Carne, de David Pascual aka Perfumme

  


 ♫♫♫ Nowhere Girl - B-Movie  ♫♫♫ 

 

"La mañana en la que desaparecí fue una mañana como cualquier otra. Un poema de Walt Whitman. Una película independiente americana. Una galleta de la fortuna en un restaurante chino con la promesa de que todo va a salir bien."


Una de las cosas que más disfruto como lectora es descubrir autores nuevos. Y todavía más cuando son autores españoles que se atreven a escribir desde los márgenes, lejos de las fórmulas de moda y de las historias previsibles. Hay algo especialmente estimulante en encontrarte con una novela que parece tener una voz propia, que mezcla géneros con naturalidad y sin miedos,  y que no se conforma con repetir lo que ya sabes que funciona. Eso es exactamente lo que me ha pasado con Carne, de David Pascual.

Lo que más me ha llamado la atención de Carne es precisamente que consigue sincronizar una historia absorbente, y un análisis sorprendentemente profundo del contexto social de la España de los años 90, una España que si ahondamos un poco, no ha cambiado mucho. Hay un misterio que impulsa toda la narración, sí, pero lo verdaderamente fascinante es el momento histórico en el que sucede y todo lo que David Pascual construye a su alrededor porque combina con mucho acierto el misterio, el ambiente rural, unos personajes llenos de aristas y un componente muy turbador que trasciende la propia investigación policial. Todo ello está sostenido por una escritura muy visual, diálogos ágiles y un ritmo que invita a seguir leyendo sin apenas detenerse.

Sin embargo, Carne no es una novela de terror al uso ni un simple thriller de investigación. Lo que realmente creo que le interesa a Pascual es explorar cómo una comunidad gestiona un acontecimiento traumático colectivo  que desborda cualquier explicación: la desaparición de una adolescente. De esa herida nace un atmósfera extraña y casi onírica donde la frontera entre la realidad y la pesadilla se vuelve cada vez más difusa. Los personajes parecen caminar por un pueblo que se detiene en el tiempo justo cuando Anita, desaparece, y comienza a ser habitado por el miedo, la rabia y la histeria colectiva. De tal modo que que la investigación terminará siendo menos importante que el estado emocional de quienes vivan esta pesadilla. Y quizá eso sea lo que más me ha sorprendido. Bajo la apariencia de un thriller adictivo se esconde una novela de una enorme carga psicológica, tanto por la forma en que retrata a sus personajes como por la profundidad con la que explora el contexto social de una España que comenzaba a descubrir una nueva manera de consumir la información, el dolor y el espectáculo.

Pascual sitúa la historia en una Valencia suspendida entre dos épocas. Todavía conserva una estructura profundamente rural: todo el mundo se conoce, los rumores pesan más que los hechos, la autoridad local mantiene un enorme poder informal y existe esa mezcla tan reconocible de orgullo y resignación propia de las comunidades pequeñas. Pero, al mismo tiempo, empiezan a asomar las promesas de la modernidad. Carne captura con enorme precisión esa tensión entre un mundo todavía muy tradicional y cerrado y otro que empieza a vender una imagen de éxito, desarrollo y modernización. Y es precisamente ahí donde aparece el otro gran protagonista de la novela: la televisión.

Mientras el país celebra ese futuro, nace una forma completamente nueva de consumir el presente. La televisión  todavía no ha desembocado en la telebasura más agresiva de finales de los 90, pero ya está aprendiendo las reglas del negocio del morbo. Descubre que el sufrimiento genera audiencias, espectadores fieles, que un crimen puede convertirse en un relato por entregas, que la audiencia quiere participar especulando y buscando culpables y, sobre todo, que el morbo vende mucho mejor que la información contrastada. Bienvenidos al mundo de la televisión que prácticamente no ha cambiado desde estos 90, y no solo eso, sino que la carnicería del morbo y la telebasura se ha recrudecido. La desaparición de la niña deja así de pertenecer únicamente a quienes la sufren para convertirse en un espectáculo compartido por millones de personas. Pascual retrata con enorme lucidez el instante en que empezamos a confundir información con entretenimiento y en cómo esta televisión lo ensuciará todo a su paso. Quizá por eso Carne resulta tan incómoda y, al mismo tiempo, tan actual. Aunque esté ambientada en los años 90, los mecanismos que describe siguen plenamente vigentes. Solo han cambiado las pantallas. Allí donde antes había programas de televisión capaces de convertir una tragedia en un espectáculo, hoy encontramos redes sociales que amplifican exactamente la misma lógica.


"Hay algo inexplicable en los bosques que resulta inevitable y terrorífico, algo en el vibrante y correoso corazón de la naturaleza que no es de este mundo y que debería ser temido. Aunque a veces los hombres lo olvidan."


La novela transcurre en un pueblo del interior de Valencia durante los años 90. Todo comienza con la desaparición de una niña cuando se dirige a una discoteca y poco después, aparecen ciertos símbolos dibujados en los árboles que sugieren que la chica haya podido desaparecer en el bosque. Lo que en un principio parece un caso criminal acaba convirtiéndose en un fenómeno mediático que desborda los límites del propio pueblo y sirve a David Pascual para retratar el nacimiento de una nueva forma de entender la televisión en España. Y es difícil no pensar en algunos de los grandes casos que marcaron la televisión española durante aquellos años. Sin ser demasiado explicito con estos ejemplos reales, el autor evoca inevitablemente ese tiempo en el que un crimen podía monopolizar la programación durante semanas o incluso meses, mezclando información, rumores, reconstrucciones dramatizadas y tertulias con cualquiera que pudiera aportar unos minutos más de contenido.

Hasta entonces, un pueblo podía vivir relativamente aislado, con sus propios códigos y sus propios silencios. Pero cuando llegan las cámaras deja de pertenecerse a sí mismo. Los vecinos comienzan a verse a través de la mirada de periodistas, curiosos y millones de espectadores, y la identidad del lugar termina reducida a un único acontecimiento traumático. Por eso creo que Carne funciona tan bien como retrato social. No idealiza aquella España anterior a la digitalización, pero tampoco la demoniza. Prefiere observar con una enorme lucidez el momento exacto en que cambió nuestra forma de mirar, de informarnos y, sobre todo, de consumir el dolor ajeno. la desaparición de la niña no solo rompe una familia o un pueblo; inaugura una nueva forma de consumir la realidad, en la que la tragedia deja de pertenecer a quienes la sufren y pasa a ser propiedad del público. 

Esa riqueza temática encuentra además un reflejo muy interesante en la estructura narrativa. Cada capítulo adopta el punto de vista de uno de los cinco personajes principales —la periodista, la policía, el hermano de la víctima, el alcalde y el resto de figuras que orbitan alrededor del caso—, de modo que la investigación nunca avanza desde una mirada omnisciente, sino a través de perspectivas parciales, condicionadas por los prejuicios, los miedos y las obsesiones de cada uno. La desaparición nunca significa exactamente lo mismo para todos. Sin embargo, sobre esa estructura aparece una voz que rompe las reglas del relato. Es una primera persona que conoce cosas que ningún personaje debería conocer y que habla desde un lugar casi poético, espectral, casi fantasmagórico. Es un recurso que produce varios efectos muy interesantes. En primer lugar, rompe cualquier ilusión de objetividad. Aunque la novela cambie constantemente de focalización, nunca transmite la sensación de estar reconstruyendo unos hechos de forma puramente realista. Siempre existe una presencia que recuerda que la memoria, el trauma e incluso lo inexplicable forman parte de la verdad tanto como la propia realidad. Hay un tono elíptico, una cierta ambigüedad que me han resultado muy atractiva porque Pascual no necesita explicar el misterio para que este siga impregnando toda la historia. 

Me ha encantado esta primera aproximación a David Pascual porque es una novela que me ha ido sorprendiendo continuamente al mismo tiempo que las distintas voces narrativas han ido contribuyendo a una trama llena de matices, y esto es lo que busco en la literatura, no que me sobreexplique sino que me sugiera y que al mismo tiempo me dé espacio para que pueda ir uniendo las piezas. Con esta mezcla de géneros, Pascual hace uso de las herramientas del thriller para explorar toda una comunidad y nuestro grado de responsabilidad en ciertos traumas: si la televisión convierte a la víctima en un objeto de usar y tirar, la novela hace justamente lo contrario y le devuelve una voz propia a esta víctima. La visibilizará. Absorbente y adictiva.

"En cada persona hay un bosque. Y en cada uno de esos bosques se ha perdido alguien."

 

 

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