[ Interludio ] Mayo #3 - Sebald y Setz: pensamiento como narración







"Desconfío de todas las historias que encajan demasiado bien.”
(Clemens J. Setz)

Habiendo terminado los ensayos de "Seis miniaturas sobre la verdad" de Clemens J Setz, he vuelto a pensar en W. G. Sebald y en el efecto que tuvo sobre mí cuando lo leí por primera vez. Más que una influencia concreta, recuerdo una especie de desplazamiento interno en la forma de escoger lecturas. Después de Sebald empecé a buscar libros donde la trama dejaba de ocupar el centro y lo importante pasaba a ser otra cosa: los movimientos laterales del pensamiento, las asociaciones involuntarias, la manera en que una observación mínima puede derivar hacia recuerdos, imágenes o ideas aparentemente inconexas. Descubrí que me interesaban más los libros que piensan que los libros que narran una trama.

En Sebald esa deriva mental adopta siempre una forma melancólica, casi atmosférica. La conciencia se mueve lentamente entre paisajes, fotografías, edificios, viajes en tren, nombres olvidados. Nada parece dirigirse hacia una conclusión clara; el sentido emerge precisamente de las conexiones imprevistas que aparecen entre fragmentos distantes. Leyéndolo tuve por primera vez la sensación de que la narración podía funcionar como funciona realmente la mente: no de manera lineal, sino asociativa. Pensamos por contigüidad, por resonancia, por pequeños choques entre imágenes.

Clemens J. Setz trabaja también desde ahí, aunque su sensibilidad es completamente distinta. Donde Sebald oscurece las cosas hasta volverlas espectrales, Setz las ilumina demasiado. Hay en Clemens J. Setz una atención obsesiva hacia los mecanismos de la percepción y hacia las pequeñas anomalías cognitivas que encontramos en la vida cotidiana. Sus ensayos avanzan como si cada idea abriera de inmediato una nueva bifurcación mental; y algo semejante ocurre también en sus novelas: aunque exista una trama reconocible, el pensamiento termina imponiéndose como verdadera fuerza organizadora del relato. Uno tiene la impresión de estar observando el pensamiento mientras todavía se está formando, antes de convertirse en argumento organizado.


Y creo que precisamente de ahí nace el tono del blog. Nunca me ha interesado demasiado la reseña entendida como evaluación cerrada de un libro. Me interesa más registrar qué tipo de movimiento mental produce una lectura, qué asociaciones activa, qué zonas de la percepción modifica temporalmente. Muchas veces empiezo escribiendo sobre un texto y termino pensando en otra cosa aparentemente lejana, pero que de algún modo ya estaba contenido en la lectura desde el principio. Por eso casi nunca me detengo demasiado en los datos biográficos de los autores ni en el contexto anecdótico de sus vidas: no porque carezcan de interés, sino porque rara vez ahí encuentro lo que verdaderamente me atrae de una obra. Los Interludios surgen de esa lógica: no buscan desarrollar una tesis ni contar una historia concreta, sino seguir el recorrido de una conciencia mientras conecta ideas, imágenes y obsesiones.

Y supongo que también por eso Setz y Sebald terminan apareciendo continuamente en el fondo del blog, incluso cuando no hable directamente de ellos. Ambos entendieron algo que me interesa cada vez más: que el pensamiento no acompaña a la narración, sino que puede convertirse él mismo en la narración.


“Solo gracias a mis lecturas nocturnas sigo siendo más o menos consciente de mi identidad.”

(W.G.Sebald)






Comentarios

Entradas populares de este blog

Ya nadie escribe cartas, de Jang Eun-jin

Aburridísima, de Izumi Suzuki

Indigno De Ser Humano, de Junji Ito (Adaptación de Osamu Dazai)