Los hermanos Tanner, de Robert Walser







🎶 Some kind of nature - Gorillaz (feat.Lou Reed) 🎶


"Sentía que un día era algo demasiado hermoso como para tener la insolencia de profanarlo trabajando. Ya sabe usted cuánto tiempo se pierde por culpa del trabajo cotidiano. Me sentía incapaz de consagrarme a una ciencia a cambio de renunciar al espectáculo del sol y de la luna al caer la tarde"


Hace muchos años leí Los hermanos Tanner y fue la novela que me convirtió en una admiradora incondicional de Robert Walser. Volver a ella ahora ha sido una de esas relecturas que obligan a desconfiar de la memoria. Estaba convencida de que iba a reencontrarme con un libro muy querido y, sin embargo, he descubierto otro completamente distinto. No porque la novela haya cambiado, sino porque la lectora que la abrió entonces ya no existe. O quizá sí ha cambiado el libro, porque hay obras que solo revelan determinadas capas cuando uno está preparado para leerlas. Esta segunda lectura ha sido más compleja, más libre  que la primera.

Y este me parece uno de los mayores milagros de Walser. Sus libros cambian porque nosotros cambiamos. Me maravilla, además, pensar que una novela como esta fuera escrita en 1907. Su libertad formal y moral, la naturalidad con la que rehúye cualquier enseñanza o estructura convencional, siguen resultando asombrosamente modernas. La he leído con una sensación constante de frescura, de sorpresa, de estar asistiendo a una voz que aún hoy parece escribir desde un lugar al que muy pocos han llegado.

Ha sido una experiencia muy walseriana, en realidad. Con Los hermanos Tanner descubro, todavía asombradaque uno no relee el mismo libro: el libro también "lee" a la persona que lo abre. Lo que hace años podía parecer una novela sobre personajes excéntricos o inadaptados, con el tiempo puede revelarse como una exploración muy sutil de otras formas de estar en el mundo.  El personaje de Simón Tanner tiene esa cualidad desconcertante. No parece buscar el éxito, la estabilidad o el reconocimiento de la manera en que la sociedad espera. Va de un trabajo a otro, se entusiasma, se marcha, observa, parece tomárselo todo a la ligera, pero realmente en él no hay nada de superficial. A primera vista podría parecer un irresponsable o un soñador, pero Walser nunca lo juzga. Más bien parece preguntarse si la verdadera rareza no está en quienes aceptan sin más las convenciones.


"Tengo también un tercer hermano que solo es desdichado y nada mas, y que no es sino aquello que el recuerdo de sus días tempranos pueda aún contarnos."


Sus hermanos representan respuestas distintas a la misma pregunta. Emil está desaparecido, Klaus, el artista, ha encontrado un lugar gracias a su talento, pero paga un precio por ello. Kaspar busca una vida más ordenada y respetable. Hedwig encarna quizá la mayor cercanía a la normalidad, aunque tampoco aparece plenamente satisfecha porque en unos de los momentos más fascinantes de este texto, la responsable y "normal" Hedwig también confiesa que le gustaría huir de esta realidad rutinaria que la hace infeliz.. Ninguno parece habitar un lugar completamente propio.


"Hedwig dijo una tarde:
- Casi diría que estoy separada de la vida por un tabique muy fino, pero opaco.  Este hecho, sin embargo, no llega a entristecerme, sino que me hace reflexionar solamente."


Lo que más me ha calado en esta segunda lectura es precisamente esa huida de la normalidad. Los Tanner no son seres extravagantes, sino personas irreductibles, difíciles de encasillar, de dominar, de vencer. No son héroes románticos ni rebeldes espectaculares; simplemente se resisten a dejar que una identidad fija los encierre. En Walser hay una sospecha constante de que vivir consiste precisamente en no terminar de encajar.

También influye mucho la edad del lector a la hora de entrar en la verdad walseriana. Cuando leí esta novela por primera vez me sedujo la ligereza de Simón, su libertad casi infantil, esa manera de atravesar el mundo sin someterse a él. Con los años reconozco otras capas de las que Walser habla bajo la superficie: la precariedad, la soledad, el cansancio de no pertenecer del todo a ninguna parte, pero también la dignidad de quien no quiere traicionarse para ser aceptado, la honestidad. Hay  además una paradoja muy hermosa en la novela: los Tanner parecen desubicados, pero quizá son los únicos que se permiten buscar un lugar auténtico en vez de conformarse con el que les ha sido asignado. Esa búsqueda los hace vulnerables, pero también extraordinariamente humanos.

Y hay una idea de Robert Walser que vuelve a imponerse al cerrar el libro: la grandeza no siempre está en conquistar el mundo, en el brillo, en el éxito, aquí no hay egos de ningún tipo, sino que la gracia estaría  en conservar una mirada libre sobre este mundo. Simón fracasa muchas veces según los criterios sociales, pero rara vez fracasa como observador o como ser humano. Esa diferencia, que quizá en una primera lectura pasa desapercibida, se vuelve deslumbrante cuando uno regresa a esta novela años después.

La traducción es de Juan José del Solar.


"Una se hace preguntas sobre usted, sorprendida, y luego siente un intenso deseo de oírle hablar y se imagina que algo acabará hablando desde su interior.

[...]

Déjeme pensar un instante. ¿Curiosidad? Un deseo intenso de saber algo sobre usted, solo algo, tan solo una palabra, un sonido. Ha de haber en usted algo profundo que nadie parece advertir porque usted mismo no hace el menor esfuerzo  por ponerlo en evidencia y darle brillo. Quisiera que me contara cosas..."



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