[ Interludio ] Mayo #4 - De Sebald a Stendhal
Terminé Vértigo de Sebald con esa sensación rara que dejan algunos libros cuando no sabes muy bien qué ha pasado pero notas que la atmósfera sebaldiana se queda rondando. No es una novela que empuje hacia delante. Más bien te retiene: en los detalles, en las asociaciones inesperadas, en los desplazamientos físicos y mentales de W. G. Sebald por Italia, Austria o Alemania. Lo leí despacio, entrando y saliendo, a veces sin entender del todo por qué seguía tan dentro del libro, pero todo esto está en la crónica...
Y precisamente por eso no me sorprendió acabar inmediatamente en La cartuja de Parma porque Stendhal era una de las fuerzas motoras de Vértigo. Sobre el papel, no tienen mucho que ver. Sebald escribe desde la deriva, la digresión y la memoria; Stendhal, en cambio, tiene algo eléctrico. Todo se mueve. Los personajes desean con intensidad y las pasiones parecen exacerbadas, se equivocan, actúan antes de pensar, es como si una cámara de cine estuviera en medio de sus personajes y los siguiera creando una sensación de ritmo y caos al mismo tiempo. Después de la lentitud hipnótica de Vértigo, entrar en La cartuja de Parma fue casi un cambio de metabolismo como lectora, pero realmente una vez comenzada la novela de Stendhal entendí mucho mejor de donde venía Sebald. El reencuentro entre ambos de la primera sección de Vértigo, se convirtió en mi encuentro con Stendhal.
Pero cuánto más avanzaba, menos arbitrario me parecía el salto entre un libro y otro. En ambos hay personajes atravesando Italia y tratando de entender qué les está ocurriendo mientras avanzan, un desplazamiento que los hará fragmentarse y creará inestabilidad. En ambos hay una relación extraña entre experiencia y confusión: nadie termina de comprender del todo lo que vive en el momento en que lo vive. Sebald lo mira desde la memoria; Stendhal, desde el impulso inmediato. Quizá por eso llegar de uno al otro me resultó tan natural. Como si un libro hubiera dejado abierta una puerta que el siguiente simplemente cruzó.
Tal vez por eso este desvío hacia Stendhal no lo siento realmente como una interrupción de la lectura de Sebald, sino como una prolongación inesperada de ella. Como si Vértigo hubiera abierto un pasadizo lateral hacia otra tradición literaria y solo atravesándolo pudiera entender mejor aquello que en Sebald permanece siempre en movimiento: la relación incierta entre memoria, deseo e imaginación.
Hago este inciso/interludio durante la lectura de La cartuja de Parma porque, de algún modo, me ayuda a entender que quizá solo después de este desvío necesario puedo volver ahora a la novela con otra mirada: como si este interludio hubiera sido también la forma de comprender cómo Sebald me condujo lentamente hasta Stendhal, no por afinidad de estilo, sino por esa obsesión compartida por la memoria y las formas en que la imaginación transforma la experiencia vivida
Para Stendhal, el amor suele aparecer vivido siempre al límite, en Sebald, sobre todo en Vértigo aparece atravesado como una forma de irrealidad, pero en ambos casos queda la impresión que el amor solo puede sostenerse como ficción o memoria.
Este interludio, nunca mejor dicho, ha sido una pausa en mi lectura de La cartuja de Parma y continuo con ella entendiendo mucho mejor las conexiones entre Sebald y Stendhal, unas conexiones que aparecían perfectamente marcadas en Beyle o el extraño hecho del amor, contenido en Vértigo.
"Para que se entienda este plan de venganza, diré que en Milán, comarca muy alejada de la nuestra, la gente todavía se desespera por amor."
(La cartuja de Parma)


Ya sabes que tengo ciertos problemas con los clásicos. La cartuja de Parma es uno de ellos, lo pongo en su contexto y entiendo la importancia que tuvo, la pieza clave del realismo, la senda que siguieron otros muchos.. pero, eso, que me cuesta mucho entrar en esas novelas... no me lo tengas en cuenta ;)
ResponderEliminarLa verdad es q Stendhal me está sorprendiendo, es como si estuviera colocada una cámara ahí en medio y los siguiera, continuamente en movimiento, así es como estoy visualizando esta experiencia. Un poco caótico todo pero lleno de vida. Por ejemplo, la incursión del joven protagonista en la batalla de Waterloo, contaba yo por ahí, lo moderno que me parecía para la época, como lo coloca ahí con 17 años, en medio del caos y del combate sin visión global de lo que estaba pasando, son bastante flipantes los detalles. La verdad es que estoy bastante impresionada. Yo creo, y lo hemos hablado, que hay lecturas que se aprecian más con la edad, no es lo que parece Stendhal. Me tiene bastante enbaucada :)
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