[ Interludio ] Enero #2
Personalmente, lo interpreto también como un recordatorio de la fragilidad del creador: lo que nos impulsa no es controlable ni alcanzable del todo, y esa tensión nos mantiene vivos y alertas. Como lectora o espectadora, siento que esa misma fuerza invisible —el Deseo— nos atraviesa y nos conecta con la obra, incluso cuando ya está terminada. El fragmento no habla solo de arte; habla de lo humano: de cómo necesitamos algo que nos arrastre, que nos haga crecer, que nunca se contente con lo dado. Así según Nietzsche, el Deseo es un espejo: lo que arde dentro de nosotros refleja nuestro propio ser, no el objeto deseado. La creación artística, entonces, es un acto íntimo, un viaje hacia el autoconocimiento, donde cada impulso revela algo sobre nosotros mismos más que sobre el mundo. Oates, en cambio, lo lleva a la dimensión del arte terminado: una vez que ese Deseo ha encontrado su objeto —la obra completada— parece agotarse. Ya no queda nada para sostener al creador; lo que antes lo impulsaba se disuelve, dejando un vacío que solo puede llenarse con un nuevo deseo, un nuevo inicio.
El Deseo que impulsa la creación no es lineal ni controlable como tampoco la obra nunca nos pertenecerá del todo, y quizás ese vacío que deja es, contradictoriamente, la prueba de que seguimos vivos, de que seguimos siendo capaces de desear y de crear otra vez. Para mí, el arte y el Deseo son inseparables: el primero es solo el reflejo del segundo, y el segundo nunca termina.
Como mencioné más arriba, he abstraído estas citas porque bajo la capa de thriller de The Barrens, la Oates presenta dilemas fascinantes... Y quizás por eso he sentido la conexión con la pintura de Andrew Wyeth como una forma de visualizar esta reflexión: el desplazamiento interior hacia lo desconocido, porque eso que parece que desea Cristina puede funcionar como el viaje exploratorio mientras creamos. Para mí Wyeth no representa tanto la llegada, sino el deseo/anhelo de algo más.

No soy un artista, ni tan siquiera un amanuense, pero conozco esa sensación de perseguir una foto, un texto, de maquetar un libro con todo el empeño y, nada más lograrlo, sentir que te has vaciado y que todo lo que has hecho ha sido una, con perdón, soberana mierda...
ResponderEliminarAunque creo que eso pasa en todos los ámbitos de la vida, es casi conseguir que anhelar, ¿no te parece?
Si que se puede extrapolar a todos los ámbitos de la vida y en este aspecto es muy interesante como lo describe la Oates en esta novela que estoy leyendo porque el protagonista de la novela es también fotógrafo, la sensación de perseguir una imagen. Uy, a ver si en la reseña consigo explicarlo bien o me voy por los cerros 🙃
EliminarLo de soberana mierda es imposible viniendo de ti, solo hay q ver tus imágenes pero una vez terminado, ¿No es el anhelo de encontrar otro proyecto lo q mantiene la llama?
Me ha llamado la atención que el protagonista sea fotógrafo, aunque ya en otra novela toco el tema (no recuerdo el nombre). Me voy a esperar a tu crónica para saber si entra en la lista ;)
EliminarEn mi caso, sigo intentando porque no sé hacer otra cosa, la verdad....