La vida es vertical, de Mónica Menargues Beneyte



🎶 I"ve Been Riding With The Ghost - Songs: Ohia  🎶


««Nunca he deseado ser otra; sin embargo, muchas veces deseo no ser yo. Yo. ¿Quién soy?»


Antes de que apareciera esta cita tan dickinsoniana en torno a la identidad, ya había pensado en Emily Dickinson mientras leía La vida es vertical. No porque Mónica Menargues Beneyte escriba como ella —sus voces son muy distintas—, sino porque ambas comparten una forma muy particular de mirar el mundo. Hay en la prosa de Mónica una delicadeza  poética, una manera de detenerse en lo aparentemente pequeño para convertirlo en una reflexión inmensa. Más que su estilo, fue su tono el que me llevó una y otra vez a Dickinson.

Cuando llegué a esta cita hacia la mitad del texto  sentí que esa intuición se confirmaba. Dickinson condensaba en unos pocos versos reflexiones inabarcables sobre la identidad, el tiempo o la muerte. Mónica, desde la prosa, logra despertar esa misma sensación de asombro y recogimiento: una escritura que no busca dar respuestas, sino acompañarnos en las preguntas.

No es exactamente la misma mirada, pero sí comparte con Dickinson una cierta desconfianza hacia la idea de un «yo» consolidado. En ambas, la identidad aparece como algo frágil, casi un enigma. Ese «Yo. ¿Quién soy?» concentra precisamente esa fuerza. Lo que más me fascina de la cita es que no intenta responder la pregunta. No nos dice quién es; simplemente nos sitúa en ese instante en que el «yo», que normalmente damos por sentado, deja de ser una certeza para convertirse en un misterio. Y convertir una duda tan íntima en una experiencia que sentimos como propia me parece una de las mayores virtudes de esta novela.

Lo que más ha podido conmoverme ha sido precisamente esa capacidad de encontrar profundidad en lo aparentemente pequeño. Un gesto, un recuerdo, una anécdota familiar convertida en algo muy sensorial, todo esto bastará para abrir un espacio de reflexión en el que es imposible no reconocerse. Mónica no fuerza las emociones; las deja respirar, y es el lector quien termina de completarlas. Hay mucho de lo no dicho, de esos silencios que pesan tanto como las palabras. Y he conectado muchísimo con esta lectura porque nunca he sentido que intentara dar respuestas.  En esa sensación tan humana de no saber del todo quiénes somos, de mirarnos con extrañeza y, aun así, seguir buscando. La identidad no aparece aquí como una certeza, sino como un camino, y quizá por eso me ha resultado  tan cercana.


La vida es vertical, el debut literario de Mónica Menargues Beneyte, es una obra breve —apenas 168 páginas que transitan con naturalidad entre la autobiografía, la novela y la ficción, sin necesidad de instalarse en un único género. A lo largo de 46 postales, la autora reconstruye el territorio de la infancia y la memoria a través de la huerta, la casa familiar, los vínculos con sus padres, su hermana y sus abuelos, su hijo, el descubrimiento del amor, la enfermedad, la pérdida y el paso del tiempo.

Pero reducir este libro a los temas que aborda sería quedarse solo en la superficie. Lo que verdaderamente lo distingue es su voz: una escritura fragmentaria que avanza por escenas y recuerdos, donde el humor convive con el extrañamiento, el lenguaje conserva un aliento poético sin dejar de ser cercano y el cuerpo se convierte en el lugar donde la memoria permanece cuando las palabras ya no alcanzan. Quizá por eso el título, La vida es vertical, resulte tan preciso: la vida no solo avanza hacia delante, también se hunde en nosotros, en capas cada vez más profundas de experiencia y de recuerdo y a veces pudiera parecerse a la escalada de una montaña,.

He terminado este libro con la sensación de haber leído algo profundamente honesto. Una obra que convierte lo cotidiano en materia literaria y que demuestra que las preguntas más íntimas —sobre la familia, la identidad, la memoria o la infancia— son también las más universales. Me ha gustado muchísimo.

"Yo soy dorada por delante y negra por detrás; en lugar de corazón tengo un racimo de frutos silvestres y mi cuerpo está hecho de hilos. Si tiran de alguno, me deshago."


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