[ Interludio ] Julio #3 - Así llegó la noche, 2025, Ángel Santos
Aunque este sea un blog dedicado, sobre todo, a los libros, y los Interludios hayan servido alguna vez para hablar de otros temas, nunca le había dedicado una entrada a una película. No deja de resultar curioso, porque el cine ha ocupado durante muchos años una parte importante de mi vida pero hace ya unos años, concretamente desde la pandemia, que veo mucho menos cine que antes. No porque me interese menos, sino porque el poco tiempo del que dispongo lo empleo, cada vez más, en leer. Aun así, entre alguna revisión que puede compararse a una relectura, intento mantenerme al día, sobre todo con ese cine de autor que todavía promete la posibilidad de una mirada distinta.
Últimamente, sin embargo, casi nada de lo que veo consigue entusiasmarme. Pocas películas me impresionan de verdad. Si tuviera que poner nota a buena parte del cine del último año, la mayoría apenas aprobaría. Echo en falta riesgo, ambición, películas que no se conformen con repetir fórmulas. Y lo más decepcionante es comprobar que incluso algunos autores de los que espero mucho no terminan de estar a la altura.
Durante un tiempo pensé que el problema era mío, que quizá me había vuelto más exigente, más difícil de sorprender o directamente más pasota e impaciente con el cine que me llegaba. Hasta esta tarde... en la que he visto Así llegó la noche, la ópera prima de Ángel Santos, y ha sido una de esas maravillosas sorpresas que aparecen cuando ya había empezado a resignarme. Quizá me alegra todavía más porque se trata de una película española, un recordatorio de que el cine más vivo no siempre llega de donde esperamos. Hay películas que no necesitan levantar la voz para imponerse: les basta con encontrar un ritmo propio, una mirada y una confianza absoluta en que el espectador va a entender las elipsis o los códigos narrativos sugeridos. Así llegó la noche pertenece a esa rara estirpe.
¿Y qué es lo que hace especial a esta película ?
Hay muchas cosas que me han fascinado de ella, pero lo que más me ha marcado no es solo su idea de fondo, sino la forma en la que se decide contarla. ¡Ah, el guión, esa pieza tan fundamental en el cine!! Durante la primera mitad acompañamos a Pablo y creemos que esa es la historia que la película quiere contarnos. Pablo vive en un lugar aislado de Galicia, completamente solo, cuando de repente recibe la visita de una amiga. La primera mitad es Pablo, hasta que recibe la visita y de repente en un momento dado, la historia da un vuelco y el punto de vista cambia y pasa a Andrea, y es aquí cuando todo adquiere un significado distinto. Lo que parecía el relato de alguien que ha decidido vivir aislado acaba revelándose como una reflexión mucho más profunda sobre quienes tienen que aprender a convivir con una ausencia.
Sin grandes discursos ni explicaciones y dejando espacio al espectador, la película consigue que entendamos que la desaparición nunca pertenece únicamente a quien se marcha. La ausencia también es un espacio que deben habitar quienes permanecen, obligados a reconstruir pero quizás lo más impactante es todo lo que esto nos cuenta de la persona que vive esta ausencia, en este caso Andrea.
Es una de esas películas que me recuerdan que una decisión narrativa, tomada en el momento preciso, puede transformar por completo nuestra experiencia como espectadores. Pocas veces he visto un cambio de perspectiva tan sencillo y, al mismo tiempo, tan devastador. Lo que en un principio parece una reflexión sobre la desaparición en un sentido casi abstracto, acaba transformándose en algo mucho más íntimo y emocional. El giro narrativo no busca sorprender, sino desplazar el centro del relato hacia
Andrea. Solo entonces entendemos que la película nunca ha tratado realmente sobre Pablo...
Andrea. Solo entonces entendemos que la película nunca ha tratado realmente sobre Pablo...
Brillante.











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