco como una estrategia. Era, simplemente, una forma de evitar quedar del todo ser fijada.




Francesca Woodman

Con el tiempo entendí que esa inclinación no pertenecía solo a la fotografía. Que no se activaba únicamente frente a la cámara o en la construcción de una imagen, sino en algo más amplio, más cotidiano. Como si hubiera aprendido —o reconocido— que también se puede sostener la presencia desde la ambigüedad, desde una cierta resistencia a volverse completamente visible.

No sé hasta qué punto eso nació ahí. Probablemente ya estaba antes, de una forma más difusa. Pero en ese encuentro con sus imágenes encontré una especie de confirmación silenciosa: de que la conexión con la obra era total..Y quizá por eso sigue conmigo. No como influencia visible, ni como referencia a la que vuelvo de manera consciente, sino como un gesto interior que, todavía ahora, aparece en ciertos momentos y organiza —casi sin que lo note— la forma en que me coloco frente a lo que me rodea.

Probablemente Woodman no origina esa disposición, pero sí la vuelve habitable, consciente, reconocible, incluso defendible. Sigue siendo mi fotógrafa favorita porque me sigo reconociendo en ella aunque ya apenas jugueteo con la fotografía. Toda esta serie de fotos adoptaron el título de "I'm Nobody. Who are you? (Experimentando)"















Comentarios

  1. Woodman tiene ese algo de extrañeza, ¿verdad? Si te pones formal no parecen grandes fotos, incluso puedes dudar de que, a no ser por su trágica historia, ni tan siquiera sería muy conocida pero.... tienen algo, esa disociación, ese verse desde fuera... Sí, es una forma de afrontar la vida, verla como algo que te es ajeno y despierta curiosidad pero que tampoco te tomarías muy en serio.

    Me ha gustado tu faceta fotográfica, lo mismo podrías retomarla ;)

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    1. Lo interesante de Francesca Woodman desde hoy es que, superficialmente, podría parecer que “se adelantó al selfie”. Pero en realidad ocurre casi lo contrario: su trabajo no anticipa el selfie, sino que es como si lo deconstruyera.
      El selfie contemporáneo (aunque pueda tener variaciones), tiende a afirmar una presencia controlando esta identidad.. Hay una voluntad de fijación, de control de la imagen.
      En Woodman, en cambio, sucede algo más inquietante:
      cada vez que aparece, está ya desapareciendo.

      Ay, lo de mis tanteos con la fotografía solo fueron un experimento pasajero que igual funcionó como una exploración de mi misma, pero algo me ha quedado, creo, en cómo miro :)

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  2. Es cierto, sus fotos tienen ese punto inquietante, de alguien que está ahí, fijado para siempre en la fotografía pero que, al mismo tiempo, ya no está... La fotografía cambia la forma de mirar, eso seguro..

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