Viviane Élisabeth Fauville, de Julia Deck

 


🎶 Her & the River - Clann  🎶


"Él prosiguió: Viviane, entiéndeme, yo necesito aire. Y no te puedo dar lo que quieres, a lo mejor esperas demasiado de mi parte. Viviane, por favor, dí algo."


Continuando con este pequeño miniciclo de lecturas protagonizadas por mujeres al borde del desmoronamiento —que empecé con Peces de Eva Baltasar mientras avanzo también con Nido de Roisín O'Donnell— me encontré, casi por casualidad, con una autora que ha terminado siendo una auténtica revelación: Julia Deck. Y digo “casi” porque, de algún modo, Viviane Élisabeth Fauville parece dialogar perfectamente con esas otras lecturas donde la fragilidad emocional, la soledad y la tensión psicológica atraviesan cada página. Deck me ha sorprendido por una escritura seca, elegante y profundamente inquietante, capaz de combinar la ambigüedad moral y la tensión mental de Patricia Highsmith con la frialdad íntima y el extrañamiento emocional de Marguerite Duras. El resultado es una novela breve pero absorbente, donde la aparente normalidad cotidiana esconde una violencia silenciosa que nunca deja de crecer.

En Viviane Élisabeth Fauville, Julia Deck construye una novela breve y asfixiante donde el thriller psicológico se convierte en una exploración de la fragilidad mental y de las tensiones ocultas bajo la aparente normalidad burguesa. La historia sigue a Viviane, una mujer, emocionalmente exhausta por una reciente separación  y atrapada en la rutina opresiva de la maternidad, cuya estabilidad se quiebra aún más tras la misteriosa muerte de su psicoanalista. Sin embargo, el interés de la novela no reside tanto en resolver el crimen como en mostrar el progresivo desmoronamiento de la percepción y la dificultad de distinguir entre realidad, culpa y racionalización por parte de Viviane.  Lidiar con el abandono del marido y la maternidad asfixiante  en soledad la harán quizás quebrarse, eso siempre quedará a la imaginación del lector porque Julia Deck no se lo pondrá fácil.


"Luego o le ocurrió algo muy raro. Usted estaba por salir del apartamento, ya tenía la mano en el picaporte cuando un velo negro cayó sobre la habitación. De repente ya no era usted la que se iba de los lugares, eran los lugares los que giraban a su alrededor..."


Lo que más me llama la atención es  cómo Deck utiliza una inquietante segunda persona narrativa que introduce una constante sensación de vigilancia y extrañamiento, como si la protagonista estuviera observándose desde fuera o siendo juzgada por una conciencia fragmentada. Uno de los elementos más poderosos es el uso constante del “usted/tú” (segunda persona narrativa). La narración parece dirigirse a Viviane: “usted hace esto”, “usted piensa aquello”. Este procedimiento produce varios efectos simultáneos: crea distancia entre personaje y conciencia; sugiere disociación psicológica; convierte al lector en cómplice; y genera una sensación de vigilancia constante. La voz narrativa parece: a veces objetiva, a veces acusatoria, y a veces casi como una conciencia fragmentada, esto además se mezclará también con la primera persona de Viviane. 


"Él llegará tarde, como siempre, finalmente sus retrasos registran una tremenda puntualidad. Y sin embargo usted empieza la guardia a las tres en punto y se prepara para la decepción, casi la desea, porque de esa manera los acontecimientos obedecerán a la lógica de sus pronósticos."


En esta construcción psicológica veo una clara cercanía con Patricia Highsmith: el peligro no surge de grandes acontecimientos dramáticos, sino de la presión social, de la incomunicación y de la violencia silenciosa que habita en espacios cotidianos y perfectamente civilizados. Con una prosa minimalista, fría y precisa, atravesada por un humor negro muy sutil, Deck transforma escenas comunes —el metro, una conversación trivial, un trámite administrativo, un bebé completamente solo mientras su madre se ausenta durante horas— en focos de tensión y paranoia. El resultado es una novela incómoda e hipnótica sobre la identidad fragmentada, el agotamiento psicológico y la imposibilidad de sostener indefinidamente una apariencia de normalidad. 

Tengo que decir que no me he sentido muy cómoda con la traducción, pero así y todo me ha parecido una novela muy interesante en la que a veces me encontraba evocando la prosa  de Marguerite Duras, el título por ejemplo tiene una sonoridad muy cercana a ciertos títulos de Marguerite Duras: breve, elíptico, centrado en una figura femenina y con una especie de distancia emocional o misterio incorporado en la formulación. Duras usaba mucho ese tipo de títulos que parecen simples pero dejan una zona vacía alrededor del personaje,  incluso cuando el título es un nombre propio, nunca suena completamente descriptivo: parece más bien una presencia fragmentaria, alguien observado desde lejos, que es precisamente lo que proyecta esta novela de Julia Deck. Es muy “durasiano” en el ritmo y en la sugerencia.

Y mientras leo creo asociaciones, y Viviane Élisabeth Fauville terminó llevándome una y otra vez a Repulsion de Polanski. no tanto por los hechos que narra como por la experiencia mental que impone al lector. Igual que Carol en la película de Roman Polanski, Viviane atraviesa un desmoronamiento psicológico donde la percepción se agrieta y el mundo cotidiano adquiere una textura amenazante. Deck convierte esa fractura en estilo: frases cortantes, lógica errática, una voz que parece perseguirse a sí misma hasta vaciarse. Y ahí reside buena parte de la potencia de la novela: el estilo de Julia Deck, es la madre del cordero. Y ésta fue su primera novela, 2012. Tengo muchas curiosidad por seguir conociéndole..

La traducción es de Magalí Sequera.


"A veces nos mira como si nos conociera desde siempre, y nos parece que nos toma por otra. ¿O nosotras no somos la que pensamos ser? Tal vez."





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