[ Interludio ] Mayo #2 - Midaregumo, el orígen

 


Midaregumo / In the mood for love


Cuando vi In the Mood for Love allá por el año 2000 todavía no conocía el cine de Mikio Naruse. Durante años esa película quedó para mí suspendida en un lugar único: una historia donde el amor está intensamente presente, pero conscientemente renunciado por sus propios personajes. No reprimido por falta de sentimiento, sino contenido por una mezcla de presión social, ataduras domésticas, miedo, moral y melancolía. Los silencios, los pasillos estrechos, las repeticiones, la emoción retenida hasta el límite de lo soportable hacían pensar que Wong Kar-wai había encontrado una forma completamente nueva de filmar el deseo y la pérdida en pleno inicio del siglo XXI.

Algunos años después descubrí el cine de Naruse, y casi ninguna película me ha impresionado tanto como Midaregumo, la última que rodó en 1967. Y la sensación fue inmediata, casi física: estaba viendo el origen de In the Mood for Love. No una influencia superficial ni una coincidencia vaga, sino algo más profundo y difícil de explicar. Como si Wong Kar-wai hubiera recogido la atmósfera emocional de Midaregumo y la hubiera hecho reaparecer décadas después bajo otra luz, en otra ciudad y en otro tiempo,  

Nunca necesité pruebas para sentir que WKW estaba directamente influido por Midaregumo. Y quizá precisamente porque Wong Kar-wai nunca habló explícitamente de Naruse, la conexión resulta aún más fascinante. Las verdaderas influencias cinematográficas no siempre se anuncian; a veces sobreviven como ecos secretos, adheridos a una experiencia sensorial.



In the mood for love, 2000


Midaregumo,1967



Creo que mi intuición o mi experiencia sensorial al relacionarlas en su momento tiene sentido porque ambas películas comparten algo muy específico: una sensibilidad del amor imposible basada menos en la trama que en los espacios vacíos, los silencios y el tiempo suspendido,, una atmósfera paralela. Hay varios puntos donde la asociación resulta casi inevitable. En ambas películas el deseo está reprimido por códigos sociales y morales más fuertes que los personajes. El amor se expresa indirectamente: caminatas, encuentros repetidos, pausas, cartas, miradas laterales. Los espacios urbanos y domésticos generan encierro emocional. El tiempo parece circular, melancólico, como si los personajes estuvieran atrapados dentro de una emoción que nunca termina de resolverse. Y sobre todo: el sentimiento central no es la pasión, sino la imposibilidad, la renuncia consciente.



Midaregumo,1967


In the mood for love, 2000


En Naruse, especialmente en Midaregumo, hay además una tristeza moderna muy particular: personajes adultos, dañados por circunstancias irreversibles, que intentan mantener la compostura mientras todo emocionalmente ya se ha roto. Eso parece estar también completamente en el ADN de In the Mood for Love.

Visualmente también hay ecos evidentes: la fragmentación de los cuerpos en encuadres parciales, el uso de pasillos y marcos, la repetición ritual de movimientos cotidianos y la sensación de que el entorno oprime silenciosamente a los personajes. 

La diferencia quizá esté en el tono. Naruse filma con una austeridad devastadora. Su dolor es seco, inevitable, casi cruel en su contención. Wong Kar-wai, en cambio, estiliza y sensualiza esa misma melancolía: la vuelve música, color, humo, memoria embellecida. Pero la herida es la misma.



In the mood for love, 2000



Midaregumo, 1967


Lo fascinante es que muchas veces las influencias reales no son conscientes ni declaradas. Wong Kar-wai absorbía muchísimo cine japonés clásico; aunque nunca citara directamente a Naruse, resulta perfectamente plausible que Midaregumo hubiera quedado sedimentada en su sensibilidad cinematográfica, no es algo de lo que haya evidencia, pero no hace falta tenerla para ver la influencia.

Y quizá por eso Midaregumo sigue resultando tan moderna hoy. Vista ahora, parece adelantarse décadas al cine de la melancolía asiática contemporánea. El puente hacia In the Mood for Love aparece entonces de manera completamente natural, como si una película hubiera estado esperando silenciosamente dentro de la otra durante décadas



Midaregumo, 1967
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In the mood for love, 2000



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